El obispo de Zamora, Fernando Valera, exhortó hoy, en la celebración del Corpus Christie, a “cambiar nuestro estilo de vida, a cambiar nuestras miradas y a cambiar nuestro tiempo”.

“Tenemos la tentación de convertir nuestro tiempo en cronos, en ir corriendo, en no pararnos, en no escuchar y el tiempo, para un cristiano, es kairós, es signo del espíritu, es signo de Cristo, es lugar donde acontece el misterio pascual”, señaló. “En este tiempo de pandemia, con la convicción de que el Señor camina con nosotros, celebramos la solemnidad del Corpus Christi, el día de la caridad. Es una invitación a tocar las llagas de Cristo, a besarlas, a abrirnos, a curar heridas, a vivir el misterio de Cristo crucificado y resucitado donde resplandece la gloria de Dios”, añadió.

En este contexto, monseñor Valera Sánchez recalcó que la “esencia de la dignidad humana cobra sentido cuando nos radicamos en Cristo” y apostilló: “Esta caridad, corazón de nuestra fe y de la solemnidad del Corpus Christi, nos lleva a poner en las manos de Dios, que nos ha amado tanto que nos ha entregado a su propio hijo, lo que somos y lo que tenemos”.

El obispo de Zamora hizo estas declaraciones en el Centro de Formación y Empleo de Cáritas, antes de que el delegado-director de Cáritas Diocesana de Zamora, Antonio Jesús Martín expusiera la campaña del Día de la Caridad y la Memoria correspondiente a 2020. “El lema de Cáritas este año, Seamos más pueblo, para mí es una invitación a estar siempre cerca de los demás; a sentirme, como obispo, miembro del santo pueblo de Dios, a seguir sentándome para escuchar las heridas, la visita al Hogar de Betania, al centro de rehabilitación de alcohólicos, al Proyecto Hombre, a la residencia de mayores de Cáritas, escuchar el dolor, el sufrimiento, a recoger, como dice el salmista, el odre de Dios, las lágrimas de aquellos que han estado sufriendo la muerte de tantas personas”, enumeró.

Fernando Valera incidió en que, en el año jubilar ‘Raíces con esperanza’, Cáritas “quiere ser siempre una realidad transversal” y aludió a “una cierta hoja de ruta” del año jubilar, en referencia al proyecto de mujer en riesgo de exclusión. “La mujer, como víctima, en nuestra sociedad, pero también en nuestra diócesis de Zamora, estar cerca de las víctimas en situaciones de abuso, de desigualdad e injusticia. Mujeres que, especialmente, están abocadas a la marginalidad y al abandono social”, indicó.

“Por tanto, ese gesto jubilar quiere ser un lugar donde nosotros hagamos una red de compromiso, de solidaridad, un lugar donde habilitemos desde una vivienda a un centro de acogida a una experiencia acompañada en un trabajo interdisciplinar, psicológico, espiritual, social y laboral y mirar hacia la reinserción social y encontrar un sitio para la mujer vulnerable en nuestra sociedad y en nuestra Iglesia”.

De esta forma, recordó que el proyecto está dirigido a “apoyar a las mujeres, a recuperar su dignidad, su autoestima y la capacidad de decisión sobre sus vidas”.