La diócesis de Zamora podría conocer a su nuevo obispo entre finales de este mes de septiembre y principios de octubre. Esas son las fechas que se barajan para cubrir una sede que cumplirá un año vacante este próximo 20 de septiembre, cuando se celebre el aniversario del fallecimiento de Gregorio Martínez Sacristán. Desde entonces, los fieles aguardan un nombramiento que el propio el administrador diocesano, José Francisco Matías Sampedro, deslizó que se produciría en esta misma fase del calendario. No obstante, el proceso es complejo y nada se sabrá –salvo los habituales rumores– hasta el momento en que el papa Francisco, en colaboración con la Congregación para los Obispos, decida lanzar el nombre del encargado de portar de nuevo el báculo pastoral.

Pese a que un año puede parecer muy largo para designar un sucesor, la realidad es que estos son los plazos habituales en que se mueve la Iglesia para el nombramiento de nuevos obispos. De hecho, tan solo hay que echar un vistazo a la historia para comprobarlo. Cuando Juan María Uriarte fue trasladado en enero del año 2000 al obispado de San Sebastián, la sede de San Atilano permaneció vacante hasta febrero de 2001.

Por esta razón, la demora no preocupa en el seno de la diócesis de Zamora. Además, el gobierno está asegurado desde que el nuncio solicitara el mismo día del funeral de Gregorio Martínez Sacristán que se procediera a la elección de un administrador diocesano. Obedeciendo al mandato, el Colegio de Consultores eligió a José Francisco Matías Sampedro como administrador apenas cuatro días después, quien tomó el cargo por “responsabilidad eclesial”. Desde entonces, los designios de la Iglesia en Zamora se encuentran bajo su tutela, aunque ya manifestó el pasado mes de agosto que todo el mundo dentro de la diócesis esperaba que el nombramiento no se demorara mucho más en el tiempo de lo que actualmente marca el calendario.

El anhelo en Zamora es que exista un nuevo líder diocesano lo antes posible. La persona que designe el papa Francisco se convertirá en el obispo número 98 de este territorio y, salvo habladurías, nadie hasta el momento conoce quién puede recibir ese encargo. El último precedente de nombramiento de un obispo que afectara a la provincia de Zamora se produjo en la diócesis de Astorga, con la llegada de Jesús Fernández González, que se produjo el pasado 8 de junio, y que tuvo lugar un año y quince días después del fallecimiento de su predecesor, Juan Antonio Menéndez.

Fernández, que hasta su llegada a Astorga ejercía como obispo auxiliar de Santiago de Compostela desde 2013, fue anunciado en el puesto en un momento en el que se comunicaron diversos cambios, y en el que ya se especuló con la posibilidad de que la Diócesis de Zamora contara con un nuevo prelado de forma inminente.