El director general de Tráfico, que según los locutores de televisión se llama Pera, quiere mandar al calabozo a los conductores más "pasaos" de vueltas. O sea, esos que pisan el acelerador como si les fuera la vida en ello y en vez de pie tuviesen dura pezuña equina. O esos otros que, antes de llenar el depósito del coche, llenan el suyo propio hasta que las orejas se les ponen giratorias. Bueno. Motivos no le faltan. El asfalto sigue siendo un patíbulo bastante notable y no hay día en que no se despanzurre alguien en ese altar pagano que hemos erigido al dios de las incomprensibles prisas. Lo que pasa es que yo, al oír la noticia, no pude evitar volverme a mi legítima.

-¿Pero habrá sitio?

-¿Sitio para qué?

-En las prisiones, para meter más gente.

No es que ande uno muy al loro del asunto, la verdad. Pero cada vez que oigo alguna noticia sobre presidios, tal que el más cercano a nosotros, el llamado Topas, si algo saco en claro es que donde caben dos nunca hay menos de tres o cuatro. Las prisiones están siempre saturadas; siempre lo estuvieron. Se ve que somos optimistas y jamás calculamos que vaya a haber tantos delincuentes como siempre hay.

-Jefe, que las cárceles se nos llenan. Hay que ampliarlas o hacer más.

-No seas pesimista. Ahora que gobierno yo, verás cómo la gente se empieza a portar bien y se nos quedarán todas medio vacías.

Lo cual que no, que nunca pasa, que siempre hay más presos que celdas, por lo que uno viene observando. En consecuencia, y sin ánimo de criticar al antedicho, que bastante tiene el hombre con llamarse Pera, piensa uno que antes de decidir nuevos delitos que lleven más gente a la cárcel, se debería de consultar el asunto a los de arriba.

-¿Cuántas celdas anuales podéis reservar para conductores delincuentes?

-Ni una, no veas qué "overbooking" padecemos. Lo único que, si ves qué tal, podemos construir nuevas prisiones de reeducación vial. ¿A que suena bien? Eso sí, habrá que hacerlo con el dinero de las multas, para que no se nos sofoque Solbes.

-Bueno, pues voy a pensar en otro castigo que sea igual de duro pero cueste menos.

-Así me gusta, Pedro...

-Pedro no, que soy catalán y mi nombre es Pere, aunque se pronuncie Pera.

-¡Uy, qué corte; perdón, señor Navarro!

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