Las catas efectuadas ayer bajo la capa superficial de algunas zonas del cereal almacenado en las tres naves incendiadas de la cooperativa Cobadu arrojan temperaturas que se aproximan todavía a los 100 grados centígrados. A unos cuarenta centímetros de profundidad, las montañas de grano se mantienen con un exceso de calor que justifica la vigilancia constante y una acción continuada del personal del Parque de Bomberos de la capital.

Se trabaja sobre el cereal ya quemado en el siniestro, con líneas de mangueras en las tres naves más afectadas que almacenaban el grano, “se va controlando de una nave a otra por si hay un punto donde reaviva el fuego”. El uso del agua tiene que ser muy pautada y en cantidades justas “para evitar que fermente el grano y su autoinflamación”, apuntan las mismas fuentes. En estas circunstancias, “el calor no se disipa y, a nada que sopla el viento, se avivan los focos”, como ocurrió el lunes, cuando el humo fue más intenso y llegó a verse claramente en la capital. La gran superficie a controlar precisa del trabajo coordinado entre bomberos y empleados de Cobadu, “los propios trabajadores avisan” cuando detectan alguna columna de humo, “la líneas de manguera están continuamente sobre las cubiertas de las tres naves siniestradas donde se encuentra el cereal” y se usan solo si es imprescindible.

De modo que, Cobadu facilita al operativo del Parque de Bomberos de la capital espuma no contaminante para combatir esos focos, un producto “especial para combustibles sólidos, que no es tóxica, no tiene flúor, para no perjudicar al producto”. Pero las altas temperaturas que conserva el grano, “deshidratan esta espuma”.

Un retén permanece destacado en las instalaciones en dos turnos, de mañana y tarde, con profesionales incorporados de sus vacaciones, mientras que el turno habitual del Parque, conformado por diez bomberos, está en alerta durante la noche por si tiene que intervenir de urgencia. El objetivo es impedir que los pequeños focos que existen cojan fuerza y se extiendan, explican fuentes del operativo, realizan, pues, lo que se denomina “el control de la fatiga” del impresionante incendio vivido la madrugada del 6 de septiembre en las instalaciones.

Ayudados por personal de la sociedad agropecuaria, los bomberos tienen destacados en la sede de la cooperativa a un cabo, un conductor y tres bomberos, equipados con dos máquinas, una autobomba y una autoescalera, controlando unas dependencias “enormes de grano”, con capacidad para albergar 450 millones de kilos de materias primas, por lo que “es difícil de apagar si no se enfría” de manera continuada el producto acopiado.

Tampoco se puede utilizar mucho cantidad de agua para apagar esos restos de brasas porque se complicaría la situación si el grano termina fermentando, reiteran las mismas fuentes.

Para atajar definitivamente esos focos, es imprescindible “remover el cereal para que se enfríe”, una tarea que precisa de una gran superficie por el volumen de tonelaje. Mientras la cooperativa encuentra un lugar para llevar a cabo esta tarea, la presencia de los bomberos es imprescindible. Nueve días después del grave incendio ocurrido, se mantienen dos “relevos para el control de fatiga” efectuados por cinco funcionarios del Ayuntamiento de Zamora, que inician su turno desde las 8.00 horas cada día y se mantienen de forma presencial hasta las 21.00 para que no haya reiniciaciones del fuego.