Los zamoranos podrán seguir vacunándose con AstraZeneca pero solo para el tramo de edad comprendido entre los 60 y 65 años, suspendiendo por tanto, este tipo de dosis para los menores de esa edad. A falta de conocer como se recompondrá la planificación en el centro del Teatro Ramos Carrión, que dejó colgados a los nacidos a partir de abril de 1956, parece claro de la Junta retomará la inmunización con la marca británica a expensas de conocer otros interrogantes, por ejemplo qué pasará con los colectivos que en Zamora tienen ya una dosis de AstraZeneca pero están por debajo de 60 años: policías, bomberos, profesionales sanitarios de segunda línea y un largo etcétera.

Ayer se vivió otra de esas jornadas frenéticas de las que ha deparado la pandemia, cuando mejor parecía que se ponía la cosa, debido a la abundancia de vacunas llegadas a la provincia.

La Junta de Castilla y León comunicaba hacia las diez de la mañana de ayer la suspensión de las vacunaciones masivas con la marca de Oxford que afectaba de lleno a Zamora, ya que el centro de vacunación del Teatro Ramos Carrión, que había empezado sólo una jornada antes a vacunar a los nacidos en 1965, no pudo proseguir la campaña. Un anuncio por sorpresa que cogió con el pie cambiado a todo el mundo, desde los que esperaban en pocas horas tener puesta la vacuna hasta las autoridades estatales, que se arrogaban la exclusiva para tomar esa decisión. En la práctica, se paró la vacunación con AztraZeneca en Zamora y los nacidos a partir de abril de 1956 se quedaron literalmente colgados en el último momento.

Aviso de la suspensión de la vacunación en el Teatro Ramos Carrión Emilio Fraile

Un funcionario de Sacyl permaneció al inicio de la jornada de tarde en la cuesta de Alfonso XII que daba acceso al recinto de vacunación que estaba cerrado y exhibía un cartel con las razones: se había suspendido a administración de la vacuna por precaución.

Ya se había ido el funcionario, convencido de que todo el mundo se había enterado de la suspensión de las vacunas a los mayores de 65 años, ya que nadie aparecía por el lugar, cuando en la otra puerta, la principal del Teatro Ramos Carrión, aguardaba Jesús María Luengo Iglesias, desde Zafara, un pueblo situado a 46 kilómetros y otros tantos minutos de la capital. “Me han llamado ayer a la mañana el médico de Muga preguntándome si quería vacunarme. Sí, si, perfectamente”. Le puso “algún reparo” al enterarse que era la dosis de AstraZeneca “y me ha dicho que no hay ningún problema que viniera mañana (por ayer a las 15,30 cuando estaban citados los nacidos en abril de 1956, en el Ramos Carrión), que me tomara un paracetamol antes de salir eso he hecho. Y esta mañana cuando veo en La Opinión que se cancelaba llamo por teléfono” a los sanitarios y me dicen que “no hay problema que os ponen otro tipo de vacuna. Ahora llego aquí y me veo todo cerrado”.

Jesús María Luengo de Zafara acudió a vacunarse pero no pudo. |

Así se explica este partidario de la vacuna, que se encontró con la puerta cerrada. “Por supuesto yo desde el principio dije que yo me vacunaba. Mi mujer, por ejemplo, me decía, que si la vacuna de AztraZeneca, pero yo me venía dispuesto a ello. He tenido hermanos con coronavirus en Madrid, y en el pueblo también ha habido algún caso pero mínimos”.

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También estaba poco después en la puerta que no era Julio Velasco Barrios, vecino de la plaza de los Ciento de enero de 1956, que no se había enterado de que tenía la posibilidad de vacunarse hasta que no se lo dijo su hermano. Un día más tarde se encaminó a vacunarse, en el caso de su condición de diabético se lo permitiera. “Soy diabético tipo 1 y es lo primero que iba a preguntar, mirad a ver si me la podéis poner, porque si me la ponéis y me ibais a mandar al otro lado, cuidado”. Tampoco se había enterado que se había suspendido la vacunación.

Julio Velasco Barrios Emilio Fraile

Un matrimonio de Muga de Sayago, que había acudido al Teatro Ramos Carrión convencidos, como les había dicho su médico, de que si no era una vacuna les pondrían otra. No salían de su asombro al encontrarse la puerta cerrada tras una “excursión” de ida y vuelta de cien kilómetros.

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