La reconocida fotógrafa y documentalista Cristina Zelich recaló en Gáname hace seis años desde su ciudad, Barcelona, directa a una España Vaciada que ha convertido en su causa, como si sus raíces fueran sayaguesas, metida de lleno en la lucha en pro de políticas activas que ayuden a preservar el medio rural y a asentar población. Con su última exposición recién estrenada en el Museo de Zamora, “Fuera del mapa. Paisaje y distopía”, denuncia la profunda y negativa huella del hombre en el medioambiente, con el cambio climático, “todavía mitigable con políticas económicas, ¿pero qué político habla de ello?”, se pregunta.

–¿Qué mensaje hay detrás de todo este trabajo, vinculado con esa España Vaciada que solo tiene los restos de lo que fue?

–Mi intención no era esa, pero, precisamente, en estos momentos viene al hilo porque, una vez más, lo que se demuestra es que esta es una zona de sacrificio, donde se ejerce esa política extractivista que deja los territorios marcados para siglos y siglos y que no aporta realmente un beneficio económico a la comarca o a la provincia. Las grandes empresas extraen los recursos y después queda lo que queda: nada. La energía se va otros lugares donde realmente se crea riqueza, aquí simplemente se extrae.

–Vive muy cerca de los zamoranos que han sufrido ese expolio y ese olvido, ¿cómo cree que viven estos hechos y qué conclusión extrae de sus charlas con ellos?

–Me impacta mucho escucharles e imagino lo que supone pensar que sus muertos de Argusino siguen debajo del cemento ahí, en el embalse de Almendra, no les dieron tiempo ni a exhumar los cuerpos y a llevarlos consigo a otro lugar. Eso es tremendo, es muy fuerte. Imagino todo el trabajo que supone levantar esos muros de piedra, esas cortinas, esos molinos, y pienso en la vida que refleja todo eso, lo veo todo destruido, bajo las aguas, es una zona de la que se extrae, pero en la que no se aporta nada. Y cuantas más infraestructuras, los megaproyectos de renovables, más gente se marchará del territorio. Yo no estoy en contra de ellas, pero con planificación y un equilibrio territorial.

Los macroproyectos de energías renovables deben realizarse con planificación y equilibrio, si no, la gente se marchará del territorio.

–No deja de haber voces que dicen que la tremenda subida de la luz es consecuencia de haber abortado las centrales nucleares.

–Pero está demostrado que ahora suponen un gasto tremendo, no es cierto que la energía que producen sea barata, lo es la hidroeléctrica, la que producen los embalses, y la renovable solar, fotovoltaica o la eólica.

–Esas energías renovables también conllevan expolio, en Zamora en los montes, pero se está proyectando en los mares, en Galicia, Rosas; y las placas solares ocupan extensiones importantes de terreno.

–Sí, sí, en las costas belgas hay muchos parques eólicos en el mar, una oceanógrafa me contó que están haciendo estudios para ver el impacto de esas construcciones en el mar y, al parecer, no todos son negativos, pero hay que esperar los resultados.

–Llega de la gran urbe, ¿qué futuro ve a esta España que lleva décadas, casi un siglo vaciada?

–Lo tendría si los políticos, las administraciones, realmente creyeran en el potencial de estas comarcas, si tuvieran la visión de comprender que no se las puede sacrificar también, que son un reducto de biodiversidad, con posibilidades para desarrollar otras economías basadas en otros recursos, al margen de la industria. Aquí tenemos carne de calidad, miel de calidad, un turismo de naturaleza.

–Los zamoranos llevan 30 años escuchando cómo se ensalzan sus potencialidades y posibilidades sin que nada cambie, ¿son solo palabras huecas?

–Pude haber políticas activas, pero hay que tener voluntad política para implementaras. Los políticos vienen hablando de despoblación hace años y no han hecho nada, absolutamente nada; y lo único que se les ocurre es aceptar esos macroproyectos de renovables diciendo que esto creará trabajo y las arcas municipales ingresarán dinero.

