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La Opinión de Zamora

Pere Ponce Actor que protagoniza "Los pazos de Ulloa" en el el Teatro Principal

“En el teatro celebramos que podemos compartir la cultura con el público”

“Emilia Pardo Bazán se labró una carrera a pesar de las zancadillas del mundo masculino que imperaba”

El actor catalán Pere Ponce, caracterizado como el padre don Julián en la obra “Los pazos de Ulloa”.

Hoy Soria, mañana Zamora —el Teatro Principal, a las 20.30 horas— y el sábado Salamanca. En ruta permanente se encuentra el actor Pere Ponce con la obra “Los pazos de Ulloa”, basado en el clásico de la gallega Emilia Pardo Bazán. Se siente agradecido por volver a la normalidad a los escenarios y afortunado por dedicarse a una profesión que, a pesar de los años de bagaje, le sigue apasionando.

–¿Impone enfrentarse a una obra inspirada en un novela de esta envergadura?

–Más que imponer, el tener una novela detrás, que aporta tantos datos e información, te hace mucho más rico el trabajo y el acercamiento a los personajes. Además, Eduardo Galán ha hecho una adaptación excelente, con la batuta de Helena Pimienta, que tiene una mano muy hábil en volver a dar el ritmo y la emoción que sentían los lectores de esta novela.

–A pesar de estar ambientada en otra época, ¿quedan aún vestigios de esa España de hace dos siglos?

–Ha pasado mucho tiempo desde el XIX, pero a la vez encontramos muchos puntos de conexión, muchas situaciones en las que vemos que no hemos evolucionado tanto. La España que refleja la obra parece que sea un mundo muy aislado, muy endogámico, el de los pazos, con esa pequeña aldea gallega perdida. Pero, a la vez, tiene unos puntos que siguen vigentes, como este caciquismo, esos varones peleándose por los territorios e imponiendo su voluntad. De alguna manera, tenemos algún perfume que ha ido manando hacia nosotros.

Pere Ponce, caracterizado como el sacerdote don Julián, en "Los pazos de Ulloa"

Pere Ponce, caracterizado como el sacerdote don Julián, en "Los pazos de Ulloa" Pedro Gato

–¿Hay cambios en el retrato de la mujer en la sociedad o tampoco se ha avanzado tanto?

–En la posición de la mujer, qué duda cabe que hemos cambiado mucho y avanzado en derechos y educación, pero, a la vez, cuando venían institutos a vernos en Madrid, con posteriores coloquios con estos alumnos, las reflexiones siempre iban hacia este ámbito. Esas relaciones de sometimiento al hombre, con una mujer esclava del matrimonio y de la maternidad, sin otro horizonte. Los jóvenes nos preguntaban sobre cómo era posible y debatían alrededor de la repetición todavía de ciertos roles. Está claro que faltan todavía muchos pasos por dar.

Emilia Pardo Bazán de labró una carrera a pesar de las zancadillas del mundo masculino que imperaba

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–Aun así, ¿se nota que el texto fue escrito por una mujer?

–Evidentemente, porque es una gran pluma libertaria del XIX. Me fascina que, viniendo de una familia aristocrática y acomodada, cogiera las riendas de su destino, se separara del yugo de su marido y de sus hijos y se fuera a Madrid a hacer lo que realmente le gustaba, que era escribir. Consiguió labrarse una carrera como escritora, aunque tuvo todas las zancadillas posibles y hubo de lidiar con todo lo que era ese mundo masculino de la cultura que imperaba en España. Pero, a pesar de todo ello, denunció en sus obras lo que ella consideraba injusticias, como se ve en los personajes de esta obra, que retrata diferentes tipos de mujeres y hombres que también son esclavos de ciertos roles y no son capaces de salir de ahí.

–¿Qué puede decir de su personaje, don Julián?

–Es el cura de los pazos, que viene a poner orden al descubrirse todo el libertinaje y desaguisado que hay en este territorio, pero se ve incapaz, con sus herramientas y el poder eclesiástico, y también es desterrado por sus superiores por intentar cambiar un poco la situación. Emilia retrata, critica y sugiere como una rebelión de las mujeres. Creo que los espectadores, cuando salen de ver la función, aunque sea una obra del XIX, descubren los ecos y la pluma avanzada de esta autora, reconociéndose en mucha de las situaciones.

Una escena de "Los pazos de Ulloa", con Pere Ponce en el escenario Pedro Gato

–Llega a Zamora en plena gira, ¿se nota la buena respuesta del público?

–Hay ganas de teatro y estamos afortunadamente llenando. Se ha producido una vuelta a los teatros y la comunión y celebración de poder compartir la cultura. Ir al teatro es un acontecimiento social, no como ir al cine, que es algo más privado, más a oscuras. El teatro no deja de ser una ensoñación, algo que compartes con los demás. Estas reuniones se vuelven a producir y estamos viendo ya teatros llenos al 100%, se va recuperando la normalidad y estamos contentos de poder compartir esto con los espectadores, que tiene hambre y militancia. Se acercan al teatro y es algo que agradecemos, que no hayan perdido ese interés.

Volver al trabajo es una maravilla, aun con los test y mascarillas que te recuerdan que la pandemia continúa

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–Como profesional, ¿es una satisfacción el poder regresar a la rutina del trabajo?

–Es una maravilla, a pesar de los test, las mascarillas y los protocolos que te recuerdan que seguimos en pandemia. Para nosotros es un gozo volver a estar en ruta para poder visitar la geografía española y llevar las obras a la gente. A mí el teatro me da la oportunidad de poder celebrar este oficio y volver a darle voz, visitar los escenarios de diferentes comunidades, disfrutar del público y sentir el aliento de los espectadores, esa escucha tan cercana.

Pere Ponce, en "Los pazos de Ulloa" con su compañera con Diana Palazón. Pedro Gato

–¿El teatro está para usted por encima del cine o televisión?

–El teatro tiene esa maravilla que es el poder ver los rostros de los espectadores. Además, en esta función mi personaje, que hace como de narrador de la historia, les interpela directamente, se rompe la cuarta pared y hay algo ahí que lo hace especialmente gozoso, verles las caras y sus reacciones, a pesar de las mascarillas, ver el pulso de la obra.

–Comedia, drama, series de éxito... ¿se considera un actor polifacético?

–Me considero un actor poliamoroso (risas). Me gustan mucho todos los medios e intento siempre elegir los guiones que me gustaría ver como espectador. Es verdad que el teatro te exige mucho tiempo, más que una película. Es una repetición constante, rodeado de seres queridos, de otros actores, de la dirección, todos remando juntos en el mismo proyecto durante tanto tiempo. Cada vez que hacemos la función intentamos darle vida de nuevo, cada vez que se levanta el telón, la creamos otra vez, y eso exige entusiasmo. Eso nos alimenta y nos da mucha energía y vida. Estamos felices de volver a la carretera y los escenarios.

–Además de poliamoroso, ¿se siente afortunado?

–Sin duda. Creo que esta es una carrera de fondo, pero si te dedicas a algo que te gusta, es una maravilla. A mis hijos les aconsejo que elijan algo que les apasione de verdad, para que no tengan que mirar el reloj para terminar la jornada laboral o esperar a las vacaciones. Para mí, es un gusto poderme dedicar a lo que quiero, es un éxito y el gran premio de la vida, una gran fortuna. Si continúas, además, trabajando a pesar de las crisis, los baches o las pandemias, es algo maravilloso, porque te puedes ir a dormir con el placer de haber hecho un buen trabajo.

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