María Fraile ha participado esta semana en unas jornadas de la Biblioteca Pública del Estado sobre cuentos y canciones para madres embarazadas y bebés. La narradora aboga por reforzar el vínculo entre padres e hijos desde el momento de la gestación y en los primeros meses a través de las palabras y asegura que los relatos de las abuelas todavía son válidos para forjar esta unión única y maravillosa.

–¿Cómo decidió especializarse en cuentacuentos para futuros padres y bebés?

–Yo soy narradora oral, cuentacuentos. Tengo una cría de diez meses y el año pasado, cuando estaba embarazada, un bibliotecario me sugirió que podía, en mi estado, contar cuentos a otras embarazadas. Fue una propuesta que acepté, así que se trata de algo casual, aunque yo ya estaba en contacto con libros relacionados con la gestación y cuentos para bebés. Pero fue una oportunidad para introducirme un poquito más en el mundo de la literatura infantil y el embarazo.

–¿Qué ha ofrecido en las sesiones que ha impartido durante dos días en la Biblioteca Pública del Estado?

–La primera sesión se dividió en dos caminos. Por un lado, el trabajo durante la gestación, con cuentos relacionados con este estado y con la emocionalidad que siente la madre en este tiempo, al igual que el padre, así como todas las primeras veces de los bebés. También expliqué por qué es bueno utilizar cuentos para bebés. La segunda jornada se dedicó exclusivamente a diferentes juegos para los niños puestos en marcha a través de los cuentos.

–Usted que lo ha vivido en primera persona, ¿cuál cree que es la fuerza de la palabra para crear ese vínculo tan especial?

–Durante el embarazo tú escuchas muchas veces que hay que poner música en la barriga. Esto es lo mismo, pero en vez de sinfonías de Mozart o Beethoven, es tu propia voz. Al fin y al cabo, es la que está escuchando tu bebé continuamente y la que seguirá oyendo cuando salga.

–¿Es una conexión exclusiva de la madre?

–Puede sentirla también desde el padre o la pareja que se tenga hasta la abuela. Es una forma de crear un vínculo con cualquier familiar y se puede hacer desde el quinto mes de embarazo, que es cuando el bebé empieza a escuchar, y continuar de igual manera cuando salga fuera.

–¿Qué tipo de relatos se suelen utilizar?

–Normalmente se trabaja con los cuentos o retahílas de falda, los que nos han contado y cantado las abuelas como “Los cincos lobitos” o “Antón Pirulero”. Son esos clásicos que saben todas las generaciones y que se han ido pasando de forma oral de unas personas a otras. Pero ahora la oportunidad que tenemos es que hay gran cantidad de libros que tienen recopilados esos cantos y retahílas, pero además, basándose en ellos, han ido creado nuevos relatos.

–¿Qué es lo que atrae al bebé de estos cuentos?

–El sonido, la entonación y sobre todo la rima. Es eso lo que les envuelve. De hecho, mucha de la literatura que hay para bebés está hecha en rima y en canción. Te puedes inventar la canción, pero en muchos libros viene ya un código QR con el que te puedes descargar una canción para poder jugar con tu bebé.

–Así que es un sistema que avanza con los tiempos.

–Y con el que se ofrecen herramientas a los padres para incentivar la buena crianza.

–¿Es más complicado mantener estas tradiciones teniendo que luchar con lo que ofrecen las nuevas tecnologías?

–Creo que se pueden fusionar ambas. Lo importante es sabe que tenemos esos recursos. Mucha gente se sorprende cuando les digo que uno de los primeros cuentos que hay para bebés son “Los cinco lobitos”, pero estamos tan ansiosos por buscar cosas nuevas que nos olvidamos de todo lo que ha habido a lo largo del tiempo que ha funcionado. Las cosas que hay ahora están basadas en esas canciones antiguas y es muy fácil fusionar ambas cosas.

–¿Qué beneficios reporta el poder contactar con un bebé de esta manera?

–Cuando utilizas un cuento con un bebé, tienes que estar ahí, porque el bebé se va a relacionar con el libro como lo hace con cualquier otra cosa, es decir, jugando, mordiendo, chupando o tirándolo al suelo. Y ahí estás tú para hacer las tareas de lectura, canto y juegos con él. Así se crea un espacio en el que vas a tener toda tu atención en el bebé. Quizá con otros juguetes puede que estés tú más disperso, pero con un libro estás muy presente y el bebe se enriquece de eso. Además, así le estás dando un relato diferente al habitual, con frases habituales. De repente, al bebé le das otro tipo de oralidad, contándole una historia con un principio y un fin. Y esas palabras van quedando ahí. Hasta los tres años, a un bebé le resulta muy curiosa la escritura, aunque no la entienda. Así que todo eso queda ahí, incluso el manejo del libro. A nivel del vocabulario también es enriquecedor, porque puede haber palabras que tú normalmente no utilizas pero están en los libros que lees.

–¿Qué fuerza tiene la tradición oral para aguantar durante siglos y siglos?

–La tradición oral y los cuentos tradicionales siguen enseñando a los niños y poniéndolos en un lugar donde no se podrían poner de otra forma. Se enseñan valores y cómo desarrollarse en el mundo a través de los cuentos y eso queda ahí de una forma muy inconsciente, con su propio imaginario.