Así que ahora resulta que no hay que tirar el cordón umbilical. Vaya, hombre, a buenas horas. A saber dónde estará el que me cortó a mí el siglo pasado la partera que ayudara a mi mami. Porque yo fui del plan antiguo; de cuando se nacía en casa como buenamente se podía. Y mira qué majo y espabilado crecí. Lo que no se sabía, claro, era lo del cordón. Resulta que ahora sacan de él no sé qué células madre, que pueden venir de perilla si te pones malito de algunos males muy malos, y perdonen tan malvada reiteración. ¡Qué no veremos, Jesús! Nos acabamos de enterar porque el cordón de la hija de Leti -ya saben, la nuera del Rey- está a buen recaudo en Estados Unidos. Hay quien lo critica, pero no seré yo. Yo hubiera hecho lo mismo, oye, a ver. Si a mí me dicen, al nacer mis hijas que si quiero guardar su cordón para el día de mañana, ¿qué iba a decir? Bueno, me refiero teniendo dinero para la conserva, porque un poco caro sí que sale el invento.

Pero a lo que iba, este adelanto ya me lo he perdido. No tengo en la nevera ni mi cordón ni el de nadie de la familia. Si necesito células madre tendré que cogerlas de la madre del cordero, un suponer. Así que lo que quiero es que me digan qué otras cosas estoy aún a tiempo de guardar. Los mocos, por ejemplo, ¿los seguimos tirando o no? No se rían. Los científicos están embalados y vaya usted a saber. Lo mismo mañana descubren que ahí, por asqueroso que parezca, hay un gen que nos puede arreglar la vejez. Entonces, ¿qué? ¿Dejo de tirar los pañuelos? ¿Y las uñas? ¿Sigo tirando sus pedacitos cada vez que me las corto o mejor los voy metiendo en un frasquito? Les advierto que tengo leído que el día de mañana con un pedacito de uña o un simple pelo nos pueden clonar, para que si nos rompemos, él o la cónyuge pueda ir la clínica con el pelo y decir:

-Hágame otro Llamero, ande. Que aunque era algo pelma, alguna que otra cosa la hacía bien.

O sea, que a lo mejor los pelos que se me van cayendo deberían también irlos guardando. Y de la caca no hablo, porque no son horas ni el sitio, pero... Las ciencias avanzan que es una barbaridad y si no

se puede tirar ni ese pedacito que nos sobra al nacer, va a ser mejor guardar todo. El "síndrome Leonor" puede que acaben llamando a esa manía como empiece a cuajar. Se me ocurre.

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