Lo llevas haciendo mal toda la vida: los diez errores de limpieza que estropean tu casa
El uso excesivo de lejía, frotar con fuerza o emplear productos abrasivos son prácticas comunes que pueden dañar los muebles y superficies del hogar sin que nos demos cuenta

Despídete de las manchas de lejía con este truco / LOZ
Puede que lo lleves haciendo mal toda la vida y no lo sepas. Si además de que limpiar es una lata no solo no sirve para nada sino que estropea tu mobiliario, entonces hay que cambiar de hábitos sí o sí. Los gestos más habituales en nuestras rutinas domésticas pueden estar deteriorando la casa sin que nos demos cuenta. Entre la práctica más habitual hay una que se lleva la palma: usar demasiada lejía. Cuidado, mucho cuidado, con este producto.
Lo mismo ocurre a la hora de frotar. Hacerlo con fuerza en superficies delicadas o abusar de los productos multiusos pueden terminar dejando marcas permanentes o desgastando materiales.
10 cosas que limpias mal en casa (y no lo sabías)
- Las encimeras de mármol o granito: Usar limón, vinagre o productos abrasivos las erosiona y mata su brillo natural.
- El suelo de madera: Fregar con demasiada agua provoca que se hinche y se deforme con el tiempo.
- La mampara del baño: Los estropajos duros crean microarañazos donde luego se incrusta aún más cal.
- El microondas: Limpiarlo con químicos fuertes deja residuos que luego se calientan: mejor vapor con limón.
- Las pantallas (móvil, tele, ordenador): Rociar limpiador directamente hace que el líquido entre por las ranuras y las dañe.
- Los grifos cromados: La lejía y los antical potentes acaban desgastando el acabado metálico.
- El inodoro: Echar litros de lejía no limpia mejor y solo deteriora las juntas de goma.
- Las alfombras: Aspirar siempre a máxima potencia rompe fibras y libera más polvo a la larga.
- Los cristales: Limpiarlos a pleno sol deja marcas porque el producto se seca demasiado rápido.
- El lavavajillas: Aclarar los platos antes de meterlos impide que las enzimas del detergente funcionen correctamente.
Uno de los errores más comunes es limpiar la madera con productos abrasivos o demasiado húmedos, lo que provoca hinchamientos, pérdida de color y deformaciones. Tampoco es buena idea aplicar limpiadores fuertes en encimeras de mármol o granito, ya que pueden erosionar el brillo natural. Otro fallo frecuente es rociar directamente los productos sobre pantallas, espejos o muebles, porque los líquidos se filtran por las juntas y acaban dañando la electrónica o levantando el barniz.
Ni estropajos metálicos ni aclarado antes del lavavajillas
Incluso las buenas intenciones pueden jugar en contra: pasar la aspiradora con la potencia al máximo deteriora alfombras y juntas. Por su parte, limpiar en exceso los grifos acelera la pérdida del cromado y usar estropajos metálicos en el baño deja microarañazos donde luego se acumula más suciedad.
Algo muy general es el aclarado de los platos, vasos y sartenes antes de meterlos al lavavajillas. No hay que hacerlo, los detergentes tienen unas enzimas que si no hay suciedad, no actúan.
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