El dato es conocido: estamos especializados en turismo, nuestra industria nacional, la que más aporta al PIB y sueñan las ciudades y provincias españolas...La gallina de los huevos de oro más perseguida en todos los pueblos con algún patrimonio que ofrecer. Antes todavía pedíamos industrias, factorías que produjeran algo concreto... hoy ese algo lo producen otros países europeos, y nos lo venden. A cambio, nosotros ofrecemos, es un decir, nuestros servicios turísticos, un sector en el que hemos alcanzado altas cotas de competitividad mundial: fuimos en 2019 el segundo país receptor de turistas, 83 millones que llenaron de pisadas el suelo hispano.

Pero no es oro todo lo que reluce en esos huevos nacionales. El sector, para alcanzar tan alto nivel, se sirve de lo que el Estado invierte en servicios públicos, como el abastecimiento de las cantidades ingentes de agua que consumen las zonas turísticas, o la gestión de residuos, por citar solo dos de los más evidentes, aunque hay muchas otras infraestructuras de las que disfruta, además de la promoción pública que hacen las instituciones. Es un sector que crea empleo, aunque temporal y precarizado, pero también es responsable de la destrucción medioambiental que acompaña tal desarrollo.

Zamora, aunque aún no sufre una fuerte turistización, también aspira a conseguir su cuota de viajeros, que este año, debido a la restricción de la movilidad por la pandemia, ha recibido un serio revés, mostrando su lado más frágil. De ahí la necesidad de pretender para la provincia un turismo ordenado, a la medida de nuestras mejores características y en el que participen otros sectores de manera equilibrada, como el primario, que permite acercar y explicar el mundo rural, promoviendo el consumo de productos locales y un modo distinto de viajar de forma próxima y tranquila.

Pero ¡atención! aquí las macrogranjas contaminantes, las actividades destructoras del paisaje, sean de extracción minera o de producción de energías renovables, solo servirán para alejar más ese modelo sostenible que precisamos, y que nos permitiría albergar esperanzas en un territorio con grandes posibilidades medioambientales.

Precisamos con urgencia coordinar un proyecto global, que profundice en promover los muchos recursos locales y que tenga en cuenta al visitante, pero también al paisano, buscando en ambos casos calidad de vida y un respeto absoluto al entorno, nuestro gran activo.

Concha San Francisco