El 2 de agosto de 1976 la cantautora de “Un ramito de violetas” fallecía en la localidad zamorana de Colinas de Trasmonte al chocar contra un carro de vacas. Tras 45 años desde de su fallecimiento, el nombre de Cecilia aún resuena entre las listas de clásicos y es recordada como una de las voces que aprendió a lidiar con la censura de los últimos días de la dictadura.

IMAGEN SIN DATAR DE LA CANTANTE ESPAÑOLA CECILIA, YA FALLECIDA.

Durante el concierto en la sala Nova Olimpia de Vigo -para el que se habían agotado las entradas- Cecilia interpretó temas como “Mi querida España”, “Nada de Nada” o “Dama, dama” . Ya era de madrugada cuando la cita terminó y el grupo de artistas se lanzó a la carretera en un viaje nocturno con dirección a Madrid, donde Cecilia , que se encontraba en la cumbre de su carrera, continuaría trabajando en la grabación de un nuevo disco en el que versionaba a Valle Inclán.

Al volante del Seat 124 iba José Luis González, el organista de la cantante. De copiloto, el batería Carlos Manuel de la Iglesia, quien falleció en el acto junto a ella, que viajaba dormida en el asiento trasero derecho. A su lado estaba el músico Carlos Viccielo Prisi.

El grupo llevaba aproximadamente tres horas de trayecto cuando llegó al tramo de la C-620 (hoy N-525) que atravesaba por la mitad el pueblo de Colinas de Trasmonte (Benavente) cuando colisionaron contra un carro agrícola tirado por dos vacas.

Jamás se aclaró de quién fue la culpa. González, que sobrevivió, desmintió que el 124 atravesara el pueblo a demasiada velocidad, a pesar de que para llegar a Madrid esa misma noche habría de haber pisado más de lo normal el acelerador. Pudo haberse complicado con la falta de visibilidad, y es que por aquél entonces no había alumbrado público en Colinas de Trasmonte; tampoco en el carro de los lugareños, aunque contarían al día siguiente a “El Correo de Zamora”- desde sus camas en el hospital- que cuando ocurrió el accidente ya había clareado el día.

En aquella carretera se paró hace 45 años la vida de Evangelina Sobredo Galanes, una joven de 27 años que se escondía tras el nombre de “Cecilia” -en honor a un tema de Simon y Garfunkel- y cuya carrera había despegado hacía tan solo un año, con su participación en el festival de la OIT de la canción y tras la publicación de su tercer álbum, el famoso ramito de violetas.

Sus letras transgresoras, de las que emanaba un discurso feminista y de crítica social, iban acompañadas de melodías influenciadas por iconos internacionales como Bob Dylan, resultado de una infancia entre Estados Unidos, Reino Unido, Portugal y Jordania, que le permitió aprender inglés, idioma en el que también componía y que desplegó en el tema “Lady in the limousine”.

El legado de Celilia no dejó de crecer, y sus canciones siguieron reinterpretándose en las voces de artistas como Julio Iglesias, Rocío Durcal, Manzanita o Rozalén, a día de hoy acumulan millones de visualizacines en plataformas digitales.

“Este ha sido el concierto más bonito de mi vida”, juran las crónicas de la época que dijo Cecilia al terminar la actuación en la Nova Olimpia de Vigo, minutos antes de subirse al Seat 124 camino de Madrid.