El 24 de mayo de 2015, 70 años después de la detención que le llevaría a pasar tres años en la cárcel por defender sus ideas, Amable García alzó el puño en señal de victoria en el interior de la sede municipal de Izquierda Unida. El ganador de la noche era Francisco Guarido, nuevo alcalde semanas después, pero muchas miradas se posaron entonces en aquel nonagenario que entonaba la Internacional consciente de que, por fin, los suyos habían triunfado en las urnas. “Eso se lo llevó puesto”, recordó ayer el coordinador provincial del partido, Miguel Ángel Viñas, en su despedida a “un referente y un hombre luchador y honesto”.

Amable García murió durante la madrugada del miércoles al jueves a los 98 años, víctima de una edad que no perdona ni a aquellos que, durante toda su vida, mostraron un carácter irreductible. “Es muy fácil apoyar ciertas ideas cuando todo va en esa línea, pero él estuvo siempre, también cuando venían mal dadas”, recalcó Miguel Ángel Viñas, visiblemente orgulloso por el legado que deja un hombre cuya adolescencia y vida adulta quedó marcada por una fecha: el 17 de septiembre de 1936. Aquel día, en plena Guerra Civil, el bando nacional fusiló a su padre, Aun en las entrevistas más recientes, Amable García insistía en ese momento, grabado a fuego en su memoria.

Pasada ya la contienda, en plena dictadura, Amable García fue detenido por su actividad política en el bando comunista, entonces en la clandestinidad, y sufrió los rigores de la prisión de Burgos, un penal “sin ventanas”, como indicó ayer el alcalde de Zamora, Francisco Guarido: “Ni ese frío pudo con él”.

Amable García, en el centro, junto a Cayo Lara y Francisco Guarido tras la investidura de 2015. | Emilio Fraile

García entró en contacto entonces con otros compañeros de lucha de diferentes territorios, incluido el poeta Marcos Ana, ya fallecido, con quien entabló una buena relación antes de regresar a una libertad condicionada por la vigilancia policial. También en los últimos años, el comunista zamorano rememoró esas tardes en el Teatro Principal, con los agentes pegados a la espalda. Aquello duró mientras vivió el dictador.

En aquellos años, Amable García se mantuvo firme en sus convicciones y se ganó la vida como trabajador de una tabacalera. Siempre de manera “honrada”, como recalcó en alguna ocasión.

Con la llegada de la democracia, el PCE salió de las catacumbas en el famoso Viernes Santo de 1977, y Amable García se sumó a la vida política democrática. Primero, con su partido de toda la vida, del que fue secretario provincial durante treinta años; y, más tarde, integrado en Izquierda Unida. De hecho, el político zamorano ejerció como contable de la formación hasta que su vista dijo basta. Eso ocurrió cuando ya pasaba los 90.

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A medida que fueron transcurriendo los años, Amable fue abandonando los puestos de dirección y la parte delantera de las listas electorales, pero nunca se borró de la vida interna del partido. Mientras la salud se lo permitió, acudió a las asambleas, participó en la toma de decisiones y aportó su experiencia para el crecimiento de un partido que le homenajeó en 2015 con su inclusión en el último puesto de la candidatura a la Alcaldía.

La victoria sirvió para cerrar un círculo: “Nunca creí que iba a haber un gobierno de izquierdas en Zamora”, reconoció tras la sesión de investidura de Guarido. La mayoría absoluta posterior ya le pilló en retirada aunque, de todos modos, ganar no cambiaba lo esencial. Las ideas nunca flaquearon.