Llegó saltando de un tejado a otro hasta colarse en el patio en el que estuvo media hora ideando cómo forzar la misma puerta que dos veces antes le permitió llevarse miles de euros. Esta vez se le resistió y buscó algún hueco por el que entra en el negocio de hostelería de la calle de Balorraz: la ventana parecía un objetivo fácil. Y así fue, aunque abandonó el bar seguramente decepcionado, sin botín porque el dueño ya había aprendido la lección y dejó pelada la máquina registradora.

La primera vez que el acusado, un zamorano de unos 40 años, puso el ojo en su pub “se llevó todo el cambio que tenía preparado para la Navidad”, robó miles de euros que estaban guardados para poder dar los cambios en esas fechas, “a primera hora de la noche viene la gente a primera hora con billetes de 50 o 20 euros y tienes que tener cambios”.

Lo curioso es que “fue directo a los cajones en los que yo los tenía ocultos, sospecho que había estado controlándome porque no revolvió más”. Conocía dónde estaba el dinero.

La segunda vez que sospechan que volvió a asalta el local de ocio nocturno el botín fue inferior, “fue más el destrozo de la puerta que otra cosa y de la máquina de cobrar, que tiene una pantalla táctil”, comenta el afectado. Esta tercera vez la suerte se le torció tanto que acabó la madrugada durmiendo en el calabozo de la Comisaría de Zamora.

Lo que le parecía un objetivo fácil se convirtió en una trampa de la que no pudo salir airoso. No contaba con que el dueño hubiera no solo reforzado la puerta del patio, sino instalado un equipo de cámaras conectadas directamente a su teléfono móvil para alertarle si había movimientos en el interior del local cuando estaba cerrado.

El acusado de dos robos y un intento de robo con fuerza, este tercer asalto, se encontraba en el interior del establecimiento buscando dinero cuando la Policía Nacional ya le pisaba los talones. Consiguió salir huyendo, pero no pudo auparse a ningún tejado para zafarse de los agentes que, aunque tuvieron que salir corriendo detrás de él, lograron darle alcance.

Esa “madrugada de caza” terminó esposado y durmiendo en el calabozo de la Comisaría de Zamora, donde fue interrogado. El hombre, al parecer toxicómano, salió de la cárcel de Topas hace apenas medio año y volvió a delinquir por una de las zonas de la capital que mejor conoce: entre Balborraz y la calle de los Herreros, donde otros hosteleros también sufrieron robos en sus negocios.