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Álvaro Periáñez | Orientador, miembro de Disfam Zamora
Álvaro Periáñez Orientador, miembro de Disfam Zamora

“Hay chicos que han pasado curso con esfuerzo y sacrificio”

“La ortografía, la comprensión lectora o una lectura muy lenta, sin fluidez, hacen saltar las alarmas sobre un caso de dislexia”

El orientador Álvaro Periáñez, en el periódico. | José Luis Fernández

El orientador Álvaro Periáñez será uno de los expertos que desde este viernes analizará el papel que la educación juega en la detección y el tratamiento de la dislexia, dentro de las jornadas organizadas por la asociación Disfam Zamora en el Teatro Ramos Carrión.

–Es el encargado de arrancar estas jornadas con una conferencia sobre “Atención a las dificultades específicas de aprendizaje en los centros escolares”. ¿Cuáles son?

–Se trata de una parte de todas esas necesidades específicas de apoyo educativo que podemos encontrar en los centros, desde discapacidades hasta altas capacidades o alumnos con necesidades de compensación educativa, porque vienen de otro país y no conocen el idioma. No tiene nada que ver trabajar con unos u otros alumnos. Dentro de ellas están las necesidades específicas de aprendizaje, donde se encuentra la dislexia.

–¿Están los profesores preparados para afrontar esta variedad de situaciones en el aula?

–Entre los profesores hay tanta diversidad como entre los alumnos. Hay docentes que están muy preparados, con una gran experiencia y estudios, mientras que a otros compañeros les queda más lejos. Ahí es donde entramos los orientadores, para asesorar, resolver dudas y guiar sobre la manera de actuar.

–¿Cuál es la misión del orientador en un centro educativo?

–Nuestras funciones son muy variadas, desde dar clase hasta asesorar a los compañeros o hacer valoraciones piscopedagógicas. De hecho, el primer paso para que poder recibir ayuda especializada en el centro es que nosotros valoremos al alumno. Pero antes, los profesores habrán dado una respuesta ordinaria dentro del aula. Nosotros somos una intervención un poco más especializada. Además, en los institutos también nos encargamos de la orientación académica y profesional y de la acción tutorial.

–¿En qué momento se les deriva a un alumno?

–Cuando el profesorado detecta alguna necesidad más específica. Por ejemplo, si un niño no ve, lo sienta delante y no necesita nuestra ayuda, pero cuando hay temas que no pueden afrontar es cuando nos hacen una derivación.

–¿Cuáles son las principales dificultades en el día a día para atender a estos alumnos?

–Hay tanto dificultades como oportunidades. Sobre todo, hay barreras administrativas, porque trabajamos siempre con la legislación educativa en la mano y a menudo es poco flexible. Los profesores se quejan del exceso de burocracia también, además de falta de tiempo, recursos e incluso espacios. Pero hay que adaptarse a lo que hay. También tenemos dificultades con la poca compresión de algunos sectores de la comunidad educativa, pero se trata de ser resolutivos y tratar de dar respuestas que sirvan.

La legislación hace hincapié en la prevención y luego, en detección y actuación temprana.

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–En el tema de la dislexia, ¿cuándo se puede detectar?

–Uno de los puntos clave es el momento de empezar a escribir y a leer para detectar dificultades específicas, en los comienzos de Primaria. Pero también es verdad que hay chicos con dificultades que han ido pasando curso con mucho esfuerzo y sacrificio, con ayuda de familia y profesores, y no se les ha detectado hasta Secundaria o incluso en la universidad.

–¿Cuáles pueden ser esas señales de alerta?

–En la ortografía, la compresión lectora o una lectura muy lenta, sin fluidez. Ahí es donde saltan las alarmas, sobre todo cuando ya están en cursos superiores.

–¿Es fundamental diagnosticarlo cuanto antes?

–En esto hace hincapié la legislación. Primero, en la prevención y luego, en detección y actuación temprana.

Una de las funciones exclusivas del orientador es la evaluación psicopedagógica

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–¿Qué protocolo se sigue una vez diagnosticado?

–El primer paso es que el profesor, normalmente el tutor de Primaria, pone en marcha las medidas ordinarias. A veces lo hacen sin ser conscientes, como a través de la acción tutorial o hablando con las familias, que dan mucha información. Si es no es suficiente, se hace la derivación a los servicios de orientación y ahí es donde entra una de las funciones exclusivas del orientador, la evaluación psicopedagógica a través de distintas técnicas, para ver si es una dificultad específica de aprendizaje o se puede deber a otros factores. De ahí se propone una atención más especializada y entran otros profesionales, como los maestros de pedagogía terapéutica o de audición y lenguaje, que son nuestras manos. Ellos ofrecen pautas más concretas al profesorado sobre cómo actuar, aunque cada persona es un mundo.

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