El alcalde de Benavente, Manuel García Guerra, que a su vez es el jefe del PSOE en la provincia, se ha decidido a zurrarle la badana al presidente de la Diputación, Fernando Martínez Maíllo, que curiosamente es también el jefe del PP de Zamora. Si no era ya evidente que la madre de todas las batallas entre ambos partidos se está librando en aquella zona, en Benavente y su comarca, el antaño tranquilo doctor García Guerra ha sacado la tralla y se ha liado a latigazos con el titular de la institución provincial, "el peor presidente de Diputación de España", y le ha culpado de todos los males habidos en la provincia y de los que están por llegar: del descenso demográfico, de la baja tasa de actividad, del envejecimiento de la población, de la caída del producto interior bruto, del estado lamentable de las carreteras, del aumento del paro e incluso de ser los últimos en líneas de ADSL, eso de la banda ancha y rápida para colarse en Internet, que sigue teniendo un precio prohibitivo. Visto así, seguro que M.M. también tuvo algo que ver -a través de sus ancestros, porque él es aún muy joven- con el viaje mortal que Islero le metió a Manolete.

Todo apunta a que al alcalde de Benavente se le han hinchado las narices. Es de sobra conocido que el PP aún no ha digerido del todo la pérdida política de esa plaza. Y que lleva a cabo una dura e inclemente labor opositora -como antes la llevaba el PSOE-, que a veces irrita y saca de sus casillas a los dirigentes socialistas del partido y del Ayuntamiento. Siempre que no se vulneren las formas democráticas, todos están en su derecho, unos para atacar y los otros para defenderse, con la virulencia dialéctica que crean necesaria, aunque lo aconsejable es no caer en la mala educación ni traspasar el límite fijado en las leyes. Todavía están recientes los episodios de los mensajitos ofensivos por móvil y de las pintadas insultantes que, al parecer, se intercambiaron desde ambos frentes. Por ahí lo normal es que la trifulca acabe en los juzgados, con el riesgo cierto de que también se líen a mamporros entre ellos en medio de la calle. Y eso no. Lo suyo es hablar las cosas, aunque sea a través de los periódicos, centrando los debates en la gestión, en los problemas que preocupan a los ciudadanos, y nunca en los asuntos personales.

La Diputación y sus presidentes -incluido el actual- tendrán su parte alícuota de responsabilidad en las negativas estadísticas que maneja García Guerra, seguro, pero no creo yo que sea sólo culpa de M.M. y de sus predecesores en el cargo. Es verdad que esa institución ha sido monocolor desde la Prehistoria, pero tanto en el Gobierno de la Comunidad como en la Moncloa -que han manejado y manejan más resortes para cambiar tendencias- algo de alternancia ha habido y las estadísticas sobre desarrollo han continuado cuesta abajo y sin frenos. Yo creo que el pecado es comunitario, un poco de todos, y también de los benaventanos. Otra cosa -y que convendría analizar con calma y datos- es la denuncia de que la Diputación del PP discrimina a Benavente en las líneas de ayudas y subvenciones, como se apunta ahora con los dineros para deportes en municipios de menos de 10.000 habitantes. Si Madrid auxilia a las ciudades de más de 20.000 paisanos y la Diputación sólo a los que no superan la mitad de almas, Benavente se queda en tierra en nadie, sin un euro que llevarse a la faltriquera y con el cabreo que acaba de demostrar su alcalde. No sería justo hacer política partidista con el dinero de todos los ciudadanos. Con eso no se juega. Hay que mirarlo, en éste y otros casos.