El poeta Jesús Losada presenta mañana martes su último libro, una antología personal, en la Biblioteca Pública del Estado junto al poeta Antonio Colinas.

–¿Qué le impulsa a publicar una antología en este momento de su trayectoria?

–Han pasado 30 años desde la publicación de mis primeros poemas hasta el año 2020 que cierra la selección que he hecho. Es ya un tercio de la vida, de ahí el título de “Casi la vida entera”, y porque somos el tiempo que hemos vivido y somos el tiempo que nos queda.

–¿Ha sido una necesidad vital?

–Sí porque el corpus recoge muchas experiencias vividas con luces y con sombras, como es la vida. A mayores, muchos de estos libros están descatalogados.

–El orden no es cronológico.

–Efectivamente. No empieza en los 90 sino que he empezado por el último libro “Negrura”, publicado en República Dominicana por el Ministerio de Cultura, y termino con algunos versos de “Indulgencia plenaria”, que fue mi primer libro publicado en 1992. También hay algunos poemas inéditos. Son cinco poemas agrupados bajo el título de “Cinco inéditos para decir bye bye”. El poema que cierra el libro es “La fragilidad del ángel”, versos de homenajean a la mujer que vieron la luz en una antología sobre violencia de género.

–¿Cómo ha sido el acercamiento de nuevo a su producción poética?

–Mis poemas son muy largos y cada texto tiene una unidad, por lo que he estado un año trabajando en la selección. Jesús Munárriz, el director de la colección de Hiperión, y yo coincidimos en Santo Domingo y me pidió si tenía algún libro. Le comenté que estaba llevando a cabo una selección de mi obra para celebrar 30 años de poesía y me pidió que, cuando estuviera concluido, se lo enviara. Así lo hice y ve la luz en el sello. Me ha hecho un estudio de mi obra un poeta y académico de Santo Domingo, Plinio Chahín, y yo hago una nota de autor.

–El volumen reúne treinta años de poética y diversos reconocimientos.

–El libro encierra premios como el accésit del Adonáis, con “Huerto cerrado del amor”, el San Juan de la Cruz con “Corazón frontera”, “La noche del funambulista” que fue premio Provincia de León, una colección que personalmente me gusta mucho pues en ella están mis libros favoritos de Colinas, Llamazares o Gamoneda, así como “El peso de la oscuridad” con el que obtuve el José Zorrilla.

–¿Cuándo se ha releído ha sido benévolo o duro consigo mismo?

–He querido ser absolutamente purista, en el sentido de no cambiar nada salvo algún pequeño matiz en algún poema de los primeros libros. Fundamentalmente están íntegros, tal y como los escribí en su momento.

–El volumen lo presenta el martes, pero ha visto la luz antes.

–La presentación es mañana, día 30 a las 20.00 horas en la Biblioteca Pública y estaré acompañado por Antonio Colinas. El libro salió el 13 de marzo de 2020, la víspera de la instauración del estado de alarma, por lo que vivido un paréntesis en el tiempo. No quería que pasara otro año más sin presentarlo en Zamora y ahora que los aforos son más amplios pensé que es el momento.

–Tras tres décadas ¿tiene la misma concepción de la poesía?

–Sí. La poesía es un asunto de intuición y de visión interior y o se tiene o no se tiene. Puedo perfeccionar la técnica, pero si no tengo ese chamán que late dentro de ti, sería incapaz. Sucede en todas las vertientes del arte te puede gustar mucho tocar la guitarra o dibujar y aprender la técnica, pero ni no tienes ese duende, como lo denominan en el mundo flamenco, si no tienes ese espíritu, esa alma en tu interior sería imposible.

–La sociedad ha cambiado mucho en las décadas, ¿ha variado también la manera de recibir el hecho poético?

–Creo que la poesía perfecciona al mundo, lo oxigena y es necesaria. Tenemos poesía a cada paso que damos, desde un anuncio publicitario hasta un titular de un periódico y no somos conscientes Ese hecho si lo elevamos a categoría poética es donde reside la poesía. La sociedad ha cambiado enormemente, pero el hecho poético sigue estando entre nosotros, y sobre todo, con una importancia notable. Me refiero a esta generación de poetas actuales denominados la generación Instagram Poets porque evidentemente las redes sociales son una fuente que nutre y da posibilidades de publicar y de conocerse. Todo este mundo digital ha avanzado mucho en esta última década.

–Pero ese avance también hace que cualquier se denomine poeta o escritor sin serlo.

–Eso ya sucedía antes. La poesía y la escritura son un arte donde hay mucho intrusismo.

–¿Qué le queda por delante?

–Estoy con una obra nueva más de ámbito rural tras diez años fuera de España.

–Usted vivió en una Zamora que tenía una trepidante vida cultural, ¿cómo la nota ahora?

–En los años 80 y los 90 hubo una ebullición cultural, con cantidad de actividades tanto en la Biblioteca como en el Michelos. Yo sigo siendo analógico y creo que todas las inquietudes las ha absorbido el mundo digital. Cuando me han llamado para participar en actividades a través de videoconferencias he dicho que no, pues es fundamental la presencia física del autor.