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La manera más sencilla de que los radiadores de tu casa estén siempre limpios y no "chupen" el calor

El truco definitivo para que no haya ni una gota de polvo acumulado entre las rendijas

Radiador de gas.

Radiador de gas. / Archivo

Con la llegada del frío, los radiadores vuelven a funcionar a pleno rendimiento… y también vuelve el eterno problema del polvo acumulado entre sus rendijas. Sin embargo, mantenerlos impecables todo el invierno es mucho más sencillo de lo que parece si se aplican unos gestos rápidos y constantes que evitan limpiezas profundas.

El consejo más eficaz es el llamado “método del secador a presión suave”, una técnica cada vez más utilizada en hogares y hoteles: basta con colocar una toalla húmeda detrás del radiador y dirigir el aire del secador —en modo frío o templado— hacia las ranuras superiores. El polvo cae atrapado en la toalla sin volar por la habitación, dejando el radiador limpio en menos de dos minutos.

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Redacción

Los expertos recomiendan complementar este truco con un cepillo alargado especial para radiadores, que permite llegar a los huecos más estrechos, y pasar una bayeta de microfibra por la superficie exterior una vez a la semana. Esta rutina evita que la suciedad se acumule, reduce los malos olores y mejora la eficiencia del sistema de calefacción.

El resultado: radiadores siempre listos, una casa más saludable y un consumo energético más eficiente, sin necesidad de dedicar horas a desmontar piezas ni hacer limpiezas complicadas.

Trucos

Desde la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) proponen cinco trucos para que tu casa esté caliente sin dejarte el sueldo:

1. Ajustar la potencia. Buena parte de lo que pagamos en la factura es la potencia contratada: cada 1,15 Kw de potencia suponen casi 50 euros al año. Por eso es fundamental controlar cuánta potencia contratamos. Si en tu casa nunca han saltado los plomos, ni siquiera cuando pones a la vez la lavadora, el horno o el lavavajillas, es posible que haya margen para contratar menos potencia y así pagar menos.

2. Revisar la tarifa. Una tarifa con Discriminación Horaria puede ser una gran manera de ahorrar. Esta tarifa es aconsejable si eres capaz de concentrar al menos el 30% de la luz que consumes en horario valle (desde las 22 horas hasta las 12 en invierno, y desde las 23 a las 13 horas en verano). El precio en hora valle es alrededor de un 47% más bajo que la tarifa normal, mientras que el precio en hora punta es un 20% más alto. Por cada 5% de tu consumo que lleves al horario valle, ahorrarás casi un 3% más en la factura.

3. Apagar aparatos en 'stand-by'. El consumo silencioso de los aparatos que están "apagados-pero-encendidos" sale más caro de lo que parece. Apagar todo lo que se queda en 'stand-by' (televisiones, ordenadores, equipos de música...) significa ahorrar un 10% de todo lo que se consume. Para un consumo medio (3.500 kWh/año) esto son 52 euros de ahorro, según estima la OCU.

4. Uso inteligente de los electrodomésticos. Seleccionar los programas que funcionan a temperaturas bajas (al calentar el agua es cuando más consumen). La lavadora, por ejemplo, elegir temperaturas entre 40 y 60 grados implica un ahorro del 40% de electricidad. En el caso del lavavajillas, los programas Eco funcionan a unos 50 grados centígrados.

5. Gastar menos en calefacción. Una temperatura en casa de 19 a 21 grados es la razonable. Por la noche es mejor que en los dormitorios baje un poco: entre 15 y 17 grados. Cada grado de más supone un incremento del 7% en el consumo. Un buen mantenimiento de la caldera puede suponer un ahorro de hasta un 15% al año. Los radiadores deben estar limpios y sin muebles que los tapen (dificulta la difusión del aire caliente).

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