Entre agradecimientos y despedidas vive el obispo electo de Zamora, Fernando Valera, sus últimos días en Cartagena en una cuenta atrás que le llevará el próximo 12 de diciembre a convertirse en el nuevo prelado de la diócesis de Zamora, sin titular oficial desde el fallecimiento de Gregorio Martínez Sacristán. Traerá consigo una mochila de cuarenta años -tiene sesenta- de servicio en las parroquias de Cartagena como sacerdote que le servirán para hacer frente a un territorio de escasas vocaciones y curas en peligro de extinción dada su elevada edad. Por eso precisamente sus planes a corto plazo en Zamora serán "conocer y aprender ya que voy a una iglesia milenaria con profundas raíces". De este modo vive la antesala de su ordenación Valera en declaraciones a la revista Ecclesia de la Conferencia Episcopal y a la que ha tenido acceso este diario. 

La primera visita a la diócesis de Zamora ya se ha producido, apenas unos días después de la noticia. Decidió hacerlo ante la incertidumbre que genera la pandemia sanitaria "por si nos confinaban" en un primer encuentro en la Casa de la Iglesia "donde me acogieron con profunda alegría y con gran cariño tanto los sacerdotes como los laicos que allí estaban". 

La llamada

Cuando Varela pensaba que su futuro estaría dentro de los límites de Cartagena, llegó la llamada: "Habíamos terminado el rezo del rosario en el seminario y recibí una llamada del nuncio, Bernardito Auza... tuve que preguntarle si realmente era él cuando me dijo que el Papa Francisco había pensado en mí para que pastoreara la diócesis de Zamora", reconstruye en Ecclesia. 

A tres semanas de la la ordenación oficial, Valera se prepara para su desembarco pero tiene muy clara su metodología una vez aterrice en la capital: "Yo llego allí a trabajar vocacionalmente con los sacerdotes, con el equipo del seminario y con los seminaristas. Quiero vivir y compartir la alegría de ser sacerdote para sembrar luz por la diócesis, una tarea muy hermosa que me ilusiona trabajar en el plano vocacional implica estar disponible para quien nos necesite", apunta. 

El rito de la ordenación, en el aire a causa del COVID-19

La incertidumbre ante el avance sin rumbo de la pandemia hace que se barajen distintas posibilidades de cara al 12 de diciembre, la fecha en la que oficialmente Fernando Valera dejará de ser obispo electo y pasará a ser obispo oficial en la diócesis de Zamora. En declaraciones a la revista Ecclesia de la Conferencia Episcopal, el propio futuro prelado vislumbra varias opciones: desde un aforo al 50% o a un tercio incluso, en el caso de que empeore, hacerlo de forma privada con la presencia de 25 personas con un retransmisión en directo. En definitiva, "como Dios quiera", apunta, consciente de que "hay mucha gente que está sufriendo a causa del coronavirus, por eso hay que sacrificarse y vivirlo con profundidad y agradecimiento independientemente de cómo nos toque hacerlo". En este sentido y, con relación a la pandemia sanitaria, la situación "tiene que llevar a construirnos interiormente". 

En medio del panorama que azota al mundo entero, el obispo electo da un paso al frente y asume el papel que la Iglesia debe adoptar: "Es un tiempo muy duro para mucha gente y nosotros tenemos que estar ahí para sanar esas heridas". 

Valera se muestra abierto a la hora de abordar otros temas de actualidad, como la polémica Ley Celáa, a la que tilda de "restrictiva". Aquí puedes leer lo que opina al respecto de la norma. Además, no pasa por la trascendencia de la Semana Santa zamorana y su románica. Pincha aquí y descubre su visión de la Pasión de Zamora.