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Mapa: Zamora capta nuevos habitantes en la pandemia, pero mantiene un gran lastre

La provincia logró un saldo residencial positivo en 2020 y 2021, una noticia opacada por una mortalidad que cuadruplica a la natalidad

Varios grupos de personas caminan por Puebla de Sanabria. | A. S.

El Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico reveló este domingo que, en el año 2020, casi tres de cada cuatro municipios menores de 5.000 habitantes atrajeron más población de la que se marchó hacia otros territorios. En 2021, esa tendencia se prolongó, aunque afectó solamente a un 62% de los ayuntamientos de este tamaño. La pandemia generó un efecto llamada hacia los pueblos que se percibió en las comarcas y que ahora se ve en los datos. También sucedió así en Zamora, donde 164 de sus 248 municipios, un 66%, tuvieron más altas que bajas de empadronamiento entre los dos cursos citados.

La provincia en general ganó 984 habitantes por esta vía en los dos años marcados por los efectos del COVID, y rompió una racha de una década de más salidas que entradas en los padrones municipales. Lo que ocurre es que esa mejoría resulta claramente insuficiente para compensar el saldo vegetativo de Zamora. Es decir, la diferencia entre las personas que nacen y las que mueren. En los dos años de pandemia, hubo 1.500 alumbramientos y 5.837 decesos.

Muchas más muertes que nacimientos

Eso quiere decir que los fallecimientos casi cuadruplicaron a los partos en la provincia a lo largo de los dos últimos años, una circunstancia que provocó que la pérdida acumulada de habitantes entre 2020 y 2021 alcanzara los 3.353 vecinos, aún teniendo en cuenta el saldo residencial.

Zamora paga aquí las consecuencias de ser el territorio más envejecido de España, con apenas una cuarta parte de su población entre los 20 y los 45 años y prácticamente un tercio por encima de los 65. Esa estructura dificulta claramente cualquier amago de florecer demográfico, especialmente en determinadas localidades donde las personas en edad de jubilación superan el 60% del total.

El caso de Fermoselle

De hecho, de los 164 municipios que lograron más altas que bajas en el número de empadronados, tan solo 30 crecieron en número de habitantes en los dos últimos años. El 81% restante vio opacado ese impulso por la cruda realidad del saldo vegetativo. Por citar algún ejemplo llamativo, Fermoselle perdió 70 vecinos en estos dos ejercicios marcados por el coronavirus, a pesar de que el saldo residencial le había reportado un crecimiento de cinco personas.

En cuanto a los municipios que más vecinos recibieron procedentes de otros territorios, ya sean de la propia provincia o de ayuntamientos ubicados en otros lugares, un buen número de ellos se sitúa en la órbita de la capital. Así ocurre con el principal beneficiado por ese trasvase de individuos, que es Morales del Vino, con 88 empadronados más. A continuación aparecen Roales (63), Corrales del Vino (49), Moraleja del Vino (48), Toro y Villarrín de Campos (45), Coreses (43), Tábara (40), Hermisende (38) y Monfarracinos (36).

Entre ellos, a pesar de este movimiento favorable, Corrales, Toro y Hermisende perdieron población en los dos últimos ejercicios. Los otros siete sí aprovecharon esta circunstancia para ver crecer su capital humano, al contrario de lo que sucedió en los dos grandes ayuntamientos de la provincia. Zamora capital perdió 416 de los 1.109 habitantes que se esfumaron de la ciudad en este periodo por culpa del saldo residencial, mientras que Benavente vio cómo se le escapaban 130 hombres y mujeres por el mismo motivo.

Problemas en Zamora y Benavente

De hecho, los dos ayuntamientos principales fueron los que más notaron este descenso poblacional por culpa del saldo residencial, lo que refuerza la teoría de que fueron los pueblos pequeños los que atrajeron a los nuevos vecinos ante los problemas generados por la pandemia en las ciudades. También perdieron más de una quincena de habitantes por la citada causa otros municipios como Villabuena del Puente, Villavendimio, Figueruela de Arriba o Requejo.

En cuanto a la edad de la población que llegó a la provincia en estos dos años, es cierto que la estadística muestra un reparto más o menos equitativo entre los grupos etarios, aunque existen determinados casos donde los mayores de 65 son mayoría. En muchos municipios zamoranos, el empadronamiento llega cuando la jubilación facilita el regreso de las personas a su tierra de origen.

Con todo, el hecho de que el saldo residencial haya sido positivo en los dos últimos ejercicios abre una vía a la esperanza y, sobre todo, permite frenar el avance de la despoblación en un territorio que habría perdido casi mil habitantes más en 2020 y 2021 de no ser por los nuevos empadronamientos.

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