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Ahorros

Ahorrar tiempo también es ahorrar: el sencillo truco de los “puntos de salida”

Más allá de reducir gastos, el ahorro de tiempo mediante la planificación y la eficiencia en las tareas domésticas genera beneficios considerables

Un hombre consulta su reloj inteligente.

Un hombre consulta su reloj inteligente. / Shutterstock

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Zamora

Cuando se habla de ahorro, casi siempre pensamos en reducir gastos, comparar precios o aprovechar ofertas. Sin embargo, existe otro recurso que también tiene un enorme valor y que solemos desperdiciar sin darnos cuenta: el tiempo.

Una técnica sencilla para recuperarlo consiste en establecer un “punto de salida” antes de empezar una tarea. Es decir, decidir de antemano cuándo vamos a dejar de hacerla.

Por ejemplo, en lugar de sentarse a “mirar el correo”, podemos proponernos responder únicamente los cinco mensajes más importantes. Si necesitamos buscar un producto antes de comprarlo, podemos fijarnos un límite: comparar tres opciones y después elegir. Y si estamos investigando algún asunto, podemos decidir que dedicaremos un tiempo concreto antes de tomar una decisión con la información disponible.

La idea parece obvia, pero ataca una de las formas más habituales de perder tiempo: continuar una tarea mucho después de que haya dejado de aportar un beneficio real. Revisar una vez más, buscar otra oferta, leer otra opinión o realizar un último retoque puede convertir una actividad de veinte minutos en una tarea de una hora.

Este pequeño hábito puede aplicarse también al ahorro doméstico. Comparar precios es útil, pero dedicar dos horas a encontrar una oferta que supone apenas un euro de diferencia puede terminar siendo un mal negocio si tenemos en cuenta el valor de nuestro tiempo.

Otro recurso eficaz consiste en dejar preparada la siguiente acción antes de abandonar una tarea. Si estamos organizando las cuentas de casa, por ejemplo, podemos anotar antes de cerrar: “Mañana: revisar recibo de electricidad”. De esta manera, cuando retomemos la actividad no tendremos que perder varios minutos intentando recordar dónde nos habíamos quedado.

Y existe una tercera regla especialmente útil: si hacemos algo manualmente por tercera vez, conviene preguntarse si podemos convertirlo en una rutina, una plantilla o una automatización. Desde guardar una lista de compra habitual hasta programar transferencias periódicas o utilizar respuestas predeterminadas para gestiones repetitivas.

Ahorrar no consiste únicamente en conservar dinero. También significa evitar pequeñas pérdidas repetidas que, acumuladas durante semanas y meses, terminan teniendo un coste considerable.

Porque quizá uno de los ahorros más rentables sea precisamente el que menos aparece en nuestras cuentas bancarias: recuperar unas horas cada semana para dedicarlas a aquello que realmente importa.

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