“Hasta los 40 años o así no tienes un puesto fijo, lo que a efectos prácticos de tu vida es un fastidio”. “Con tres hijos y trabajando la cosa no estaba fácil para preparar la oposición”. Son algunos de los testimonios de los 203 opositores que ayer acudían de buena mañana a la Escuela de Enfermería de Zamora por ver si lograban una de las 52 plazas fijas de especialista en Hematología o Nefrología. El perfil mayoritario, una mujer con familia, con años de interinidades a sus espaldas, con mucha vocación pero también mucha incertidumbre por su futuro laboral.

Zamora fue ayer la sede de dos de las oposiciones convocadas por Sacyl, una de ellas para 21 plazas de Nefrología, con 79 aspirantes y otra de Hematología y Hemoterapia, con 31 plazas para 24 candidatos. Desde 2016 no se convocaban estas oposiciones, cinco largos años que se vieron prolongados un poquito más por culpa de la pandemia del coronavirus, que obligó a retrasar un poquito más los exámenes.

Aunque la mayor parte de los opositores eran de la propia comunidad, había de todo. Por ejemplo, María Sánchez es gallega y se desplazó desde Lugo para presentarse a las plazas de hematóloga. “En Galicia están convocadas las oposiciones pero todavía no es el examen y voy a probar suerte aquí en Castilla y León. Ya que estoy estudiando para las de allí pues aprovechar también para éstas y en caso de sacarlas ya veremos si venimos para Castilla y León o no” hablaba esta especialista que, como la mayoría, ya está trabajando, pero a base de interinidades, no con una plaza estable. “Hasta los 40 años o así no tienes un puesto fijo, lo que a efectos prácticos de tu vida es un fastidio”.

Los hematólogos cuenta, “nos dedicamos a todo lo que tiene que ver con la patología sanguínea, por ejemplo, todo lo que tiene que ver con las transfusiones y el Banco de sangre, alteraciones de la coagulación, que se tratan con el famoso Sintrom a los nuevos anticoagulantes, los hemogramas, para ver si una persona tiene anemia. Luego una parte clínica que es muy variada porque haces estudios que van desde las anemias porque estén las defensas o las plaquetas bajos a la patología tumoral, como un mieloma o un linfoma, transplantes de médula, es una especialidad muy variada”.

Una de sus competidoras era la venezolana con nacionalidad francesa Monique Bourgois, que a pesar de estos datos venía de mucho más cerca que la gallega, ya que trabaja en el Hospital Clínico Universitario de Valladolid.

“Me presento a la oposición porque el sistema me obliga a ello, porque si no estamos con contratos precarios toda la vida. Llevo diez años trabajando en el Clínico de Valladolid. La última oposición fue en 2016. Con tres hijas y trabajando la cosa no estaba fácil para preparar una oposición,” lo que ha llevado a Monique, a pedir “una reducción de jornada para poder atender a mis hijos tener tiempo de estudiar”.

“Hasta que no nos regularicen, mal, entiendo que la gente joven se quiera ir. Ahora dependo de que me saquen la plaza, de los años trabajados que lleves, de una serie de cosas que como tienes tu familia, tienes tus hijos, no puedes moverte de la noche a la mañana de un sitio a otro. Igual que hay todos los años hay traslados, todos los años debería haber oposiciones, porque así aunque tuvieras situaciones particulares, como la gente que tiene niños, podrías decir, no pasa nada, porque el año que viene me presento y lamentablemente esto no es así”.

Los testimonios de los opositores

Los testimonios de los opositores José Luis Fernández

Si por la puerta principal de la Escuela iban entrando los hematólogos, la lateral estaba reservada a los nefrólogos, entre los que abundaban también las mujeres.

“Me presento a la oposición por intentarlo. Soy una de las personas que se presenta con menos tiempo trabajado y eso nos juega mucho en contra. Las oposición se hacen demasiado espaciadas y yo creo que de los que nos presentamos hoy estamos trabajando el 95%”, explica Ana Martins que trabaja también en el Clínico de Valladolid aunque, reconoce, “con pocas posibilidades de quedarme”.

Para ella también “es difícil compaginar la preparación de la oposición con el trabajo. Además sufrimos un cambio de fecha, un retraso, por el coronavirus. Estamos intentando recuperar el tiempo de lo que no se ha hecho de las especialidades dentro de los hospitales y el examen”.

Los nefrólogos “nos dedicamos a tratar las enfermedades pertenecientes a los riñones. No sólo tratamos paciente de diálisis, también en las fases anteriores a necesitar terapia renal sustitutiva y después del transplante. El enfermo nefrológico es paciente nuestro toda la vida, independientemente del estadio de la insuficiencia renal”. El COVID, dice, “nos ha obligado a reestructurar las salas de diálisis, porque los pacientes no se podían quedar en casa sin terapia renal sustitutiva”.