Hay frases que van directas a la historia, palabras que pasan a formar parte del imaginario colectivo casi tan rápido como salen de la boca de las personas que las pronuncian. A las 18.23 de la tarde de hoy se cumplirán justo cuatro décadas desde que Antonio Tejero pronunciara las cuatro palabras que helaron la sangre de un país en el que la democracia aún estaba en pañales.

El “¡Quieto todo el mundo!” con el que el guardia civil irrumpió en el Congreso de los Diputados retumbó en todos los rincones del país, también en aquellas ciudades “en las que nunca pasa nada”, asegura Andrés Luis Calvo, entonces secretario provincial del PSOE. El intento de golpe de Estado pilló a Zamora en medio de una tranquila tarde de febrero y la envió, de golpe, a una de sus noches más largas. “Las calles se vaciaron. Era parecido al confinamiento de marzo”, recuerdan hoy los protagonistas. A Andrés Luis Calvo el golpe le pilló en la sede de su partido, donde el gobernador civil enviaría rápidamente un coche de Policía para “custodiar” la sede, “por lo que pudiera pasar”.

Las noticias vuelan y Calvo cambia de posición a la sede del Gobierno Civil, institución ocupada entonces por el recientemente fallecido José Ramón Ónega. Ahí se encuentran varios delegados provinciales como Herminio Ramos, de Cultura, o González Vallvé, de Obras Públicas. Está también Luis Rodríguez San León, entonces senador por UCD —el partido de Adolfo Suárez— y a quién el golpe sorprende mientras mantenía una reunión con Ónega. Rodríguez San León recuerda dos hechos puntuales con toda nitidez. Primero, la aparición del teniente coronel de la Guardia Civil a la media hora del golpe, vestido “de uniforme, como si fuéramos a la guerra. Nos asustamos”. El guardia civil en cuestión era Ramón Rodríguez Medel, que dijo textualmente “Perdonad, pero os voy a secuestrar un ratito al gobernador”. Segundo, los rumores que indicaban que los socialistas estaban emprendiendo camino a Portugal. Muchos se quedan, pero se temen lo peor, como muestra el hecho de que Diego Miguel Méndez, militante del PSOE en aquella época, se encargara de esconder los documentos en los que aparecían los nombres de los 15 o 20 zamoranos entonces afiliados al partido. Esconde la lista en una huerta de Morales.

Zamoranos en el 23-F

Zamoranos en el 23-F

Si los momentos que se viven en Zamora, a 281 kilómetros del Congreso de los Diputados, son ya tensos, los que recuerdan los que entonces estaban en la Cámara Baja son “terribles”, como recuerda el entonces diputado del PSOE por Zamora Demetrio Madrid. “Recuerdo el golpe, pero también los días anteriores en Madrid. El ambiente era irrespirable, había una gran tensión, mucha inseguridad por la debilidad del Gobierno de Adolfo Suárez, pero nadie esperaba que ocurriera lo que ocurrió. Lo recuerdo con estupor, con desprecio”, asegura Madrid.

Andrés Luis Calvo, Luis Rodríguez San León y Demetrio Madrid coinciden en apuntar que hubo momentos “en los que se daba por hecho” que el golpe al que Antonio Tejero puso el rostro iba a triunfar. “Lo que pudo ocurrir fue tremendo. La situación era muy delicada y veías ahí a los golpistas, en el Congreso, secuestrando a los diputados, a varios senadores y a parte del cuerpo diplomático del país mientras nos informaban de que había capitanías generales, como Valencia, que se levantaban... Pensamos que iban a tener éxito”. En similares términos se expresa Rodríguez San León. “Yo no había estado en política en mi vida y creo que el susto era tan grande que incluso “tapó” la preocupación”. Más comedido se muestra Andrés Luis Calvo. “Claro que pensamos que podía salirles bien... hasta que apareció el rey”. El discurso de Juan Carlos I en televisión fue, dicen los zamoranos, el punto de inflexión. “En el Congreso nos damos cuenta de una forma un poco clandestina que el rey ha hablado, y en ese momento el estado de ánimo de los golpistas cambia de una forma muy visible”, apunta Demetrio Madrid. Hoy, 40 años después de la intentona de golpe de Estado, los parlamentarios echan la vista atrás. “Es la muestra de lo delicada que es la democracia”.

El diputado Víctor Carrascal, el protagonista zamorano del día

Victor Carrascal, a la derecha de la imagen. LOZ

Víctor Carrascal, el que fuera diputado por la provincia de Zamora, vivió en primer término la irrupción de los golpistas. Del parlamentario, fallecido en Madrid en 1997, es la voz que llama a votar a Manuel Núñez Encabo cuando Antonio Tejero pronuncia el “¡Quieto todo el mundo!” que hizo estremecerse a los españoles. El zamorano, confundido por la situación, pide explicaciones hasta dos veces preguntando “¿Qué ocurre? ¿Qué pasa?”, como recogen los micrófonos del Congreso de los Diputados. Víctor Carrascal, que había cursado Derecho Internacional Comparado en la Universidad de Londres, fue elegido senador por Zamora en las Cortes Constituyentes y ocupaba la Secretaría Primera del Congreso hace hoy cuatro décadas.

El general Cassinello se enteró antes del 23-F, pero le dijeron que "estaba chalado" L. O. Z.