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La Opinión de Zamora

Medio siglo al frente del asilo de Zamora

Doce religiosas integran la comunidad de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, que cumple 50 años de trabajo en la ciudad

La comunidad de religiosas de la residencia Reina de la Paz. | José Luis Fernández

Las Hermanitas de los Ancianos Desamparados llevan 50 primaveras arraigadas en la ciudad, pero su llegada “que no fue nada fácil”, sintetiza la actual madre superiora Edisa González Fernández.

Tres religiosas. | Jose Luis Fernández

Las religiosas recalaron en la capital cuando las monjas que regentaban la Casa de los pobres en la calle de San Pablo decidieron abandonar la ciudad. En esos momentos la Diócesis de Zamora carecía de obispo y cuando Ramón Buxarrais tomó posesión se comprometió a encontrar una congregación que se hiciera cargo de los ancianos. El prelado contactó con la responsable provincial y con la madre general de la orden, que se hallaba en una visita canónica a las casas de América. A su vuelta le solicitó con insistencia que la orden se hiciera cargo de la casa de los mayores zamoranos, aceptando finalmente su propuesta.

Un escollo estaba salvado, pero aparecía otro. Y es que al irse las Hermanitas de los Pobres el inmueble que ocupaban pasaría a los herederos. Tras muchas negociaciones, los propietarios permitieron que la nueva comunidad viviera con los ancianos en el edificio como mucho tres años. En el horizonte urgía la construcción de un nuevo edificio.

Una de las religiosas que vivió la situación fue Sor María Carrera, quien contaba entones con 36 años. Medio siglo más tarde recuerda que “llegamos un lunes y el miércoles se fueron ellas (las Hermanitas de los pobres) y nos quedamos nosotras. En esos momentos había en la casa unos 90 ancianos, lo pasamos mal porque las siete religiosas que vinimos no conocíamos nada ni a nadie”. Al año y “gracias a Buxarrai” se puso la primera piedra de nuevo edificio”, el que ocupan actualmente, y “se avanzó con muchas dificultades porque no había de esto”, menciona haciendo el gesto de dinero con sus dedos.

La octogenaria leonesa describe que “íbamos a los Nuevos Ministerios a Madrid y como no teníamos para responder en Zamora, las casas de la provincia nos avalaron y nos dieron el dinero necesario para ponernos en marcha”. Finalmente, en el año 1976 llegó el momento del traslado “con la casa todavía por acabar”. “Fue en noviembre y nos ayudaron tanto Cruz Roja como los soldados ”, menciona la religiosa que pese a su edad sigue ayudando en la lavandería.

Sor Marta Andrés, natural de Ferreras de Arriba J. L. F.

La comunidad, que ha llegado a contar con 17 hermanas, ahora la integran doce religiosas (Argimina Herrero, Consuelo Rodríguez, Ernestina Gil, María Carrera, Ana García, Irene González, María Andrés, María Carmen Revuelta, Ana María Rodríguez, Sandra Torres, Nilda Aparco y Edisa González) de edades comprendidas entre los 89 y los 26 años que combinan a lo largo de su día distintos cometidos, desde la cocina hasta la atención de los residentes, con múltiples momentos de oración.

La superiora acompañada de Sor María Carrera J. L. F.

“Hemos tenido que pedir puerta a puerta cuando los ancianos no recibían pensión. Antes nos arreglábamos solo las religiosas porque había muchas más hermanas jóvenes, los ancianos venían más jóvenes y las exigencias eran otras. Ahora tenemos también trabajadoras contratadas. La sociedad y las circunstancias han cambiado y hemos tenido que cambiar para ayudar a los ancianos más desfavorecidos”, atestigua la superiora.

La orden, que cuenta con 103 casas y 1.200 religiosas en España y 2.500 en el mundo, capea la crisis de vocaciones. “Lo que se han planteando los superiores mayores es el cierre de casas pequeñas o de patronato donde no se pueden hacer obras de adecuación”, comenta Edisa González, peruana que asumió en marzo del pasado año la dirección de la comunidad.

Uno de los momentos más duros lo representa la irrupción en el centro del COVID. “Estábamos solo dos hermanas activas, las demás aisladas y fallecieron 27 ancianos. Lo pasamos realmente mal” explican.

Con el virus todavía en la mente, la conmemoración se ha visto bastante limitada. “El año pasado pensamos hacer algo para celebrarlo, pero las circunstancias de la pandemia todavía nos condicionan y hemos optado por no hacer una actividad extra salvo una misa de acción de gracias y una comida especial”, indica Edisa González, quien señala como una de las fechas de mayor alegría el 26 de julio, que celebran el Día de los Abuelos, y confiesa que en “Zamora he notado una gran cercanía de la gente que me ha ayudado mucho y mucho cariño hacia la comunidad”.

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