07 de enero de 2009
07.01.2009

España pierde a la abuela más longeva

Manuela Fernández muere el Día de Reyes a los 113 años l De niña era pastora y por la noche aprendía a leer y a escribir

07.01.2009 | 01:00
Manuela Fernández Fojaco sopla las velas de su 113 cumpleaños, el pasado 18 de junio.

Grado
Manuela Fernández Fojaco, la mujer más longeva de España y una de las personas de mayor edad del mundo, murió ayer en su domicilio de Grado (Asturias), igual que vivió a lo largo de su vida: con discreción y tranquilidad.
El corazón de una de las mosconas más célebres de las últimos tiempos se paró a los 113 años. No pudo resistir los achaques que padecía. La noticia sorprendió y disgustó a la mayoría de los vecinos de Grado, acostumbrados a la presencia de Manuela Fernández, a verla en la iglesia o de paseo con sus familiares. Los moscones lamentaron el fallecimiento de una mujer que siempre llamó la atención de quienes la conocieron, por su vitalidad, su mentalidad abierta y sus conocimientos. El funeral se celebrará hoy en la iglesia de San Pedro de Grado a las cuatro de la tarde. El entierro tendrá lugar en el cementerio de Santa María de Villandás.
Manuela Fernández fue protagonista de una intensa vida. Nació en el año 1895 en Llamas, uno de los pueblos del concejo moscón. Allí pasó parte de su infancia, ejerciendo de pastora y sin descuidar nunca sus estudios, a los que dedicaba muchas horas por las noches. Manuela no quería defraudar a su padre, que puso todo de su parte para que su hija aprendiera a leer y escribir. Un empeño poco habitual en la Asturias rural de la época.
La centenaria moscona siempre se caracterizó por tener una mente inquieta y un gran afán por aprender. Su vida, que puede considerarse un ejemplo de superación, dio un giro total cuando con 19 años, igual que otros tantos asturianos a principios del siglo XX, emigró a Cuba en busca de un futuro más prometedor que el que se vivía en España y en el resto de Europa, al borde de la primera guerra mundial. Cuando llegó a Cuba se cruzó en su vida Prudencio Menéndez, también natural de Grado, quien llegó a convertirse en su esposo.
No obstante, para esta moscona casarse nunca fue una meta en la vida, al contrario de lo que casi imponía la sociedad de la época. Juntos, regentaron una tienda de ultramarinos de la que Manuela guardaba excelentes recuerdos, al igual que de Cuba. Pero la idea de volver a España siempre rondó la cabeza de Manuela y por ello en cuanto le surgió la oportunidad se trasladó a La Coruña, en plena Guerra Civil. Hace casi veinte años Manuela decidió instalarse en Grado para vivir con su sobrina Mari Carmen y su familia, por los que sentía auténtica devoción.

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