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Las prendas de tu armario que más cuestan limpiar y cómo hacerlo sin desesperarte

Los plumíferos se llevan la palma a la hora de quitar manchas y devolver su aspecto original

El secreto para lavar el plumífero en la lavadora y que esta no te lo estropee

El secreto para lavar el plumífero en la lavadora y que esta no te lo estropee / Paula Ordóñez / Cedida

¿A que no te fastidia igual mancharte un vaquero de suciedad que hacerlo con aceite o sangre? No todas las manchas son iguales. Algunas resisten frotados, ciclos de lavado e incluso los productos específicos sin mostrar mejoría. Según especialistas en cuidado textil, hay ciertos materiales que encabezan la lista de los más problemáticos y que requieren técnicas particulares para no deteriorarse en el intento.

Los plumíferos son uno de los grandes desafíos. Suelen atrapar suciedad en las costuras y presentan manchas difíciles provocadas por sudor o grasa. La clave está en un lavado suave con detergente líquido y un secado prolongado en secadora con pelotas de tenis, que ayudan a redistribuir el relleno sin apelmazarlo.

También dan guerra las prendas deportivas técnicas, hechas con fibras que absorben muy bien el sudor… y los malos olores. Para recuperarlas, funciona remojarlas previamente en agua tibia con bicarbonato o vinagre blanco antes del lavado habitual, lo que neutraliza los compuestos que provocan el mal olor.

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Las camisas blancas encabezan otro clásico del problema: cuellos y puños acumulan restos de sudor y roce que amarillean con el tiempo. La solución pasa por aplicar agua oxigenada con una pizca de bicarbonato, dejar actuar unos minutos y lavar con normalidad.

Las prendas de lana: se deforman

En un nivel similar de dificultad se encuentran las prendas de lana, que pueden deformarse o apelmazarse con un lavado inapropiado. Para ellas, la norma es clara: agua fría, detergente especial para lana y secado en horizontal para no estirarlas.

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Y, por último, las manchas de aceite en ropa de algodón: uno de los enemigos más insistentes en el día a día. Para eliminarlas, basta aplicar un poco de jabón de lavavajillas directamente sobre la mancha, dejar actuar y lavar sin mezclar la prenda con el resto.

Aunque cada tejido tiene sus particularidades, los expertos coinciden en que el mayor error es tratar todas las prendas por igual. Con un poco de conocimiento y los trucos adecuados, incluso las manchas más rebeldes pueden tener solución.

Cómo devolver a tu plumífero su relleno original después del lavado

Quien ha lavado alguna vez un plumífero conoce bien el drama: sale de la lavadora hecho un amasijo triste y con el relleno apelmazado. De repente, ese acolchado mullido no se parece ni de lejos a lo que tienes frente a ti. Pero tranquilos, hay solución: dos pelotas de tenis en la secadora.

El método consiste en introducir el abrigo en la secadora junto con un par de pelotas —mejor nuevas o muy limpias— y dejar que el movimiento repetido “golpee” suavemente las plumas o la fibra interior. Ese masaje constante rompe los bloques de relleno húmedo, los separa y ayuda a que el aire vuelva a circular entre ellos. El resultado: un plumífero esponjoso, ligero y prácticamente como nuevo.

Para quienes no tienen secadora, existe una alternativa: extender la prenda en horizontal y dar pequeños golpes o pellizcos al relleno a medida que se seca, distribuyéndolo de nuevo por los paneles. Lleva algo más de tiempo, pero funciona.

Si careces de secadora, también puedes usar vapor para que las plumas se suelten por sí solas. No consiste en planchar ni en calentar la prenda, sino en aprovechar el vapor para que el relleno recupere su elasticidad natural.

El sistema es sencillo: cuelga el plumífero en una percha resistente dentro del baño y abre el agua caliente de la ducha durante unos minutos. El vapor llenará la estancia y penetrará en el tejido, rehidratando ligeramente las plumas y permitiendo que se separen entre sí sin apelmazarse. Después, deja la prenda ventilando en un lugar seco y bien aireado. En una o dos horas, comprobarás que el abrigo vuelve a inflarse sin necesidad de golpes, máquinas ni maniobras complicadas.

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