La decisión del Gobierno de comenzar a cobrar peajes en las autovías y carreteras convencionales se sustenta en dos pilares. Por una parte, el Ejecutivo apunta a la necesidad de recaudar para sufragar los costes de mantenimiento. Por la otra, se alude a un trasfondo de transición ecológica que tendría por objetivo impulsar una movilidad más sostenible. Sobre esta última cuestión, lo que Moncloa busca es primar el transporte público de viajeros frente al vehículo particular. Una modalidad de desplazamiento condenada en Zamora, que en los últimos meses ha sufrido la pérdida de varios de sus servicios ferroviarios y cuyas conexiones en autobuses de línea dejan fuera de juego a uno de cada cuatro núcleos de población.

Durante las últimas semanas, los expertos señalan que no es posible ni justo aplicar peajes a las carreteras sin impulsar el transporte ferroviario. La norma puede funcionar en Madrid, donde existe una extensa red de cercanías como alternativa al coche, pero no en un territorio como Zamora, en el que es literalmente imposible desplazarse dentro de la provincia mediante el tren, salvo muy contadas y honrosas excepciones. La reivindicación no es nueva. Colectivos ferroviarios llevan años reclamando para esta tierra la reapertura del tren Ruta de la Plata, que vertebraba el oeste peninsular de norte a sur y conectaba a Zamora con territorios próximos como Salamanca.

La Federación de Asociaciones de Usuarios del AVE en Castilla y León, en la que está integrada la Asociación Tren Zamora, ha elaborado un documento de necesidades para entregar a las autoridades en el que se pone negro sobre blanco la necesidad de abordar la reapertura de la Ruta de la Plata, clausurada por el Gobierno de Felipe González en 1985. Una infraestructura que ofrecería esa alternativa al vehículo para, por ejemplo, un trayecto tan trillado para miles de ciudadanos como es el de Zamora-Salamanca. Pese a que originariamente este tren conectaba la provincia de Cáceres con Astorga, la propuesta de estos usuarios es estudiar “con criterios ferroviarios propios del siglo XXI el potencial del corredor Gijón-Sevilla”, siguiendo la estela de la carretera.

Las peticiones, no obstante, no terminan ahí. Y es que el mismo colectivo considera que es imprescindible multiplicar las frecuencias del tren regional Valladolid-Zamora-Puebla de Sanabria, principalmente en la temporada estival, en fines de semana y en fechas festivas. “Se potenciaría así toda la comarca de Sanabria y se impulsaría un modelo de movilidad más sostenible, especialmente en el entorno del Parque Natural del lago”, detallan desde la organización. A día de hoy, apenas existe una frecuencia diaria entre la capital y Puebla mediante este tren regional, dado que la mayor parte de las conexiones ya se realizan a través de los convoyes de Alvia. Y, teniendo en cuenta que es el único tren que circula por vía convencional, la infrautilización de los recursos resulta evidente.

La movilidad de Zamora, en números.

La movilidad de Zamora, en números. LOZ

Pero los problemas de movilidad no terminan ahí. Si en tren es prácticamente imposible desplazarse dentro de los límites provinciales, la alternativa de los autobuses de línea es cada vez menos alternativa. Los últimos datos recogidos al abrigo del nuevo mapa de ordenación del transporte de Castilla y León demuestran que la provincia de Zamora apenas mantiene 145 apeaderos de transporte público en los 206 núcleos menores de 500 habitantes, lo que significa que uno de cada cuatro pequeños pueblos del territorio carece de conexión en autobús. A día de hoy, la estación de autobuses de Zamora cuenta con 56 rutas, mientras que la de Benavente trabaja con 39.

Atendiendo a los datos que maneja el Consorcio de Transportes de Zamora, en la provincia se realizan más 40.000 servicios regulares de transporte al año con cerca de 250 autobuses, aunque no todas esas rutas son capaces de llegar a la totalidad de los núcleos de población del territorio, de manera que la única alternativa vuelve a ser una vez más la carretera que ahora el Gobierno pretende gravar en virtud de un modelo menos contaminante. Algo que arrincona a quienes carecen de los servicios necesarios para poder si quiera plantearse si coger o no coger el coche para los desplazamientos.

La provincia de Zamora cuenta con 336 kilómetros de autovía, que son las primeras sobre las que el Ejecutivo quiere recaudar. Se trata del territorio de la región con mayor longitud de vías de alta capacidad y el séptimo de toda España, por lo que el castigo para los zamoranos se multiplicaría si se aplican los peajes a la autovía Ruta de la Plata (A-66), la autovía del Duero (A-11), la autovía del Noroeste (A-6) la autovía de las Rías Bajas (A-52) y la autovía de Castilla (A-62). En el caso de las carreteras nacionales y el resto de vías, la provincia suma 419 kilómetros con la N-122, la N-631 y la N-525 como puntas de lanza, que también sufrirían los peajes incluidos en el Plan de Recuperación que ya se ha enviado a Bruselas.

Los zamoranos, por lo tanto, tendrán que pasar por caja para realizar cualquier movimiento, especialmente dentro de las fronteras provinciales, habida cuenta de que el transporte público ferroviario es casi inexistente y el de autobuses no logra canalizar la atención a todos los municipios del territorio. Un doble castigo para la periferia de la periferia, que vuelve a sufrir las políticas pensadas para Madrid.