–¿Esas posibilidades, esa ventana que parecía abrirse con llegada de la pandemia, con el teletrabajo, para asentar población en el medio rural se quedará en la utopía?

–Sinceramente, por desgracia y si seguimos con los políticos que tenemos en general, cerrando los ojos ante lo que es una evidencia, como no empecemos a hablar seriamente de decrecimiento en el consumo en general, no solo de la energía, nada cambiará. En un mundo limitado de recursos como el nuestro no podemos pensar en un crecimiento. Para vivir en el medio rural se necesitan también servicios porque ¿qué familia joven se va a venir con sus hijos a un lugar donde no hay médico, no tienen escuela al lado de casa, ni absolutamente ninguna actividad para sus hijos? Pero todo esto se puede hacer con voluntad política.

En un mundo como el nuestro, de recursos limitados, como no empecemos a hablar de decrecimiento en el consumo en general, no solo de la energía, nada camibiará.

–¿A la ciudadanía le queda margen de actuación para lograr que políticos reaccionen?

–Hay que protestar, hay que salir a la calle. En la Plataforma de la Sanidad Pública de Sayago la gente participa. La sanidad sí que es transversal, no es una cuestión de ideología política, sino de exigir una gestión adecuada, ¿qué gestores tenemos que nos dicen “tenemos dinero, pero no médicos”? Es increíble, ¿no será que no les están ofreciendo realmente contratos dignos?, debería haber algún incentivo para que vengan a zonas despobladas.

–¿Por qué distopía para titular su exposición?

–Cuando hablo de distopía es porque, en el fondo, creo que si continúa el cambio climático, que seguirá, la desertización de la Península, nos podremos encontrar cada vez más con paisajes de este tipo. El que recojo en mis fotografías no es del futuro, sino del presente, es el resultado de las acciones del pasado.

–¿Esa degradación del paisaje que denuncia puede ser revertible?

–Revertir esto es ya imposible, pero mitigar el impacto es posible todavía, pero hay que hablar de crecimiento y ¿qué político se pone a hablar de ello?, ninguno. Se necesitan políticas medioambientales y económicas. Hablo en mi exposición de la influencia del clima en el paisaje y uno de los peligros son las sequías, cada vez más fuertes. Esta serie fotográfica refleja la sequía de 2017, a finales de aquel verano. Se necesitan políticas medioambientales y económicas.

–También están quienes defienden que, en realidad, estamos en un cambio de ciclo climático, uno más de los que ha azotado al planeta y han modificado la vida en él.

–Sí, claro, pero una cosa es que haya habido cambios climáticos por factores naturales y otra, bien distinta, es que ahora somos los humanos los que estamos provocando esto. Ahí está la diferencia, quizás deberíamos pensar en nuestros hijos y nuestros nietos, a nosotros igual no nos pilla, pasaremos olas de calor y chaparrones como el de la madrugada de ayer, pero bueno...

–Tiene un trabajo sobre la evolución de la mujer a partir del archivo de la agencia Efe en el edificio del parlamento de Bruselas, ¿cree que su papel social ha avanzado?

–Las agresiones contra la mujer, la violencia de género, son una realidad tremenda que no debería existir. Las mujeres estamos más presentes en todas partes, pero en el ámbito empresarial sigue siendo complicado verlas en la dirección.

–¿Se ha ganado en el terreno?

–Falta muchísimo, cuando veo el trato entre los adolescentes me da mucha pena, veo ese machismo que parece genético, cuando es una cuestión cultural que se sigue sin trabajar. Habría que empezar a hablar de género, de igualdad desde muy pequeños.

–¿El resurgimiento de las agresiones homófobas que reflexión le provoca?

–Me da pena que no estemos todos en la calle diciendo que no queremos este tipo de gente en nuestra sociedad con mucha más contundencia. Mi hija es lesbiana y tiene compañera, vive en Madrid, te puedes imaginar cuando oigo estos casos de agresiones. Estas agresiones hablan de la mediocridad de quién ejerce la violencia.