"El Museo del Prado ampliará su presencia en Zamora con nuevas obras"

"Les hemos propuesto a otros centros que enriquezcan sus relatos con peticiones que, en la medida de lo posible, siempre se atenderán"

Celia Guilarte Calderón de la Barca, en una sala de la pinacoteca nacional.

Celia Guilarte Calderón de la Barca, en una sala de la pinacoteca nacional. / Museo del Prado

Natalia Sánchez

Natalia Sánchez

La zamorana Celia Guilarte Calderón de la Barca es la jefa de Relaciones Institucionales y Patrocinio del Museo del Prado, pinacoteca que, hasta finales de mes, exhibe una pieza de su colección en las dependencias del Museo Etnográfico de Castilla y León.

–¿Cómo surge el trasladar un cuadro de la pinacoteca nacional del Prado a Zamora?

–Este proyecto de «El arte que conecta» surge porque Telefónica, benefactora del Museo del Prado, celebra su centenario. Nos pidieron organizar de manera conjunta algo excepcional y quisimos recrear un proyecto que llevamos a cabo durante el bicentenario del Prado, que se llamó «De gira por España». «El arte que conecta» retoma esa misma idea que consiste en el préstamo de una obra de la colección del Museo, de pintores como Velázquez, Goya o Rubens, a una selección de capitales de provincia en toda España, haciendo gala de la vocación que tiene el Prado de ser un museo nacional. La sede histórica del Museo está en Madrid, pero a través de proyectos como éste, o el «El Prado extendido» o «El Prado en las calles» logra hacerse evidente en el resto de España.

–¿Por qué la ciudad de Zamora?

–Nos parecía que era un sitio que cumplía todas las características que nos exigíamos, porque no es el centro de la comunidad autónoma, es una ciudad de tamaño pequeño en la que no todo el mundo tiene la facilidad de trasladarse a Madrid para ver el museo. Un gran emblema de dónde queríamos llegar y a quiénes queríamos acercarnos.

–"La cita" de Goya se exhibe en el Museo Etnográfico de Castilla y León y no el Museo de Zamora, donde tienen varias piezas en depósito, ¿cuál es el motivo?

–Precisamente porque el Museo de Zamora ya participaba en el programa «Prado extendido» con sus 21 depósitos. Movidos por el afán de estar presentes en más museos y por el buen hacer de este en concreto en los últimos años, decidimos que fuera el Etnográfico.

–¿Qué criterio han seguido a la hora de asignar las obras a los centros expositivos?

–Las obras se han seleccionado siguiendo distintos criterios o guiños siempre que ha sido posible. Por ejemplo, en el caso de Avilés, se envió un Juan Carreño de Miranda, oriundo de allí. En otros casos el criterio ha sido temático, como la obra de Poussin, una escena que nos transporta a la Antigüedad Clásica, destinada a Mérida. En el caso de Zamora, la obra de «La cita» tiene la vertiente de tipo popular, de los majos que representa Goya, que encajaba muy bien con el espíritu del Etnográfico. De hecho, hay una circunstancia bonita que es cómo un cuadro que procedía de la colección real termina expuesto en un museo de etnografía. Las obras de arte son capaces de crear nuevas narrativas y establecer vínculos inesperados que enriquecen todavía más la visión del público en función del lugar donde se exponen.

"En la ciudad, se da una circunstancia bonita, un cuadro que procedía de las colección real, "La cita" de Goya, termina expuesto en un museo de etnografía"

–En Zamora el Prado cuenta con 38 piezas, la última obra en llegar fue la escultura "Nerón y Séneca" de Eduardo Barrón, repartidas entre varias instituciones.

–«El Prado extendido» con anterioridad se conoció como «El Prado disperso», pero arranca nada más nacer la institución en 1819. Desde el principio hubo que sacar obras fuera porque no todas cabían en el edificio histórico de Villanueva. El Museo del Prado nace como Museo Real de Pintura y Escultura en 1819, pero se fusiona con el Museo de la Trinidad en 1872, que era un centro nacional que tenía obras procedentes de la desamortización de Mendizábal. Cuando se nacionaliza el Museo del Prado en 1868 son dos museos nacionales, el de Trinidad y el del Prado. La coexistencia de dos museos nacionales no tenía sentido y las autoridades decidieron, mediante Real Decreto, fusionar ambas instituciones.

