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Fiestas de San Agustín

Paellas contra la lluvia en el Día de las Peñas de Toro

Tres generaciones de toresanos comparten una jornada marcada por los fogones, los juegos, la música y un cielo que obligó a poner las paellas a salvo

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Pablo Castro San José

Toro

Este lunes, a las 9.00 horas, ya había quien buscaba su particular parcela en el corazón de Toro. Todavía faltaban horas para sentarse a comer, pero mesas, sillas y peñistas comenzaban a ocupar la Plaza Mayor y sus alrededores para asegurarse uno de los lugares más codiciados. El Día de las Peñas empezaba mucho antes de encender los fogones, bajo un cielo nublado, con mucho viento y una amenaza de lluvia que terminó cumpliéndose. El sol apareció a las 12.00 horas, se dejó ver de forma irregular durante las horas siguientes y, a las 14.30 horas, llegó el agua. Muchas cuadrillas tuvieron entonces que mover rápidamente sus paellas para ponerlas a salvo.

La música de DJ Energy acompañó una mañana en la que las paelleras compartieron protagonismo con los juegos interpeñas: pesca de manzanas, juego de la harina, carrera de sacos y carrera del huevo y la cuchara.

Entre quienes madrugaron estaba José Ramón Velasco, de 18 años. Para él y sus amigos esta era su primera experiencia, así que antes preguntaron a quienes ya conocían bien el ritual. Les recomendaron llegar entre las 9.00 y las 10.00 horas, y a las 10.00 horas ya estaban instalados. Un amigo les había dejado un espacio junto a su casa y allí comenzaron los preparativos. Durante la mañana, José Ramón confiaba en que las nubes pasaran de largo. Tenían un toldo para protegerse, aunque sabía que, si finalmente llovía con fuerza, tocaría recoger. Horas después, la previsión se haría realidad.

La paella los había llevado hasta allí, pero no era lo más importante. «Lo que más nos llama es estar todos juntos, echarnos unas risas y pasarlo bien», explicaba. Y pese a estrenarse en el concurso, tenían claro que cocinarían ellos mismos. «¿Cómo no vamos a cocinar?», se preguntaba. La elaboración se repartía entre todos, aunque alguno aportaba más porque tenía mayor experiencia.

Algo antes había llegado Jennifer de la Torre, de 31 años. A las 9.30 horas ya estaba en la plaza con su grupo para conseguir un buen sitio. Aunque este es el primer año en el que participan oficialmente en el concurso, llevan cinco acudiendo con una paella encargada. Tanto disfrutan del día que, según recuerda, el año pasado fueron de los últimos en abandonar la Plaza Mayor, alrededor de las once de la noche.

Jennifer ha conocido también otra forma de celebrar esta jornada. Cuando tenía 18 años, recuerda, una empresa elaboraba una paella para todo el pueblo y cada persona compraba un tique para recibir su plato. Ahora son los propios grupos de amigos quienes cocinan. Para ella, el cambio ha sido a mejor: preparar la comida entre todos es «más divertido» y asegura que actualmente hay «el doble de ambiente».

Con los años, también se acumulan las anécdotas. Hace dos ediciones, Jennifer y dos amigas fueron a comprar un café cuando aparecieron los bomberos, presentes después en la fiesta de la espuma. Acabaron completamente empapadas y ella tuvo que tirar las sandalias a la basura. Desde entonces, antes de salir a por el café, primero comprueban dónde están los bomberos.

Óscar Díez, de 50 años, aporta la perspectiva de quien lleva prácticamente toda una vida ligado a esta celebración. Para él hay algo que permanece intacto: la camaradería. «La unión», resume. Considera que este es uno de esos días de las fiestas en los que resulta difícil faltar y cree que ese sentimiento no solo se ha mantenido, sino que ha ido a más.

Cuando mira a los jóvenes, tampoco aprecia una diferencia esencial con respecto a su generación: sigue viendo «la misma alegría, la misma fiesta» y las mismas ganas de pasarlo bien. Entre sus recuerdos aparece una escena que resume esa convivencia entre edades. Un año, unas chicas de unos 15 o 16 años intentaban preparar su paella mientras una mujer de casi 90, sentada a su lado, les iba indicando cuándo echar el agua, la cebolla y el resto de los ingredientes.

Las paellas no son la única competición gastronómica del día. El Día de las Peñas incluye también un concurso de limonadas que, según explica Óscar Díez, alcanza este año su octava edición y utiliza vinos de Toro. La iniciativa nació también pensando en acercar esta tradición a los jóvenes. Díez señala que cada vez beben menos vino y recuerda que muchos comenzaban a conocerlo precisamente en las peñas a través de la limonada.

El certamen también ha evolucionado. Comenzó con la receta clásica, pero la aparición de propuestas cada vez más diferentes ha llevado este año a distinguir entre una categoría tradicional y otra innovadora.

Mientras tanto, el cielo terminó convirtiéndose en otro participante inesperado. Después de una mañana de viento, nubes y algunos ratos de sol, a las 14.30 horas empezó a llover. Tocó levantar paellas, buscar refugio y proteger varias horas de trabajo.

Cambian los cocineros, las recetas y hasta la manera de celebrar el concurso. José Ramón Velasco, Jennifer de la Torre y Óscar Díez pertenecen a generaciones distintas, pero sus palabras terminan encontrándose en el mismo punto: juntarse, compartir mesa y convertir durante unas horas el centro de Toro en la casa de todas las peñas.

La jornada también dejó sus ganadores. En la modalidad de limonada innovadora, "Nasios Para Rematar" obtuvo el primer premio, seguido de “Cruce de Cepas” y “Los Faltosos”. En la clásica, “Ahorcado” se hizo con el primer puesto, “La Bodeguilla de Nara” con el segundo y “La Jodiste” con el tercero. Esta última peña también se impuso entre las paellas, por delante de “La Bebida del Abuelo” y “Ese Bebe”. Además, “Las Grecas” recibió el primer accésit y “Los Faltosos”, el segundo.

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