La historia del carrocista toresano Rufino González “Rurro” y el relevo de una tradición familiar: "A mis hijos les gusta el oficio, para un padre eso es una satisfacción enorme"
La familia prepara las tres carrozas que recorrerán las calles de Toro en la noche del sábado 22 de agosto, durante el desfile de las Ferias y Fiestas de San Agustín

Carlos González Aguilar, Rufino González de Córdoba y Daniel González Aguilar, Toro (de izquierda a derecha). / Rocío Gato / LZA
Hablar de carrozas en Toro es hablar de Rufino González de Córdoba, conocido por todos como Rurro. Este toresano de 67 años, pintor, carrocista y ya jubilado, lleva casi cinco décadas dedicando su vida a construir algunas de las creaciones que cada verano llenan de color e ilusión las calles de la ciudad. Aunque oficialmente está retirado, ”yo moriré en el escenario, como los viejos roqueros", afirma con una sonrisa.
Su historia comenzó en 1978, cuando apenas era un joven que, junto a su grupo de amigos, preparaba una carroza para representar a su peña en el tradicional desfile de las Ferias y Fiestas de San Agustín. Lo que empezó como un juego terminó convirtiéndose en una profesión y, con el paso del tiempo, en una empresa familiar. "Aquello era una ilusión enorme y fue donde empezó un poco todo. También ayudaba a personas que ya se dedicaban a esto, como Luis el del herradero y Jesús Pinilla. Viendo cómo trabajaban me fue entrando la curiosidad y poco a poco me fui enganchando a este oficio", recuerda.
A comienzos de la década de los ochenta decidió dar un paso más y comenzar a trabajar de manera profesional. Su primer gran encargo llegó desde Medina del Campo, donde elaboró las carrozas para las Fiestas de San Antolín, un trabajo que marcaría el inicio de una larga trayectoria. Consciente de que todavía tenía mucho que aprender, puso rumbo a Valencia, allí permaneció cerca de cuatro años formándose junto a algunos maestros del sector, entre ellos Vicente Luna. "Tuve mucha suerte porque muchos camioneros de Toro viajaban continuamente a Valencia para transportar fruta y aprovechaba esos viajes para ir y venir con ellos. Allí aprendí de los mejores y descubrí técnicas que después pude traer aquí", explica.
Los materiales y la forma de trabajar poco tienen que ver con los actuales."Trabajábamos con alambre y papel de periódico. Después, íbamos colocando papelitos hasta formar las figuras. Muchos niños venían a ayudarnos a pegarlos casi como un juego y, sin darse cuenta, también formaban parte de las carrozas", recuerda con nostalgia Rufino González. El relevo generacional ya está asegurado gracias a sus hijos, Daniel González Aguilar, de 27 años, y Carlos González Aguilar, de 25, quienes actualmente dirigen el negocio familiar. "He tenido la suerte de que a los dos les gusta este oficio y han querido continuar con él. Para un padre eso es una satisfacción enorme. No tengo ninguna queja; son trabajadores, aunque todavía me toca estar un poco pendiente de ellos", comenta Rufino entre risas.
Los procesos han cambiado, la tecnología ha permitido agilizar parte del trabajo, aunque la dedicación continúa siendo la misma. "Ahora utilizamos impresión en 3D sobre corcho blanco, que después forramos con cartón piedra. Incorporamos iluminación, hacemos todos los acabados y finalmente pintamos cada pieza. Todo avanzado muchísimo, pero sigue siendo un trabajo completamente artesanal que requiere muchísimas horas y mucha mano de obra. Cada figura lleva detrás un enorme esfuerzo", explica Carlos González.
La Navidad se ha convertido en el principal motor de la empresa, durante prácticamente todo el año trabajan en la fabricación de grandes figuras decorativas y espectáculos navideños para numerosas ciudades. "Llevamos los últimos años muy centrados en la Navidad. Fabricamos decoración para ciudades como Zamora, Salamanca o Madrid y cada vez tenemos más demanda. Además organizamos numerosos desfiles navideños, como la Cabalgaza, que recorre distintas localidades de Castilla y León. Es, sin duda, la época con mayor carga de trabajo de todo el año", señala Carlos González. La empresa cuenta además con dos trabajadores, un gestor y con una figura imprescindible dentro del negocio: María del Carmen Aguilar, madre de los dos hermanos y mujer de Rurro. "Ella es quien lleva las cuentas y organiza buena parte del trabajo. Sin ella muchas cosas serían imposibles", reconocen.
Pese al crecimiento del negocio y a los numerosos proyectos que realizan fuera de Toro, hay una fecha marcada en rojo en el calendario: el desfile de carrozas de las Ferias y Fiestas de San Agustín. Estos días ya ultiman las tres carrozas que recorrerán las calles de la ciudad el sábado 22 de agosto, en uno de los actos más esperados del programa festivo. Año tras año, cientos de toresanos y visitantes abarrotan el recorrido para disfrutar de un espectáculo que combina imaginación, música, color y muchas horas de trabajo. El desfile de carrozas es una de las tradiciones más queridas de las fiestas, un momento que varias generaciones esperan con ilusión y que consigue reunir a familias enteras a pie de calle.

Desfile Carrozas, San Agustín 2025 Toro / Rocío Gato / LZA
"Ese día lo vivimos con muchísima ilusión. Llevo participando casi cincuenta años y sigo sintiendo los mismos nervios que el primer día. Me encanta saludar a la gente, encontrarme con muchos amigos y forasteros que solo veo esa noche cada año, escuchar los aplausos y disfrutar de la música. Es un día muy especial para mí y para mi familia. Junto con los Carnavales, son las fiestas que más disfruto de Toro", asegura Rufino González.
Además del mundo de las carrozas, los hermanos González también han convertido otra de sus grandes pasiones en un proyecto empresarial: la música. Movidos por su afición, pusieron en marcha la discomovida Fanática, con la que este verano recorrerán más de una veintena de localidades ofreciendo espectáculos con varios DJs, principalmente de la provincia, acompañados de actuaciones en directo con instrumentos como la trompeta. A ello se suma la Mystica, una propuesta dedicada a la música urbana que durante cuatro años ha animado las noches Toro, además de espectáculos de pirotecnia que completan su oferta. "Este verano no estaremos en Toro con estos espectáculos. Nos toca disfrutar de las fiestas desde el otro lado, con la familia y los amigos", comenta Daniel González.

Colección de carteles en la nave de Rurro / Rocío Gato / LZA
Su nave, ubicada en Morales de Toro, es el lugar donde nacen todas estas creaciones. Entre moldes, pinturas, herramientas y figuras de grandes dimensiones también se conserva buena parte de la memoria festiva de la ciudad. En una de sus paredes cuelga una extensa colección de carteles de fiestas de Toro, junto a antiguas fotografías y varias pinturas realizadas por el propio Rufino, que recuerdan una vida dedicada al arte y a las tradiciones. La familia González afronta cada nuevo proyecto con la misma ilusión que cuando comenzaron hace casi medio siglo. Por eso no dudan en agradecer la confianza que, año tras año, depositan en ellos numerosos ayuntamientos y entidades. "Gracias a todos los que siguen confiando en nuestro trabajo hemos podido crecer tanto profesional como personalmente. Lo más bonito es comprobar que, después de tantos años, seguimos haciendo felices a muchas personas con nuestras carrozas y nuestros espectáculos", concluyen.
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