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Los seis trucos infalibles para tener la cama estirada y limpia sin demasiado esfuerzo

En muchas ocasiones, una mayor organización hará mucho más fácil tener ordenadas las habitaciones

Una mujer estira el edredón mientras hace la cama

Una mujer estira el edredón mientras hace la cama / Freepik

Es algo que hay que hacer todos los días y apenas lleva unos minutos, pero el desdén y unos malos hábitos pueden provocar que la suciedad se acumule a la vez que las arrugas florezcan día sí y día también. Además, es innegable que meter en la lavadora la ropa de cama es un quebradero de cabeza en más de un hogar, puesto que ocupan demasiada y después tardan demasiado en estar secas, ya sea para volverlas a colocar en el mismo sitio o para guardarlas en el armario. De cara al invierno, cuando estos problemas se pueden multiplicar, te traemos seis trucos que puedes aplicar en tu día a día para tener la cama impecable (casi) siempre.

Dando por bueno el refrán de que "no es oro todo lo que reluce", en las camas ocurre lo mismo: la suciedad, muchas veces, se acumula bajo las sábanas. Por ello, el primer consej es usar siempre un buen cubrecolchón, así como fundas protectoras para las almohadas, debiendo en cualquiera de los dos casos no dejar pasar más de un mes entre una limpieza y la siguiente para reducir la suciedad que se pueda acumular en la capa superior. El segundo truco hace referencia justamente a todo lo contrario, pues cubrir la cama con una colcha ligera o una manta decorativa ahorrará mucho trabajo para dar una buena imagen de cara al exterior y evitará la acumulación de polvo.

Otra forma muy eficaz de no acumular suciedad sobre las sábanas o el edredón es cumplir dos premisas fundamentales: no comer encima de la cama y no tumbarte con ropa de calle. En caso de hacer alguna de las dos, siempre será mejor hacerlo sobre una manta específica para estos momentos. La siguiente recomendación es quizá una de las que menos tiempo nos quite, pues se puede realizar mientras desayunamos. En ese lapso de tiempo podrás dejar la ventana abierta para airear tanto la cama como la habitación. Además, cuando vayamos a hacer la cama, es recomendable sacudir la almohada y estirar todas las capas de pie a cabeza.

Más organización, menos esfuerzo

El siguiente truco es aplicable tanto a la cama como a cualquier lugar sobre el que descansemos después de la cena, como puede ser el sofá. Siempre que nos peguemos una ducha -o al menos no reutilicemos los pijamas eternamente-, la suciedad y el sudor con el que impregnemos estos lugares de reposo será menor, algo extensible también para aquellos cabellos que se suelen cargar con otros productos. Por último, la recomendación maestra para muchas actividades de limpieza, también en las referentes a la cama, será tener un calendario y seguir un orden: lavar las sábanas una vez a la semana, las fundas de la almohada cada 3-4 días y los edredones cada dos meses. ¡Y no te olvides de darle la vuelta al colchón!

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