Un día como hoy, hace 90 años, Zamora vivió como una jornada festiva la proclamación de la II República. Solo unos meses antes, Alfonso XIII realizaba el que sería el último de sus periplos por la geografía española, que incluyó varias escalas en la provincia. A pesar de las loas que pueden leerse en “El Correo de Zamora” de la época, lo cierto es que, a finales de 1930, la monarquía apenas contaba con seguidores. La descoordinación en el seno del movimiento republicano se había saldado con la detención de sus principales líderes, entre ellos la del periodista y abogado zamorano Ángel Galarza Gago, miembro del Partido Republicano Radical-Socialista. Pero en el mes de abril de 1931 se produjo un vuelco inesperado en la política nacional al conseguir la mayoría las candidaturas republicanas en las elecciones municipales convocadas esa fecha.

También en Zamora capital la candidatura republicana fue un éxito, consiguiendo 15 de los 22 concejales que formaban, entonces, el Ayuntamiento de Zamora.

Los republicanos presentaron una lista de 16 nombres, aglutinando el voto. Los monárquicos optaron por una lista completa con la que dispersaron el voto. Así, los republicanos Quirino Salvadores, Cruz López, Isidoro Villalba, Pablo Nieto, Lorenzo Nieto, Emilio Cortí y Justo López, duplicaron en sufragios a sus adversarios. Las candidaturas republicanas triunfaron también en todas las cabeceras de comarca y el único incidente reseñable ocurrió en Fermoselle con un “pucherazo” que requirió la intervención de la Guardia Civil, como afirma el historiador José Andrés Casquero en “Zamora en Imágenes. 1925-1950. Fotografía y Sociedad”.

Fueron unas últimas horas de la jornada electoral marcadas por la confusión, pero al día siguiente, el liberal Santiago Alba firmaba una nota en “El Heraldo de Zamora” en la que asumía la llegada del nuevo régimen: “Puesto que España así lo quiere, que vaya a la República, sin estragos revolucionarios, cooperando con todos”.

Apoteosis republicana

El 14 de abril se proclama la República en una jornada festiva y de gran participación. Esa misma tarde, a las cinco, desde la sede de la Agrupación Republicana, en la calle de San Torcuato, salió una manifestación ciudadana presidida por la bandera tricolor. Los manifestantes, a los que se iban incorporando gentes llegadas de los distintos barrios y, significativamente, gran número de mujeres, recorrieron el centro hasta la Plaza Mayor lanzando vivas a la República. A su paso, los comercios de Santa Clara, Renova y demás calles, iban bajando las persianas. Al llegar a la Plaza Mayor, el concejal electo Lino Blanco Samper coloca en el balcón del Consistorio la bandera. Continuaron hacia la Casa del Pueblo en el paseo de San Martín, donde también se izó la bandera e intervino su presidente, Quirino Salvadores. Los discursos continuaron de vuelta a la Plaza Mayor.

El ambiente exultante deparó varias anécdotas: aplausos al paso por la casa de la hermana de Ángel Galarza, júbilo al incorporarse a la manifestación el ingeniero José de los Ríos, hermano del socialista Fernando de los Ríos. La crónica descrita por José Andrés Casquero recoge hasta el elocuente gesto de un guardia municipal que arrancó de su casco la corona real del escudo para entregársela a un periodista.

Solo en un momento pareció que podría producirse algún tumulto, cuando un grupo de exaltados intentó arrancar el retrato del rey en el Ayuntamiento de Zamora. A última hora del 14 de abril de 1931 la bandera republicana ondeaba ya en el Gobierno Civil y en la Diputación Provincial.

La fiesta continuó al día siguiente con un concierto de la banda de música del Regimiento de Toledo en la Plaza Mayor y hasta la capital zamorana se desplazaron republicanos portugueses de la zona de la Raya, presididos por el profesor del Liceo de Braganza Teixeira Neves, que se encontraba exiliado en Zamora. El 17 de abril se constituye el nuevo Ayuntamiento con el socialista Cruz López García como alcalde.

Unamuno junto a los líderes republicanos de Zamora el 20 de abril de 1931

Aunque la verdadera celebración tendría lugar días más tarde: el 20 de abril acudieron a Zamora acompañando a Ángel Galarza, Miguel Maura, que luego sería ministro de la Gobernación, y Miguel de Unamuno, rector de la Universidad de Salamanca. Galarza, procurador general de la República, se ocuparía un mes después de la dirección de Seguridad para crear el cuerpo de guardias de asalto.

Pero ese 20 de abril, el recibimiento fue apoteósico desde el cruce de los límites provinciales: se fletó un autobús de simpatizantes hasta Cubo del Vino, que fue seguido por una caravana de coches. La entrada en la capital, al mediodía, se produjo entre estruendos de cohetes y vítores. Acompañados por la multitud recorrieron a pie Santa Clara hasta el Ayuntamiento, desde cuyo balcón se pronunciaron encendidos discursos.

El entusiasmo continuaría meses más tarde con la campaña a las elecciones de las Cortes Constituyentes. Los candidatos zamoranos a esas otras elecciones serían hombres de gran relieve: Santiago Alba y Miguel Maura por el Partido Republicano Conservador (PRC), Ángel Galarza por el Partido Republicano Radical-Socialista, José María Cid por el Partido Provincial Agrario (PPA), Quirino Salvadores por el PSOE y Gregorio Marañón, como independiente por la UGT.

Pese al júbilo inicial, existía un mar de fondo de conflictividad social que, en los años siguientes se traducirían en graves enfrentamientos en el campo. La nueva era iniciada con alborozo terminaría cinco años después con un golpe de Estado y una guerra fratricida.