25 de septiembre de 2010
25.09.2010

La ejecución de Teresa Lewis

Una inyección letal acabó ayer en una prisión de Virginia con la duodécima mujer ajusticiada en EE UU desde 1976, tras cenar y ver a sus hijos y a su nieto

25.09.2010 | 03:03
La ejecución de Teresa Lewis

Teresa Lewis se convirtió ayer en la primera mujer ejecutada en Estados Unidos desde 2005, tras recibir una inyección letal en la prisión de Greensville, en Virginia, donde ninguna había sido condenada a muerte desde 1912.
Una intensa campaña que pedía clemencia por la supuesta discapacidad intelectual de la presa no logró impedir que las autoridades del penal aplicaran la inyección letal a Lewis, la duodécima mujer ejecutada en el país desde que se restauró la pena de muerte, en 1976.
Lewis, de 41 años, fue ejecutada a las 9 de la noche (dos de la madrugada de ayer, viernes, en España), como estaba previsto, tras pasar su último día en una celda sin ventanas, vigilada exclusivamente por mujeres, y reunirse con sus abogados, su hijo, su hija y su nieto de un año.
Una cena alta en calorías compuesta por dos pechugas de pollo frito, guisantes con mantequilla, soda Dr. Pepper y tarta de chocolate alemana o pastel de manzana fue su última voluntad, según los funcionarios de la prisión.
Lewis se encontraba en el corredor de la muerte desde 2003, cuando se declaró culpable de haber ordenado a dos hombres, uno de ellos su amante, que asesinaran a su marido y a su hijastro, Julian y Charles Lewis, en 2002.
Sus abogados mantuvieron hasta el último momento que su coeficiente intelectual, de 72, rozaba el límite legal del retraso mental, situado en 70, lo que le impedía planear una estrategia asesina y la convertía en víctima de la manipulación de uno de los autores materiales del crimen.

Casi 4.000 peticiones de indulto llegaron en los últimos meses a la oficina del Gobernador

Sus abogados dicen que no pudo planear el asesinato de su marido y de su hijastro por su bajo coeficiente intelectual

Las casi 4.000 peticiones de indulto que llegaron en los últimos meses a la oficina del gobernador de Virginia, Robert McDonnell, procedentes en su mayoría de grupos de salud mental, pero también de representantes de la Unión Europea e incluso del escritor John Grisham, no impidieron que el político rechazara revisar su condena.
Tampoco pudieron convencer a los jueces del Tribunal Supremo, que el martes desecharon una apelación para que se le conmutara la sentencia por la de cadena perpetua, el último recurso de los abogados. Pese a que los dos hombres que cometieron los asesinatos obtuvieron la cadena perpetua, la acusación consideró que fue ella quien planeó el crimen a sangre fría y con el objeto de quedarse con el dinero del seguro de vida de sus familiares, por lo que merecía una sentencia más severa que la de sus cómplices. «Teresa Lewis es la persona más malvada que he conocido», aseguró David Grimes, fiscal del condado de Pittsylvania. «No encontrarás a nadie que la conociera antes de los hechos y que pensara que era retrasada mental o que podía serlo».
Su abogado, James Roncap, insistió en que uno de los cómplices de la acusada había reconocido que la convenció de que había que asesinar a su marido, y que Lewis padecía un trastorno de personalidad que la hacía dependiente. Teresa, que repitió a los medios que lamentaba profundamente sus crímenes, explicó ayer que se encontraba reconfortada por su fe y por el canto de himnos religiosos. «Tengo la esperanza de que algo cambie. Pero si he de ir junto a Jesús, sé que será lo mejor», dijo.

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