Puebla de Sanabria o cuando los dineros públicos lucen. Esto me ha sugerido la información que da cuenta del inicio de las obras del Fondo Estatal de Inversión Local en esta cabecera de comarca, cuyo Ayuntamiento se propone renovar la arteria principal de la villa, la empinada y asfixiante Costanilla que une la plaza del Arrabal con la vieja Plaza Mayor y el entorno histórico que conforman iglesias, Casa Consistorial, Castillo y murallas. La pronunciada y larga rampa es, en efecto, uno de los trayectos de la Puebla más pisoteados por visitantes y aborígenes, aunque el centro de más actividad comercial y hostelera sea la contemporánea plaza del Arrabal. El Ayuntamiento, supongo que con la anuencia de toda la Corporación, se dispone a emplear ese "regalo" gubernamental de 300.000 euros en la pavimentación de esta emblemática calle y de la antañona plaza de Armas, a base de "piedra de corte" tradicional que no desentonará del aspecto general del casco histórico y que reforzará y revalorizará las diversas actuaciones que se han venido haciendo estos años en todo el conjunto, que ya es un regalo para la vista.

No pretendo desmerecer o reprender a aquellos municipios que han optado por emplear estos dineros extraordinarios en hacer pistas de pádel o poner dos columpios donde casi no hay niños, pero sí resaltar el acierto en la elección de los proyectos del Ayuntamiento de Puebla, que se ve que los tenía claros, ya que fue el primero de la provincia y uno de los punteros de España en presentarlos. Y parece que sacará lustre a esos dineros, como antes lo ha hecho con los ahora escasos fondos europeos o con las subvenciones a las escuelas-taller, por ejemplo. Cuando en otros sitios, con el discurrir de los días no ha quedado un solo vestigio de los recursos empleados en este tipo de actividades formativas, en Puebla de Sanabria se rehabilitaron calles y fachadas de todas estas vías que flanquean a la Costanilla hoy en obras; se descubrió la vieja piedra de edificios y viviendas, se restablecieron las balconadas originales, se rescataron blasones y modillones de los frontispicios, se arreglaron aceras y empedrados? y se recuperó la gran riqueza ornamental de todo el entorno, además de formar a jóvenes desempleados en oficios como la cantería, la carpintería o la forja. De ahí salieron además las primeras actuaciones en el espectacular Castillo, que, unidas a otras más recientes, como la nueva configuración urbanística de la Plaza Mayor, han convertido a Puebla en uno de los conjuntos histórico-artísticos más sobresalientes y cuidados de España. No es raro que aquí luzca como en ninguna otra parte su Mercado Medieval de agosto, ese invento moderno que en otras plazas no pasa de ser un mercadillo con la pátina de los disfraces y los saltimbanquis. En Puebla resulta creíble por la autenticidad del entorno.

Con menos de dos mil habitantes -aunque en verano se multipliquen por diez-, la Puebla no volverá a ser aquella encrucijada viajera que fue entre Galicia y la Castilla genérica, porque los tiempos, las comunicaciones, los medios y las costumbres son otras. Pero ha recobrado su dignidad y su esplendor como villa histórica y como centro receptor de turismo, entre otras cosas por el buen uso que ha sabido darle a los recursos públicos, vinieran de donde vinieran. Ahí están, junto a la redención del casco histórico, la utilización integral y cultural del Castillo, la recuperación de Barregas y el camping Isla de Puebla, la urbanización del Arrabal, los aparcamientos de la carretera de la estación, la dignificación de San Francisco, Candanedo y Veracruz, la permanente modernización de la zona fluvial de La Chopera, el empeño con los azudes y presas del indómito río Tera? y otras iniciativas en ciernes, como el centro de interpretación del lobo. Las obras en la Costanilla y en la Plaza de Armas van a ser una guinda excelente a esta forma de gestionar con eficacia el dinero de todos. Por ahora.