Sesión de intervención individual en Intras. | Cedida

Un momento de entrega de material en la Fundación Intras. | Cedida

Un voluntario atiende a las explicaciones del profesional. | Cedida

Las necesidades de los más vulnerables no entienden de pandemias. Organizaciones zamoranas como la Fundación Intras o Cruz Roja se mantienen al pie del cañón después del confinamiento, con nuevos protocolos, pero sin dejar de prestar atención a sus usuarios. Tanto estos como los profesionales se adaptan ahora a una situación tan novedosa como inesperada.

La Fundación Intras, dedicada al cuidado de personas con enfermedad mental, se centró, en un principio en que estas “entendieran el peligro de salir de casa, gracias al esfuerzo brutal de los profesionales que no solo tenían que hacer su trabajo diario, sino exponerse al virus, exponer a sus seres queridos y a quienes asisten”, subraya Adrián Pérez, director de los centros de día de Intras en Zamora.

Desde entonces, el teletrabajo ha llegado a las asociaciones, como a tantos otros sectores. En la fundación se ha hecho “a través de grandes inversiones en tecnología para mantener el contacto con los usuarios, a la vez que formar a los profesionales sin ponerlos en riesgo”, indica. En el caso de Cruz Roja, la mayor inversión se ha destinado en material sanitario, tanto durante el estado de alarma como ahora, “nunca hemos tenido desabastecimiento porque ya disponíamos de mascarillas, pero sí hemos hecho más gasto en EPIs o mamparas, y lo seguimos haciendo por prevención”, apunta Concepción Domínguez, responsable de prevención de riesgos laborales de la organización, que también ha facilitado equipos informáticos a los trabajadores o voluntarios que no disponían de estos, y “hemos hecho una evaluación de los riesgos del teletrabajo”, añade. Pasado el confinamiento, las reuniones en esta entidad son por vías telemáticas.

Algunos monitores han hecho sesiones de ejercicio online, o han enviado recetas por las redes sociales como si se tratase de un taller de cocina. Pero en otros casos, el contacto en línea ha sido difícil, pues no todos los usuarios disponían de Internet, “en mi trabajo, el mayor problema ha sido la falta de acceso a las nuevas tecnologías, a veces la atención solo ha podido hacerse telefónicamente”, apunta la psicóloga de Intras Natalia Martín Rivera. Pero “no es lo mismo trabajar por vías telemáticas que presencialmente, porque estamos muy acostumbrados a ver a las personas todas las semanas y ha costado por ambas partes, algunos lo han llevado con angustia, y otros se han encontrado cómodos”, apunta la psicóloga. Con el teletrabajo, “no se puede ver cómo reaccionan y se pierde parte de información, y al fin y al cabo, es en los centros de día donde se desarrolla su vida social”, agrega.

Por su parte, en Cruz Roja, solo el 10% de los profesionales ha teletrabajado al cien por cien, el resto lo ha hecho de la forma tradicional, aunque por turnos, “siempre con un mínimo de gente y favoreciendo la conciliación personal y familiar”, comenta Domínguez.

Planes de contingencia

Cruz Roja en Zamora comenzó esta adaptación en febrero, y desde entonces ha seguido los planes de contingencia de la entidad a nivel nacional. El mayor esfuerzo de la organización se centra en la formación de quienes la componen, en manejo de EPIs, desinfección o conocimiento del coronavirus. Todas las medidas de seguridad están garantizadas en sus sedes, al igual que en Intras, y la adaptación, según sus representantes “ha sido buena”.

Gracias al esfuerzo de todos, en ninguna de estas dos asociaciones zamoranas se ha detectado ningún caso de COVID-19. Ahora Zamora se encuentra en el mejor de los escenarios posibles: “una ciudad normalizada, con las medidas de seguridad necesarias”, explica Concepción Domínguez. Sin embargo, se tienen en cuenta protocolos para otras posibles situaciones, una de mantenimiento de la actividad con servicios mínimos y focos controlados, o el más indeseable, de rebrotes, solo con servicios esenciales.