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José C. Vales Escritor y lingüista

“La lengua vale la pena estudiarla porque explica la vida de los hombres”

“El castellano está evolucionado muchísimo en Hispanoamérica con unas posibilidades de disgregación bastante notables”

El lingüista, traductor y escritor zamorano José C. Vales . | | CEDIDA

El lingüista y traductor zamorano José C. Vales que en su faceta de escritor ganó el Premio Nadal en 2015 con su segunda novela “Cabaret Biarritz”, debuta ahora en el mundo del ensayo con “Enseñar a hablar a un monstruo”, un singular viaje al origen del lenguaje, la evolución de las lenguas y el milagro de la escritura.

–¿Cómo se embarca en la confección de este ensayo?

–Surge a raíz de mis clases de lingüística teórica en la Escuela de Cine y en la Universidad Rey Juan Carlos. Es un texto pensado para los estudiantes, aunque cualquiera que esté interesado en las palabras y la lengua le resultará medianamente interesante.

–¿Hubo algún detonante para que iniciara el proyecto?

–Cuando estaba investigando para preparar las clases para mis alumnos sobre cómo nace la facultad sorprendente, extraña y estrafalaria de convertir las ideas en sonidos simbólicos y que eso represente ideas y que estas se puedan escribir en papiros reparé en tantísimos aspectos interesantes. Todo ese proceso de cómo empezó el lenguaje a la hora de explicárselo a los chicos me llevó a indagar en libros y en las teorías más novedosas. En aquella época estábamos encerrados en casa y comencé a escribirlo.

–El volumen está marcado por el humor y, sobre todo, por la ironía, un rasgo presente también en sus novelas.

–Es algo natural en mí. Me resulta imposible escribir sin divertirme y sin procurar que los demás se diviertan. Me parece imposible dedicar tanto tiempo y tanto esfuerzo a un libro o a una novela sin no te satisfaga plenamente. Yo podría estar trabajando horas con las etimologías de San Isidoro de Sevilla, que me parecen interesantísimas. Había un escritor inglés, C. S. Lewis, que decía que, a su juicio, la literatura debe entretener. Una explicación también muy antigua, pues Horacio también decía que la literatura tiene que ser útil y dulce. Yo cualquier cosa que hago relacionado con las letras incluso en la docencia, y creo que en cualquier aspecto de la vida, me parece que tiene ser amable, entretenido y si, de paso, el lector puede aprender algo, mejor que mejor. Aprender no tiene que ser un rollo.

–En el libro habla de Marilyn Monroe, de Frankenstein, cuya novela usted ha traducido tiempo atrás, de la torre de Babel...

–Hago un repaso que, a veces, puede ser fragmentario, pero desde el hecho de Marilyn, el monstruo de Frankenstein de Mary Shelley intentando hablar al proceso de disolución de las lenguas en Babel, entre otros contenidos, van dirigidos a intentar explicar el proceso asombroso que constituye la parte esencia del ser humano, esta capacidad estrafalaria de comunicarnos unos con otros, lo cual no quiere decir que nos entendamos. (Risas). El dicho tan castizo de que de que hablando se entiende la gente, hablamos y nos decimos cosas constantemente, pero no significa que nos entendamos. De hecho, los neurolingüistas dicen que cuando nos comunicamos, nosotros emitimos un porcentaje mínimo de lo que estamos pensando y tenemos que confiar en que el receptor, el oyente, complete el mensaje para más o menos entendernos.

–En el ensayo realiza un recorrido por siglos de historia, pero ¿qué criterio ha seguido a la hora de efectuar la criba de los contenidos a incluir?

–En parte he intentado rescatar teorías y pensadores que han caído en el olvido, pero obligadamente he tenido que pasar por las teorías más relevantes. A mí me encanta Pedro Mexía o el padre Feijoo, pero siempre hay que rendirse a aquellos que tan tenido mucho predicamento en la lingüística como Saussure o Martinet, pero los utilizo de una manera que resulta amena para un lector no especializado.

He intentado rescatar teorías y pensadores que han caído en el olvido, pero obligadamente he tenido que pasar por las teorías más relevantes

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–¿Qué ha sido lo más complicado de esta empresa?

