“Castellanos y leoneses en América: narración biográfica y prácticas de identificación” es el título del último libro publicado por el Centro de Estudios de la Emigración Castellana y Leonesa, escrito por uno de sus investigadores, Arsenio Dacosta. El autor ha analizado los más de trescientos relatos recopilados durante los quince años de los Premios Memoria de la Emigración para observar este fenómeno desde diferentes perspectivas, desde la situación de crisis que obligaba a dar el paso de abandonar el hogar hacia un nuevo mundo hasta el viaje en sí “o el choque cultural que se producía al llegar a una gran urbe como Buenos Aires o La Habana, después de haber salido de una España totalmente rural”, compara el profesor Dacosta.

Las historias recogidas suponen la colección más importante de toda Europa

Otro aspecto más analítico de este libro se centra en la idea de identidad regional que subyace en estos relatos, esa vigencia de sentirse arraigados en la tierra que les vio nacer, a pesar de la distancia. “La obra aborda la auto representación de un amplio colectivo de ciudadanos de distintos países de América que, o bien nacieron en Castilla y León o son descendientes de emigrantes de nuestra región. Esta vinculación se ha visto revitalizada en los últimos 25 años”, asegura el autor, quien ha realizado un trabajo “desde una perspectiva histórica y presente, de un fenómeno relevante para la historia de Castilla y León y lo que implica, puesto que ni la Guerra Civil, ni la crisis agraria ni la mecanización del campo tuvieron ese impacto en la población”, señala. Un impacto “que todavía está muy presente, con todos los jóvenes de Castilla y León que, después de formarse, se tienen que ir fuera. Así que no es un fenómeno del pasado”, razona Dacosta.

En la presentación del libro también estuvo presente Juan Andrés Blanco, director de la UNED de Zamora y del Centro de Estudios de la Emigración Castellana y Leonesa, quien destacó que los relatos en lo que se ha apoyado Dacosta para su estudio pueden considerarse la colección más importante de toda Europa en su género. A través de todos ellos, se comprueba que los emigrantes “desde los de finales del siglo XIX, no rompen la relación con sus lugares de salida y es algo que saben transmitir a sus descendientes. Además, muchos de ellos están muy vinculados a las asociaciones de emigrantes que se forman”, añadió.

Juan Andrés Blanco (izquierda) y Arsenio Dacosta, con la portada del libro al fondo. | Jose Luis Fernández

También destacó Blanco que esa relación especial con sus lugares de origen era mucho más complicada en el pasado por las comunicaciones. “Ahora es mucho más sencillo y los que se dedican a mantenerla son sus nietos o biznietos”, señala.

Más allá de los datos objetivos, desde el Centro de Estudios de la Emigración Castellana y Leonesa se interesaron con ferviente interés por lo que decían los propios emigrados o sus descendientes. “Quizá deberíamos haber comenzado esta recopilación de relatos mucho antes”, reconoció Blanco, puesto que cuando se pusieron en marcha los Premios Memoria de la Emigración —en 2005, comenzando solamente con los zamoranos, para abrir luego el certamen a toda Castilla y León— había muchos emigrantes con una avanzada edad. “Había una urgencia por registrar los testimonios de primera mano, y no de sus familiares”, argumentó Arsenio Dacosta, quien adelantó que, en pocas semanas, se presentará en la UNED de Zamora una nueva edición de estos premios de relatos, para seguir recopilando historia vida de los últimos dos siglos.

LAS ASOCIACIONES, ACTORES ESENCIALES PARA SEGUIR ANCLADOS A LA TIERRA

Uno de los actores fundamentales para que ese arraigo con la tierra que vio partir a los emigrantes sigue vigente en las siguientes generaciones es, sin duda, las agrupaciones y colectivos que se forman en las ciudades que los acogen. Juan Andrés Blanco considera que estas asociaciones —muchas de las cuales ya han cumplido el siglo de vida, como la Colonia Zamorana de Cuba o el Centro Zamorano de Buenos Aires— realizan una gran labor. “Estas sociedades son muy familiares y practican esa identificación con la tierra a través de unos socios que, en su mayoría, ni siquiera ya han nacido allí”, reconoce, al tiempo que califica como de “verdadera emoción” lo que estos descendientes de los emigrantes sienten cuando logran viajar a Zamora y visitar los lugares donde nacieron sus abuelos y bisabuelos. “Es sorprendente la actividad que existen en estas colectividades, donde se mantiene desde la gastronomía hasta los bailes tradicionales”, pone como ejemplos. Una afirmación que corrobora Arsenio Dacosta, agradeciendo a estas asociaciones también la labor realizada para lograr que los Premios Memoria de la Emigración “hayan sido todo un éxito”.