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La Opinión de Zamora

El buen ajo de una Feria encogida en Zamora

Las Tres Cruces recuperan la tradición de San Pedro, con un producto, incluidas las cebollas, un poquito más caro, pocos agricultores y buenas ventas

Las ristras fueron entrando en las bolsas desde primera hora de la mañana, nada más abrirse la feria. EMILIO FRAILE

Volvieron los ajos a las Tres Cruces en una Feria que recuperaba la normalidad, aunque fuera la más corta de la historia, con tan solo 87 puestos que cabían entre la Amargura y Regimiento de Toledo. Y se recuperó el ritual: los zamoranos acudieron en buen número a por las ristras, regateando si se terciaba, pero sin quejas por el pequeño aumento de precios de un producto de primera calidad al que se añade también la cebolla dulce. Auténticos manjares de una tierra que regresaban a San Pedro tras dos años en los que solo se pudo improvisar una suerte de mercadillo en Ifeza.

Olor a ajo, carros y bolsas con ristras asomando, ambientación de música tradicional en los altavoces (“Zamoranita, qué guapa eres”) del camión escenario donde Caja Rural regalaba abanicos de cartón, montones de ajos y cebollas bajo los cenadores verdes, bailarines del Grupo de Danzas doña Urraca, y sobre todo mucha gente acudiendo a proveerse del aditivo culinario para todo el año. La Feria del Ajo volvía, aunque con achaques tras una dura pandemia.

El organizador, Óscar Rojo, responsable del departamento agrario de Caja Rural valoraba “muy positivamente el hecho de volver a la normalidad poco a poco y volver toda vez a retomar la costumbre de la feria que esperamos que no se pierda y vuelva a ir a más”. Este año se ha acortado el tramo de avenida y suprimido la fila central, por falta de productores: Si en el futuro vuelven, se ampliará la Feria sin problemas. Nosotros, desde luego, apostamos por seguir manteniendo la Feria, y cuanto más grande, mejor”.

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“Hay buena calidad debido a que ha hecho mucho calor y ha secado bien el ajo. Los precios se están manteniendo, algunos un euro más. Hay huecos, pero nos habían avisado, porque habían vendido todo en las tierras, antes de venir. Este año han venido menos porque lo venden a la industria directamente y se ahorran la elaboración de las ristras, que es mucha labor. Los huecos nos habían avisado que no acudían porque habían vendido todo en las tierras antes de venir. Lo venden a la industria directamente porque se ahorran la elaboración de las ristras, que es mucha labor”, opinaba Rojo.

Efectivamente los precios han subido un poquito, pero los ajos gordos se pueden conseguir sin problemas a ocho euros y se encuentran también más baratos, a seis o incluso a cinco. Las cebollas, a dos euros la manada. “La venta va regular. Quizá viene menos gente por las inspecciones de Trabajo. El trenzado de las ristras es una labor familiar y con ayuda de los vecinos, porque si hay que contratar obreros no sale a cuenta”, explicaba Alfonso, de El Maderal, quien garantiza la calidad del producto: “Ha secado bien este año”. Del mismo pueblo, Ángel vendía sus ristras entre seis y ocho euros. No tenía tan clara la razón por la cual ha venido menos productor a San Pedro, aunque por su parte, asegura que va a continuar viniendo, como ha hecho durante muchos años. Es una tradición que le gusta conservar y le compensa. Tampoco estaba descontento con el arranque de la feria, que prometía.

Rafael Santiago, de Valcabado, trae sobre todo cebollas. “Las tengo a dos euros, pero meto una más, cuatro cebollas, con lo cual el precio más o menos se mantiene”. La cebolla de San Pedro, espectacular por su sabor y su frescura: “además es buena para el riñón”. Lo fundamental, “que no pique”.

Inauguración

Y mientras ajeros y ciudadanos iban a lo suyo las autoridades cortaban la cinta inaugural en la portada principal de la Feria, situada a la altura de La Amargura. Allí estaban presidente y director general de la Caja Rural, Nicanor Santos y Cipriano García, junto a las autoridades (fallaron las autonómicas).

El alcalde, Francisco Guarido, expresaba su alegría por poder retomar las ferias tradicionales, por lo que supone de superación de la pandemia y “porque ayuda al campo, a los negocios de los agricultores y en alguna medida y es recuperar también el pasado”. El campo y el mundo rural “necesitan más apoyo que nunca”.

Jesús María Prada, vicepresidente segundo de la Diputación también mostró su satisfacción por la recuperación de la feria, además de poner en valor la alternativa de Ifeza durante los años de pandemia para que los ajeros pudieran dar salida al producto. “Este año por la incertidumbre hay menos puestos de los habituales, pero seguirán aumentado en un futuro”, dijo Prada, quien destacó el trabajo del grupo de acción local Torguvi (Toro, Guareña y Vino) para “conseguir una marca de garantía para el ajo de nuestra tierra. Puede ser un marchamo de calidad que nos posicione en un mercado cada vez más competitivo con más problemas por el ajo chino y de otros mercados internacionales y que atraiga también a los consumidores nacionales”.

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