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El secreto de los ‘souvenirs’: no estás comprando un recuerdo

Por qué los viajeros siguen comprando y cómo funciona el negocio que hay detrás

Zamora no es ciudad de souvenirs

Zamora no es ciudad de souvenirs / Alba Vigaray

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No importa si es un imán, una taza, una figura o una postal. Millones de turistas siguen comprando recuerdos cada año y alimentan una industria que vive uno de los mayores momentos de expansión de su historia: la de los souvenirs.

Según explica la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), el turismo global ha alcanzado cifras récord y eso está impulsando también el negocio de los souvenirs. Un estudio de Business Research Insights prevé que el mercado mundial de recuerdos turísticos alcance un volumen de 108.350 millones de dólares, cerca de 100.000 millones de euros.

Solo en España, los datos recientes del INE muestran que el gasto total de los turistas internacionales ha marcado máximos históricos cercanos a los 76.074 millones de euros.

La profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC Ana Jiménez-Zarco explica que los viajeros actúan con una lógica diferente durante las vacaciones. "No compramos un objeto útil, compramos la evidencia física de haber estado y haber viajado", señala la experta.

Para ella, el souvenir cumple una doble función. Por un lado, sirve como validación personal de la experiencia vivida y, por otro, funciona como una prueba social que demuestra que se ha visitado un lugar determinado.

Del recuerdo artesanal a una industria global

La industria del souvenir ha experimentado una profunda transformación en las últimas décadas. Lo que tradicionalmente estaba ligado a la artesanía local se ha convertido en un negocio global apoyado en complejas cadenas internacionales de suministro.

La paradoja, destacan los expertos de la UOC, es que muchos viajeros buscan llevarse un recuerdo asociado a una experiencia local y auténtica, aunque gran parte de esos productos se fabrican a miles de kilómetros de distancia, especialmente en Asia.

Cristian Castillo, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC, explica que este fenómeno es posible gracias a las economías de escala y a los bajos costes del transporte marítimo. Además, señala que las navieras prefieren llenar los contenedores de vuelta con productos de bajo valor antes que realizar trayectos vacíos.

El turismo religioso también impulsa el negocio

La UOC destaca que esta tendencia también afecta al turismo religioso. Víctor Albert, profesor de los Estudios de Artes y Humanidades de la universidad y experto en sociología de la religión, señala que la religión participa igualmente de la turistificación de las ciudades.

Espacios como la Sagrada Familia o acontecimientos como la visita del papa León XIV generan una importante actividad económica asociada a la venta de recuerdos y objetos simbólicos.

En palabras de Albert, los miles de visitantes que acuden cada día a este tipo de lugares ayudan a mantener vivo el patrimonio religioso y generan una actividad económica significativa.

Los turistas compran menos, pero gastan más

Los hábitos de consumo también están cambiando. Datos recogidos en el Gift Shop Magazine Trend Report muestran que los turistas gastan hasta un 15% más por viaje en recuerdos, aunque adquieren un 40% menos de objetos.

Para responder a esta demanda, las empresas trabajan con modelos flexibles que combinan grandes pedidos realizados con meses de antelación y suministros rápidos procedentes de proveedores cercanos para cubrir los picos de demanda.

La proliferación de tiendas de recuerdos también está generando debate en numerosos destinos turísticos. Jiménez-Zarco advierte del riesgo de que determinados barrios pierdan parte de su identidad debido a la concentración de hoteles y comercios orientados exclusivamente al visitante.

Los expertos también señalan que el crecimiento de esta actividad obliga a replantear la logística urbana. En palabras de Castillo, los modelos de distribución mediante microhubs y bicicletas eléctricas de reparto se perfilan como una solución para abastecer este tipo de comercios en centros históricos con fuertes restricciones al tráfico.

Para la UOC, el reto pasa por encontrar un equilibrio entre el desarrollo económico que genera el turismo y la conservación de la identidad y el atractivo de las ciudades que precisamente atraen a esos visitantes.

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