–En parte ceñirme a este programa y no ponerme demasiado estupendo con la filología (risas). Los que nos dedicamos a este ámbito tendemos a elevar un poco el nivel para los compañeros profesores y para los compañeros filólogos. No obstante, este no ha sido el caso, pues siempre he tenido en mente a la hora de escribir a los jóvenes a los que les doy clase, que quiero que me comprendan y me entiendan.

–En sus publicaciones, siempre que puede, efectúa algún guiño a su tierra natal, a Zamora, y en este libro no ha dejado pasar la oportunidad de hacerlo con menciones al río Valderaduey o a Tábara, por ejemplo.

–Siempre me hace gracia cuando en el repaso de los libros aparece mi tierra y lo pongo. También menciono Valorio que es una redundancia porque en vasco “orio” significa valle.

–Alude al vasco y recientemente se ha localizado el primer ejemplo de esta escritura.

–Este tipo de hallazgos son importantísimos. Ahora tienen que determinar qué significa cada uno de los signos. El estudio de estos descubrimientos requiere de mucho tiempo y no siempre sabemos o averiguamos el final de la historia. De hecho, no sabemos qué lengua se hablaba en el mundo prerromano. Sospechamos que era una mezcla de una antigua forma del euskera mezclada, probablemente con sintaxis íbera y con restos célticos. Es muy complejo de determinar y como el resto de las lenguas perdidas resulta muy complicado dar con su estructura real.

–Habla de lenguas perdidas y en uno de los capítulos alude a la futura pérdida de lenguas por la globalización y la extensión del inglés y del castellano, una expansión que afirma que conllevará la extinción de decenas de lenguas ahora vivas.

–En los milenios posteriores a las grandes migraciones humanas había unas 7.000 lenguas en todo el mundo, que curiosamente en la cifra de lenguas que existen, aproximadamente, en estos momentos. Todas esas lenguas han ido cambiando y evolucionado, como le sucede al latín, que no haya muerto sino que se ha transformado en muchísimas otras como el francés, el castellano, el catalán, el rumano... Todas las lenguas son perfectas en todos los momentos, porque en cualquier momento, aunque estén en plena evolución, sirven para comunicarse, pero es verdad que también están modo evolutivo.

En los milenios posteriores a las grandes migraciones humanas había unas 7.000 lenguas en todo el mundo, que curiosamente en la cifra de lenguas que existen, aproximadamente, en estos momentos

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–¿Qué opina de la evolución que se está experimentado actualmente el castellano?

–El castellano está evolucionado muchísimo en Hispanoamérica con unas posibilidades de disgregación bastante notables. Los académicos dicen que no corre peligro en Hispanoamérica, pero yo aprecio cada vez hay más diferencia entre un español de Huesca o de Logroño y un español de Quito o de Medellín o incluso de Texas y de Miami, pues asumen muchos términos que asumen como castellanos tomados de otros idiomas. Como filólogo no hago juicios sobre la evolución de las lenguas, sino que observo, apunto y se lo explico a mis alumnos. Los juicios morales sobre las lenguas, se los dejo a otros. Todas son perfectas porque nos sirven para comunicarnos y la lengua vale la pena estudiarla porque forma parte de la vida y explica la vida de los hombres, forma parte de lo más íntimo de nosotros.

–Y ¿por eso usted la analiza?

–Yo hago lo que puedo (risas). Yo soy un pequeño filólogo, no tengo más pretensiones que estudiarlo y comunicarlo a mis alumnos, con lo que disfruto muchísimo.

–El ensayo concluye con un desglose capítulo por capítulo de la bibliografía consultada. ¿Por qué lo hace?

–Tenemos que facilitar que la bibliografía y las notas posibiliten la búsqueda y consulta de las referencias. A mí me gustan más las notas a pie de página, pero cada vez es frecuente situarlas al final.

–¿Volverá a escribir un ensayo?

–Probablemente sobre lo haga sobre literatura, pero desde el punto de vista de la historia. No obstante, mi agente (literario) me pide que escriba una novela (risas). Cada vez me gusta más estudiar, lo que nunca imaginaría que sucedería cuando tenía 18 años. Alimentar estos complejos laberintos del conocimiento me resulta cada vez más interesante. Ahora estoy traduciendo mucho ensayo político. La Esfera ha publicado “El arte clásico”, Mary Beard y John Henderson, y también ha visto la luz un compendio de ensayos sobre el mundo helenístico en la misma editorial. También hago traducciones de novelas gráficas juveniles, lo que me divierte muchísimo.

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