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La Opinión de Zamora

30 años después de las medallas, la lluvia y Mecano

El 8 de agosto de 1992, en plena euforia olímpica, más de 14.000 personas disfrutaron del mayor concierto de pago celebrado en la ciudad

Varias imágenes de archivo del montaje del concierto en el Ramiro Ledesma. | L. O. Z.

El 8 de agosto de 1992 llovió en Zamora. Llovió mucho. Mientras Fermín Cacho abría los brazos victorioso en uno de los momentos más recordados de los Juegos Olímpicos de Barcelona y Kiko marcaba el gol que le dio otro Oro a España en fútbol, los organizadores del mayor concierto de pago que se ha organizado jamás en la ciudad trataban de salvar el espectáculo a pesar del inesperado frío agostizo y del agua incesante. Hubo momentos de zozobra y un retraso de varias horas, pero Ana Torroja y los hermanos Cano subieron al escenario. Ocurrió tal día como hoy hace 30 años, y Mecano acabó por tocar entre la tiritona y la euforia de quienes lo vivieron.

30 años desde las medallas, la lluvia y Mecano

Las condiciones, el contexto olímpico, la espera y el nivel del conjunto convierten este concierto en un evento inolvidable. ¿Pero cómo llegó un grupo así a Zamora? “En pleno año 92, quisimos traer a la ciudad algún acontecimiento importante, que tuviera repercusión”, explica el entonces concejal de Juventud, Félix Rodríguez. Las gestiones de sus compañeros en el Ayuntamiento, Francisco Villaverde y Andrea Ramos, terminaron por dar sus frutos, previo pago de 14 millones de pesetas (84.000 euros). Un buen pico para la época.

"Fue el concierto de pago más grande que ha habido en Zamora, con diferencia”

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La previsible demanda llevó a los responsables municipales a elegir como recinto el Ramiro Ledesma, que acogió su último gran evento antes de convertirse en la actual Ciudad Deportiva: “Eso permitió que fuera el concierto de pago más grande que ha habido en Zamora, con diferencia”, asegura Rodríguez, que habla incluso de 17.000 asistentes, aunque las crónicas de la época lo dejan en 14.000. Por anticipado, la entrada costó 1.500 pesetas; en taquilla, 2.000. Es decir, entre 9 y 12 euros.

El riesgo de suspensión

La expectación era máxima y la ilusión palpable cuando llegó el concierto. Pero apareció la lluvia: “Estuvo a punto de suspenderse, porque había muchos riesgos, pero conseguimos que tocaran”, rememora Rodríguez. Eso sí, tarde. El inicio estaba previsto para las once de la noche, y se demoró hasta las dos de la mañana: “Todos pasamos frío y la hierba estaba empapada”, reconoce el entonces concejal, aunque sí reivindica el gran esfuerzo organizativo para dar gusto al público asistente.

Entre aquella masa de miles de personas estaba aquel día un adolescente llamado David Artime. En 1992, este zamorano apenas tenía quince años, pero pasaba ya por ser uno de los mayores fans de cuantos se hallaban en el Ramiro Ledesma. De hecho, guarda recuerdos vívidos de la época, y también un documento de sonido que le hizo llegar “un amigo de un amigo”, y que hace unos años compartió con Canal Mecano, un colectivo dedicado a recordar al grupo.

La grabación de audio en Youtube

La pieza es una grabación de la hora y media inicial del concierto de Mecano en Zamora. “Se hizo con una grabadora y con una ‘cinta cassette’ que duraba 90 minutos. Quien lo grabó, tenía un amigo que llevaba la otra cinta para hacer el resto, pero se perdieron de vista en la entrada y solo está la mitad”, explica Artime. Más tarde, él mismo remasterizó un sonido que ahora se puede escuchar en Youtube.

Más allá de eso, Artime atesora recuerdos en forma de datos de lo que fue aquel día. Por ejemplo, destaca que los componentes del grupo se alojaron en la Hostería Real y que “se decía que Nacho Cano salió a correr por el río” aquella misma jornada. También tiene presentes sus nervios al pensar en una posible suspensión, el viaje vespertino en balde a ver unas pruebas de sonido que no se pudieron celebrar y el embudo y la espera que sufrieron antes de que comenzara el que fue el segundo concierto de la gira veraniega del 92.

Los componentes del grupo se alojaron en la Hostería Real y que “se decía que Nacho Cano salió a correr por el río” aquella misma jornada

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“Recuerdo que entonces estaban de moda los plumíferos de Roc Neige para el invierno y que mucha gente los llevaba ese día de agosto”, narra Artime, que vio además cómo Nacho y José María Cano agarraban botellas de agua caliente para evitar que los dedos se les quedaran agarrotados a la hora de tocar la guitarra: “Tengo guardada una entrevista en la que el propio José María responde a la pregunta de si iban a echar de menos los conciertos, y dice que cuando estuviera en las Seychelles se iba a acordar del frío de los cojones que pasó en Zamora”, apunta el fan de Mecano.

Lía, un tema único

Más allá de eso, el concierto se prolongó durante prácticamente tres horas, para preocupación de algunos padres que esperaban en casa a sus hijos varias horas antes. Algunos accedieron al recinto para ver el último tramo de una actuación especial por la presencia de temas como Lía, que apenas se escuchó en otras plazas, o por el mix de canciones antiguas que escogió Mecano, una combinación que no les convenció y que se modificó para el resto de la gira.

Aquel tour veraniego se convirtió en el punto y final para el grupo, que transitó enseguida del fenómeno fan de masas a la categoría de mito. Desde entonces, Zamora ha recibido a muchos artistas en distintos escenarios, pero no ha vivido nada comparable: “Yo echo de menos que la ciudad celebre eventos de esta magnitud”, apunta Rodríguez, nostálgico de aquellos tiempos pasados; de un agosto de 1992 con medallas, añorados días de frío y lluvia y Mecano en el Ramiro Ledesma.

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