Hace exactamente once años que Luis Alonso Andrés y Luis Alonso Santiago, padre e hijo, publicaron la definición del cocodrilo “Duerosuchus piscator” a partir de algunos fósiles del Eoceno Medio encontrados por ellos mismos en la localidad zamorana de Corrales del Vino. Los restos estaban compuestos por parte de un cráneo y una mandíbula, algunas vértebras y varios osteodermos. En la descripción original, los autores reconocieron que se trataba de una especie desconocida hasta el momento, pero, quizás por sus peculiaridades, no consiguieron relacionarlo con ninguno de los grupos de cocodrilos modernos conocidos. Ahora, una investigación de una revista especializada en la que ha colaborado la Universidad de Salamanca ha conseguido arrojar más datos. Eso sí, datos que dan que pensar. Y es que, los resultados sitúan a este ejemplar en una familia de la que tan solo hay precedentes en China y Estados Unidos.

Journal of Vertebrate Paleontology ha publicado recientemente el estudio de científicos de la Universidad de Salamanca y la UNED sobre este animal. Un documento en el que se propone una reinterpretación del ejemplar localizado en Corrales del Vino asociándolo con los planocraníidos, un grupo no reconocido hasta la fecha en la Península Ibérica. Concretamente, la investigación coloca al “Duerosuchus piscator” como miembro de la familia Planocraniidae, convirtiéndose así en “el único individuo hallado hasta el momento de este género y el primer representante de la familia Planocraniidae de la Península Ibérica”, explica Santiago Martín, miembro del Departamento de Geología de la Universidad de Salamanca.

De este modo, el ejemplar pertenecería a un grupo de cocodrilos de hábitos terrestres, con patas largas y dientes cortadores que, hasta ahora, “únicamente habían sido descritos en China, Alemania y Estados Unidos”, subraya el científico de la USAL.

Los representantes de este grupo, tradicionalmente conocidos como “pristicampsinos”, tenían una forma de vida ligeramente diferente a la del resto de los cocodrilos modernos. Estos animales adoptaron hábitos más terrestres que los de los cocodrilos actuales, con miembros más largos y dientes cortadores, que en ocasiones son aserrados. El análisis filogenético presentado confirma que los planocraníidos fueron un linaje extinguido que se desarrolló en los ecosistemas del hemisferio norte después de la desaparición de los dinosaurios y antes de la divergencia de los dos grandes grupos de cocodrilos actuales.

Equipo de Biología Evolutiva de la UNED en una excavación. | UNED

Los estudios sistemáticos realizados hasta la fecha permiten reconocer “una sorprendente diversidad de cocodrilos en el Eoceno de la Cuenca del Duero constituida, por un lado, por una forma primitiva denominada Iberosuchus y, por otro, por tres representantes de linajes de cocodrilos modernos, como el aligatoroideo Diplocynodon, el planocraníido Duerosuchus y un crocodiloideo”, destacan los investigadores. Todos estos fósiles depositados en la Sala de las Tortugas de la Universidad de Salamanca proceden de distintos yacimientos de las provincias de Zamora, Salamanca y Soria y son objeto de una investigación en marcha a cargo del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED.

El “Duerosuchus” encontrado en Corrales del Vino posee un cráneo de casi 20 centímetros de longitud y su largo está estimado en alrededor de 160 centímetros. Un cálculo basado en la proporción del tamaño del cuerpo en relación al cráneo en crocodilianos parecidos cuya longitud corporal es conocida. Duerosuchus es un crocodiliano basal que es considerado como muy cercano a los brevirrostrinos, o crocodilianos de hocico corto, tales como los aligatoroideos, de acuerdo con la información recabada hasta la fecha. Ahora, con este nuevo estudio, por fin se conoce la familia del “Duerosuchus piscator”, que cuenta con parientes absolutamente lejanos en dos continentes.