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A sal, a crema solar, a cloro, a fruta, al plástico del hinchable... ¿Por qué huele tanto el verano? Hay un motivo

Esta es la razón por la que una sandía abierta, una bolsa de basura, una barbacoa o una loción parecen oler mucho más en julio que en enero

Se recomienda el uso de crema solar de amplio espectro de protección.

Se recomienda el uso de crema solar de amplio espectro de protección. / LOZ

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¿No te parece que en verano los olores parecen más intensos? La típica expresión de "cómo huele a verano" al oler a crema solar o al plástico de un hinchable. Todo eso no es una sensación tuya, ocurre de verdad porque el calor facilita que muchas sustancias se evaporen más rápido. Por eso huelen más la fruta madura, el césped o el protector solar, pero también la basura o incluso el asfalto caliente. El verano no solo se nota en la piel: también se huele.

El verano no solo llega con calor, sandalias y persianas bajadas desde por la mañana, también llega con olor. Al evaporarse todo más rápido con el calor, los olores se liberan con más intensidad y llegan antes a nuestra nariz. Por eso una sandía abierta, una bolsa de basura, una flor, una barbacoa o una crema solar parecen oler mucho más en julio que en enero.

También influye la humedad. Cuando el ambiente está cargado, los olores pueden quedarse más tiempo flotando y resultar más pesados. Es esa sensación de tarde bochornosa en la que todo parece oler más: la calle, los portales, los bares, los jardines y hasta el coche cuando se abre después de horas al sol.

El verano, además, multiplica las escenas olorosas. Hay más comida al aire libre, más sudor, más piscinas, más terrazas, más plantas en plena actividad, más basura orgánica fermentando rápido y más ventanas abiertas. La ciudad y los pueblos respiran de otra manera, y eso también se huele.

La tierra mojada

Uno de los olores más típicos es el de la tierra mojada después de una tormenta o de un riego. No es solo romanticismo: cuando el agua toca el suelo caliente, se liberan compuestos que estaban atrapados en la tierra, las plantas o el polvo. Por eso una tormenta de verano puede oler casi antes de llegar.

Otro clásico es el asfalto caliente. Durante el día acumula temperatura y desprende un olor muy reconocible, mezclado con polvo, goma, combustible y el propio calor de la calle. No es precisamente perfume, pero forma parte del paisaje urbano del verano.

La fruta también tiene su papel. Melocotones, melones, sandías, ciruelas o tomates huelen más porque maduran deprisa y liberan más aroma. En una cocina de verano, una fuente de fruta puede perfumar una casa entera.

Y luego está el olor a crema solar, quizá uno de los más poderosos de la memoria. Basta abrir un bote para que aparezcan de golpe playas, piscinas, vacaciones, toallas, sombrillas y tardes largas. No es solo olor: es recuerdo embotellado.

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