El Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata de Mujeres permite visibilizar un delito que ni las restricciones por el COVID-19 ha impedido paralizar en la provincia de Zamora, donde algunos clubs de alterne siguen abiertos. En la capital, el negocio de la prostitución se ha desplazado a una veintena de pisos. La mayoría de las prostitutas que ejercen en territorio zamorano proceden de Latinoamérica, Brasil y países del Este, controladas por las redes internacionales de trata de mujeres. La abolición o legalización de esta actividad se ha avivado ante el riesgo de contagio del virus que conlleva. Esta práctica sigue amparada bajo una supuesta libertad de ejercicio individual, si bien detrás existe el negocio de redes de proxenetas que captan a las mujeres bajo la promesa de un puesto de trabajo legal en España, como han demostrado los múltiples juicios celebrados en la provincia.

Las mafias prestan el dinero del pasaje a estas mujeres para financiar el viaje a España -desde los 3.000 hasta los 6.000 euros-, un visado de estancia temporal en territorio español y otra cantidad para que puedan justificar su condición de “turistas” si son interceptadas por la Guardia Civil o la Policía Nacional antes de llegar a su destino. Un destino de cuya actividad pocas saben y en el que muchas creen que serán meras “camareras” o personal de limpieza. La pesadilla comienza cuando cruzan el umbral y pierden su libertad. Los responsables de los locales les arrebatan la documentación, el dinero y les obligan a realizar servicios sexuales cada noche, sin descanso en la mayoría de casos. Empiezan a pagar la deuda contraída desde la primera noche de alojamiento. Del dinero que obtienen, entre 40 y 60 euros por cliente, un destacado porcentaje irá al proxeneta, a pagar su estancia en el club: cama, comida, preservativos, sábanas, toallas para cada servicio, casi 300 euros a la semana. Convertidas en inmigrantes ilegales, la deuda las amarra a la red que puede llegar a exigirles 14 servicios por noche. La Opinión-El Correo de Zamora recoge dos desgarradoras historias vividas en la provincia.

La primera de ellas es la de Alejandra, que llegó al prostíbulo por un anuncio en Internet: "Cerraba los ojos y pedía a Dios que pasara pronto". Lee aquí su historia.

La segunda es la de T. P. A., que ha ejercido la prostitución de forma intermitente desde que llegó a España hace años en busca de dinero para su familia. Lee aquí su historia.