–¿Qué conllevó?

–La llegada masiva de obras al Prado. Hubo un gran trasvase a partir del año 1880 y se hicieron muchos depósitos fuera, sobre todo, de pintura del XIX y de colecciones que, en ese momento, no eran del gusto de la época. El origen del «Prado extendido» fue ese aluvión de depósitos que se hicieron a partir de finales del XIX. Ahora el director del Prado, Miguel Falomir, ha puesto en marcha un ambicioso plan que consiste en reorganizarlos y dotarles de visibilidad y de sentido. La adjudicación de depósitos se hacía en base a criterios de todo tipo, a veces sin demasiado éxito y como un ejercicio unidireccional. Se busca ahora mayor coherencia entre lo depositado y los depositarios.

–En esta revisión, ¿Zamora será receptora de alguna obra artística más?

–Sin duda, se va a ampliar la presencia del Prado en Zamora. En el Museo Etnográfico se va a realizar un depósito y se ha propuesto a otras instituciones participantes, como es el Museo de Zamora, que visibilicen las obras que tienen del Prado y enriquezcan sus relatos con nuevas peticiones que se estudiarán y, en la medida de lo posible, se atenderán. El Museo del Prado quiere que el público sea consciente de que este museo ya pone a su disposición muchas obras.

–Pero algunas de las obras en depósito no se exhiben.

–Estaba sucediendo en muchos museos cuando no había encaje con lo que recibieron en su día. Esta reorgarizacion hará que las obras que un centro no exponga se envíen a otro museo donde sí tengan cabida en el recorrido museológico. Se quiere mantener vivo el diálogo y la colaboración entre los museos receptores y el Museo del Prado.

La zamorana Celia Guilarte. | Museo del Prado

La zamorana funcionaria en el centro estatal. / Museo del Prado

–¿Este proyecto es sine die?

–Los depósitos son préstamos a largo plazo.

–Cultura ha dado a conocer hace unos días el inventario de las piezas que, aplicando la ley de la Memoria Democrática, tienen que volver a manos de sus titulares o herederos.

–Nosotros nos anticipamos. El Museo del Prado encargó un estudio a Arturo Colorado, el mayor experto en incautaciones y tráfico de obras en la Guerra Civil, quien en colaboración con el propio equipo de documentación del Prado, confeccionó un informe de obras envueltas en estas circunstancias. Se publicó y el Museo está a la espera de que jurídicamente se disponga de los mecanismos para su devolución. En ningún momento el Prado quiere retener obras que no le pertenezcan.

–¿Dentro de las obras en depósito hay alguna afectada por el cumplimiento de la normativa?

–A mí no me consta.

–Hace unos meses una de las pinturas del Museo del Prado que está en la Diputación Provincial sufrió una agresión.

–Era una de esas obras del XIX que salieron de Madrid. Creo que es un hecho puntual que no hay que valorar más que como una anécdota. Entristece que Zamora salga en los medios de comunicación por ese hecho y no por los demás bienes que custodia. Es algo puntual que nos lleva a relacionar la conservación con la necesaria exposición de las obras al público, como una manera de garantizar su vigilancia y protección.

–Usted es una zamorana conservadora de museos y entre el mucho arte que tiene la ciudad se encuentra el legado del escultor Baltasar Lobo. Por su conocimiento profesional, ¿dónde estima que debería de asentarse la colección?

–A nivel personal defiendo el emplazamiento del Castillo porque la convivencia que ya existe a día de hoy de las obras de Baltasar Lobo en un espacio cargado de significado como es el Castillo, lo hace especial y aúna fuerzas expresivas, frente a lugares asépticos.

–En su opinión, ¿sería un revulsivo para el casco histórico de la ciudad, que no atraviesa uno de sus mejores momentos?

