Algunos llevaban semanas dándole vueltas a la idea, otros han tomado la decisión en las últimas 48 horas. El último “empujón” se lo ha dado la Junta de Castilla y León, cuando a finales de esta semana anunciaba un toque de queda que prohibía la circulación de personas y vehículos entre las diez de la noche y las seis de la mañana. Un zarpazo, sin duda, al ocio nocturno de cualquier ciudad, también en Zamora.

Poco después aparecían en las redes los primeros anuncios del cierre de negocios emblemáticos, como el Pub 43, en el centro comercial La Marina. “Pensamos aguantar hasta el 31 para deciros adiós, pero ni eso nos han dejado”, lamentaban los dueños, hartos ya de “los juegos de abre, cierra, te quito horario....”. A sus clientes habituales avisaban de que este cierre, lamentablemente, no era algo temporal. “La única forma de volver sería recuperar la normalidad. Y no llegará. Al menos en un tiempo largo”, subrayaban, para finalizar diciendo que esta situación les ha destrozado “y no merece la pena también que destrocen nuestra salud mental. Esto se acabó”.

Otro de los bares, esta vez en la calle Los Herreros, que también ha decidido cerrar su trapa es el Muro. “Los acontecimientos se han ido precipitando a gran velocidad en los últimos días. Nuestra idea siempre ha sido seguir adelante a pesar de todas las restricciones que de la noche a la mañana venían imponiendo a todos el sector. Llegados a este punto, la situación es inviable y no nos queda otra que cerrar nuestras puertas”, explicaban en sus redes.

En la calle más típica de bares de la capital son varios establecimientos los que han seguido el ejemplo del Rock Bar Muro, pero no con un cierre definitivo, sino temporal “hasta que las cosas mejoren”. Es el caso de La Bodeguilla Rock, al final de la calle. También hartos del “abre, cierra, cierra, abre”, se han visto abocados a tomar esta decisión. “El local lo tengo en propiedad y en ese sentido no tengo gastos, pero otras facturas siguen llegando, así que lo mejor es cerrar, porque tampoco puedo adaptar mi bar a ofrecer otros servicios, como dar comidas”, pone de ejemplo Cristina Fernández. “Además, está zona es esencialmente nocturna, yo suelo abrir a las nueve de la noche y hacerlo más pronto, teniendo en cuenta además el reducido aforo del local, no merece la pena”, considera.

Una pareja, frente a la puerta cerrada del Pub 43 Nico Rodríguez

Con una experiencia de catorce años detrás de la barra, agradece todo el apoyo mostrado por “tanta gente que, más que clientes, son verdaderos amigos”, asegura. Grupos de personas fieles a este bar, pero que también “se nota que salen menos por la situación actual”, reconoce.

En el horizonte, Cristina no ve un futuro muy halagüeño. “Lo veo bastante negro. Para empezar, ya perdimos todo lo que podíamos haber ganado durante la Semana Santa, que es un temporada muy buena para el sector en Zamora. Y está claro que también se perderán las navidades”, vaticina. “Ambas épocas son auténticas bombonas de oxígeno para la hostelería zamorana”, señala, a las que hay que sumar otros pequeños momentos próximos como la celebración de Halloween o el Puente de la Constitución. “No son tan potentes, pero también ayudaban”, explica.

La decisión ha sido difícil, sin duda, “pero también es un acto de responsabilidad, como persona que vive en comunidad. Yo ya cerré durante el estado de alarma y ahora capearemos el temporal como se pueda”, justifica.

Pero, sin duda, uno de los cierres —afortunadamente, temporales— que más ha sorprendido en la zona de Los Herreros ha sido el de uno de los bares más frecuentados para reponer fuerzas con sus montados, pinchos, raciones y archiconocidos triángulos, el Mesón Bayadoliz. De hecho, su dueño, Kike, asegura que es la primera vez que cerrará sus puertas —aparte del parón por el confinamiento de marzo y los merecidos días de vacaciones— en sus 46 años de vida, puesto que se abrió en 1974.

La decisión ha sido relativamente sencilla de tomar, según el hostelero. “No tienes margen de horas con esta medida de la Junta y para estar trabajando incómodo, no merece la pena, así que lo mejor es cerrar”, sentencia. Un cierre que, en principio, será de catorce días. “Luego, ya se verá cómo avanzan las cosas”, apunta.

Y es que, aunque el negocio abre relativamente temprano para lo que es la zona, a las 18.30 horas, es a partir de las nueve de la noche cuando la gente entra a tapear. Gente que no ha parado de animar a Kike tras su difícil decisión —”habíamos comentado hace tiempo esta posibilidad y se ha hecho finalmente”, recuerda— tanto en persona como por las redes y clientes que esperan pronto recorrer los Herreros para disfrutar de nuevo.