Lo volverían a hacer sin dudarlo. “Tenemos la responsabilidad de ayudar porque conocemos el río”. Alejandro Martínez Moreno y Marcos Antúnez Iglesias, a sus 17 y 16 años, no dudaron un segundo en seguir al policía nacional Javier Montero cuando se los encontró en el embarcadero cercano al puente nuevo de la autovía A-66, desde el que se acababa de lanzar una mujer al Duero. Los dos canoístas, que estaban esperando a sus compañeros para seguir el entrenamiento diario de su club ADZ Iberdrola, no dudaron en plantarse en mitad del cauce y fueron decisivos en el salvamento de esta zamorana y del otro policía, José Navas, que se tiró tras ella y ya la socorría en mitad del cauce sin poder controlarla. Mantuvieron a flote a Navas, que se agarraba a una de las embarcaciones “mientras sujetaba con el otro brazo a la señora”, recuerda Marcos. Junto a su compañero Alejandro, situaron sus canoas rodeando a la mujer y al policía, ya en serios apuros, “estaba muy cansado cuando llegamos”. Otro compañero piragüista se encargó de recoger a Montero y acercarlo al lugar del suceso, para regresar al club en busca de un flotador. Mientras, los dos adolescentes bloqueaban a la mujer y al policía que la sujetaba continuamente para que ella no pudiera hacer fuerza y sumergirse. “Fue una experiencia peligrosa”, apunta Marcos, “porque había bastante riesgo de que ambos se ahogaran, la señora no ponía de su parte”. De hecho, Alejandro cuenta que “el primer recuerdo que tengo es ver al policía esforzándose porque ella no se ahogara”. A Marcos aún le asaltan de vez en cuando imágenes del momento, “de cuando la mujer trataba de sumergirse y del policía sacándola. Ella lloraba y miraba hacia arriba”. Marcos llegó a perder el equilibrio en su barca, que tocó fondo por la parte de atrás “porque me pusieron mucho peso”, ya era una zona próxima al azud, “me bajé y fui a la “sequera”. Antes, junto a su compañero Alejandro, piragüistas y los dos policías nacionales, cumplió con creces la misión: la mujer llegó a la orilla de la azud, donde esperaban los bomberos con la zodiac, y fue rescatada con vida, aunque con la pelvis rota.

No se consideran valientes ni héroes, “no le damos importancia, ni nuestras familias”. Tampoco tuvieron tiempo de plantearse a qué se enfrentaban, solo pensaron en ayudar en lo posible. “Cuando el policía nos pidió que entráramos en el río, solo pensábamos en llegar lo antes posible”. ¿Miedo? “Pasamos un poco”, confiesa Alejandro, pero sobre todo “nervios, tensión. Pero, al final, todo fue sencillo”, declara con absoluta sencillez.Su templanza, a pesar de los nervios que admiten haber pasado, fue decisiva para salvar a la mujer que se arrojó desde el puente nuevo al río Duero el jueves. Los dos canoístas de 16 y 17 años recuerdan el momento sin dar importancia a su intervención para ayudar a los dos policías nacionales que se lanzaron a por la zamorana. Ellos tampoco lo pensaron dos veces.

Los jóvenes canoístas del Duero, los otros héroes del rescate

“NUESTROS COMPAÑEROS NOS FELICITARON POR AYUDAR Y DICEN QUE FUE UNA SUERTE QUE TODO SALIÓ BIEN”

Hasta que los compañeros no les felicitaron, llegaron las llamadas de la Policía Nacional y de la Subdelegación del Gobierno, ni Marcos Antúnez Iglesias ni Alejandro Martínez Moreno dieron importancia a su colaboración en el salvamento de la zamorana que se tiró al río Duero el pasado jueves, desde el puente nuevo de la autovía. “Los compañeros nos han dicho que hicimos bien y que tuvimos suerte”. Para ellos también tienen palabras de reconocimiento, “el momento más difícil fue hasta que llegaron ellos con el flotador y de todo” para poder terminar con éxito la operación de salvamento, que se prolongó durante unos 20 minutos. Los amigos, al principio, no les creían, y sus familias, al igual que ellos, restaron trascendencia a lo que habían hecho en mitad del cauce del Duero, un comportamiento ejemplar y que contribuyó en gran medida a poner a salvo a los dos policías nacionales que se arrojaron al río para sacar a la zamorana de mediana edad que parecía decidida a poner fin a su vida. Ninguno de ellos ha vivido una situación similar. Y seguramente nunca lo podrán olvidar. Por lo pronto, recibirán una condecoración de la Policía Nacional.