–En el Prado no creemos en los fuegos de artificio, en lanzar iniciativas que llamen la atención momentáneamente y luego se olviden, o no sean viables. Somos más partidarios del lema “obra bien y te irá bien”. Se podría optar por un formato sencillo y dotado de sentido y decoro. En el momento en el que pones en marcha un proyecto sólido, acaba floreciendo. No se puede empezar planteando una operación de grandes alharacas, hay que hacer algo coherente y acorde a las dimensiones de Zamora y a los ritmos de la ciudad, contenido y elegante.

–¿Acorde también a las características de la colección?

–Baltasar Lobo representa la elegancia y la contención en las formas, pertenece a un tiempo de vanguardias importantísimo y es un artista de gran personalidad y con una historia personal muy valiosa. Su legado es muy completo, tiene dibujos, yesos y esculturas, y se conservan las obras que procedían de su taller. Lo primero que habría que hacer es exponerlo. Por otra parte, pienso que el zamorano es consciente de que tiene un maravilloso románico, unos tapices inigualables… entre otra riquezas, y que la queja, que deriva de una innata exigencia de mejora, debe ser constructiva.

La zamorana en una de las salas de pinturas del Museo del Prado.

La zamorana en una de las salas de pinturas del Museo del Prado. / Museo del Prado

–Un grupo de artistas, entre ellos Antonio Pedrero, tiene la reclamación, casi histórica, de un espacio para que los artistas locales, de antes y actuales, tengan una mayor visibilidad. ¿Qué le parece la solicitud?

–Todo lo que sea aumentar el patrimonio de Zamora es positivo. Tenemos la suerte de contar con pintores como Antonio Pedrero, quien está exponiendo ahora mismo en la ciudad. Los artistas contemporáneos son aquellos que mantienen vivos los museos. En Zamora a través de figuras como Antonio Pedrero percibimos de otra manera al Greco, a Goya o a Velázquez. Los pintores todos caminan sobre el trazado de otros pintores, todos se fijan en sus predecesores. Tenemos un reto con los conventos que se quedan vacíos, pero es un asunto que a mí no me compete. El Museo de Zamora también es el lugar idóneo para exponer a este grupo de artistas zamoranos.

"El patrimonio tiene sentido únicamente en la medida que la que lo reconoce la sociedad"

–La colección de tapices flamencos de la Catedral de Zamora es una joya.

–En el último mes he ido a verlos varias veces y el horario de apertura del Museo Catedralicio es muy amplio, lo cual me ha sorprendido para bien, por lo que la accesibilidad para el público a nivel de apertura, es total. Quizá deberían estar más anunciados y eché en falta alguna explicación en la propia sala más allá de la información que la audioguía proporciona. No obstante, la sala se queda un poco pequeña para su contemplación y también sería interesante mostrarlos en su conjunto. En el momento en el que se dé visibilidad a los tapices, que es algo que hay que hacer, llegarán las ayudas. La materia prima es buena, y cuando la base es buena, los proyectos que se le adjudiquen serán buenos.

–La Diócesis de Zamora ha puesto en marcha la Fundación ZamorArte que, entre otros trabajos, velará por la conservación de los bienes diocesanos y que pretende poner en marcha campañas de micromecenazgo, usted en su labor en el Prado tiene contacto con patrocinadores, ¿ve factible la implicación de la sociedad civil?

–El patrimonio tiene sentido solo en la medida que lo reconoce la sociedad. Quien le da valor al patrimonio es la sociedad. La implicación de la sociedad tiene que ser absoluta a través de los impuestos que paga y a través de contribuciones puntuales en las que se sienta implicada y se le haga partícipe. Nosotros adquirimos un cuadro de Simón Vouet en el bicentenario del Prado a través del micromecenazgo y también para dar la oportunidad a la sociedad de participar de manera activa en un proyecto que perdurara en el tiempo. Las dos cosas son compatibles, el apoyo de la financiación pública, que no debe faltar, pero también, la oportunidad de la sociedad de elegir qué quiere apoyar, y de ahí la importancia de que los proyectos que se le presenten estén a la altura.

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