El escenario del Teatro Principal se transforma hoy (20.30 horas) en Zarzahurdiel, el pequeño pueblo al que huye Manuel (Secun de la Rosa) azuzado por su tío (Miguel Rellán) en la historia de “Los asquerosos”, novela de Santiago Lorenzo que David Serrano ha sabido transformar en una obra teatral con mucho acierto. Secun de la Rosa desgrana las razones del éxito de esta adaptación literaria.

–¿Cómo es meterse en la piel de Manuel, un tipo solitario, prototipo de perdedor?

–Como actor, es un reto interesantísimo, porque la versión se ha hecho respetando el léxico de la novela, con su manera de hablar y esos giros tan barrocos que tiene y creo que fue un hallazgo para la función de teatro poner todo ese barroquismo en boca de Manuel. Para mí es un reto el hablar de esa manera tan “novelera” pero, a la vez, tan rica y tan poética. Me pongo ese traje con sus palabras y casi tengo la mitad del personaje. Luego está la parte más humana, la del solitario, perdedor y tristón, que también es interesante, al comprobar cómo hay gente para la que su mayor problema son los demás, que necesita vivir en soledad y no necesita tanto sociabilizar.

–¿Qué le parece esa actitud?

–Es interesante, porque, con lo exagerada que es la exposición pública hoy en día, si me tengo que quedar con algo de Manuel, sería eso de descansar un poquillo de los otros, aunque sin llegar al extremo de estar en un pueblo perdido sin ver a nadie. Pero sí el descansar un poco de la sobrexposición de redes, gentes y grandes ciudades me parece interesante.

–Manuel sobreviviría perfectamente a un confinamiento como el que hemos pasado, incluso sería feliz.

–Casi se podría pensar que se ha estado preparando para ello, sobreviviría perfectamente (risas). En esta obra de poco más de hora y media se van dibujando los capítulos de la novela, haciendo hincapié en algunas cosas más que en otras, el libro no sé si tiene mayor profundidad, porque la obra ha cogido un vuelo bastante profundo en algunos momentos y el libro tiene algunos pasajes en los que Manuel sobrevive trabajando para otros en el pueblo, pero sin hablar con ellos. Es solitario, pero no al extremo, socializa lo justo y en la función de teatro se deja entrever, aunque se le lleva un poco más al límite de la soledad.

–¿Es complicado mantener la acción con solo dos personajes sobre el escenario?

–Estamos solo dos y además la mayoría de las veces ocupamos cada uno una parte del escenario, ni siquiera nos miramos a la cara, porque se supone que mi tío está en la gran ciudad y yo perdido en un pueblo. Hay un juego de mirar al público y no al compañero muy bonito. De todas maneras, los actores de teatro, aunque representáramos una obra sobre la II Guerra Mundial o “La colmena” de Cela, sería imposible juntar en escena a todos los personajes. El teatro siempre está reducido a la esencia.

–¿Qué tal es tener a Miguel Rellán como tío que le aboca a esa huida a Zarzahurdiel para huir de su fatídico destino?

–Es una maravilla. Siempre he sido muy fan de los actores veteranos con largas trayectorias y un esfuerzo por mantener su carrera y esa sabiduría que otorga llevar toda una vida. En los últimos años he tenido mucha suerte, porque estuve en “Metamorfosis” con Concha Velasco, en mi primera película como director, “El Cover”, Juan Diego aceptó mi oferta y ahora Miguel Rellán. Estoy con gente a la que me quedo escuchando a la hora de la comida y disfruto compartiendo con ellos escena. Es todo un lujo. Normalmente, la gente que llega a la veteranía con ganas de subirse a un escenario suele ser los más generosos.

Secun de la Rosa y Miguel Rellán, en "Los asquerosos" Javier Naval

–¿Qué se siente al volver a ponerse a las órdenes de David Serrano, esta vez en el teatro?

–En mis inicios de carrera artística hice un corto con él y luego coincidimos en las películas “Días de fútbol” y “El otro lado de la cama”, aunque luego tomamos caminos diferentes. Años después nos hemos vuelto a juntar y David mantiene ese entusiasmo por los actores, es uno de los directores más generosos que conozco, se entusiasma en la puesta en escena, le gusta ver el éxito ajeno, es un director siempre positivo y creativo, que sabe sacar lo mejor de cada uno.

–Los otros protagonistas de la obra, aunque ocultos al público, se engloban en la mochufa, ¿cómo la definiría?

–Y es casi más bonito que no estén físicamente, porque el público recibe la visión que Manuel tiene de ellos. Por una parte es agrio, al sacar los defectos de todo el mundo, pero, por otra parte, es muy divertido y roza un poco esa característica de nuestra literatura, la de Valle Inclán, de definir a los otros con tres trazos y reconocer al que va de algo, al cretino, al chulito, al torpe, al equivocado o al dominguero. También tiene algo entrañable en Manuel, porque sabe que si hay alguien mochufa puede ser él. Al final la vida es un espejo y si tú tienes algo que te molesta es porque tienes algo de eso, aunque no sea reconocido. Todo lo que te pone nervioso o no te gusta, es un reflejo de algo.

–La novela ha sido un éxito pero, ¿cómo está funcionando la obra?

–Está mal que yo lo diga, pero el público está recibiendo la obra muy bien. Estuvimos en Madrid en el Teatro Español y estábamos asombrados, incluso con la pandemia y Filomena, el público seguía llenando cada función. La verdad es que por donde pasamos tenemos el teatro lleno y la gente está muy emocionada. Cuando un actor tiene que salir varias veces a saludar y nota los “bravo” y los aplausos del público es que está gustando. Pasamos los fines de semana de gira por toda España, porque la función es muy pedida y, en estos tiempos, hace el doble de ilusión.

–En Zamora también han agotadas las entradas, ¿siente cierta responsabilidad?

–Da un poco de respeto, pero ponemos el mismo amor en cada función. Además, algunos actores nos ponemos igual de nerviosos haya dos o 500 espectadores.