Auxiliares de enfermería, mucho más que un trabajo: “Se trata de la vocación de cuidar a quienes más lo necesitan”
Con motivo del Día Internacional del Auxiliar de Enfermería, profesionales de la residencia Virgen del Canto, relatan las experiencias que han marcado su carrera, desde el afecto de los residentes hasta los momentos más difíciles.

Auxiliares de Enfermería en la residencia Virgen del Canto, Toro. De izquierda a derecha, Nati de la Fuente, María Diez, Maite Mateos, María del Mar, Carlos Macías y Sandra Ramírez / Rocío Gato / LZA
Cada 14 de julio se celebra el Día Internacional del Auxiliar de Enfermería, una fecha con la que se busca poner en valor el importante trabajo que estos profesionales realizan en su día a día. Prestan apoyo al personal médico y de enfermería en la atención y los cuidados básicos de pacientes y residentes en centros sanitarios, hospitales o residencias. Con el objetivo de homenajear a los técnicos en cuidados auxiliares de enfermería, comparten su experiencia profesional 6 trabajadores del centro residencial de atención a personas mayores dependientes Virgen del Canto de Toro, cuyo titular es la Diputación de Zamora.
Carlos Macías, de 55 años, lleva 26 años trabajando en la residencia, un lugar al que llegó impulsado por su vocación, miembro y uno de los responsables del grupo de Protección Civil de Zamora, siempre se interesó por el cuidado y la atención a las personas, una motivación que acabó marcando su trayectoria profesional. "Me gusta ayudar a la gente, por eso elegí este trabajo. Siempre he sentido una conexión especial con las personas mayores. Trabajar con ellas es muy gratificante, aprendes cada día de sus experiencias y de su forma de ver las cosas. Me encuentro muy a gusto aquí y, después de tantos años, sigo viniendo con la misma ilusión de cuidar y acompañar a quienes más lo necesitan", afirma.
Su compañera Nati de la Fuente, de 64 años, cuenta con 23 años de servicio en la residencia, destaca que el trabajo en equipo es fundamental para garantizar el bienestar de los residentes. Cada jornada comienza con la organización de las tareas entre el personal de turno, adaptándose a las necesidades de cada usuario. "Lo primero que hacemos es repartir el trabajo entre los compañeros que estamos ese día. Después comenzamos a levantar a los residentes y a ayudarles con el aseo personal. Una vez preparados, llega la hora del desayuno y, a continuación, cada uno sigue la actividad que tiene programada. Algunos participan en las sesiones de terapia o en las actividades dirigidas, mientras que otros prefieren descansar o dedicar ese tiempo a otras rutinas. A media mañana les damos el almuerzo y, después, algunos acuden a fisioterapia, otros permanecen descansando y el resto espera tranquilamente hasta la hora de la comida", explica.
La atención personalizada es uno de los aspectos más importantes en este trabajo, ya que “cada residente tiene unas necesidades y un ritmo diferentes. Es fundamental que se sientan bien atendidos, cómodos y acompañados durante todo el día", comenta María Diez, de 54 años, que lleva 21 años trabajando en la residencia, añade que "cada persona es diferente y es el día a día el que realmente te enseña. En este trabajo la paciencia, la empatía y la capacidad de escuchar son fundamentales. Además, a nivel personal también aprendes mucho; convivir con las personas mayores te aporta otra forma de ver la vida y hace que valores muchas cosas que, a menudo, damos por hechas".
Sin embargo, no todo son momentos felices. Las auxiliares coinciden en que uno de los aspectos más duros de la profesión es despedirse de los residentes cuando fallecen. Los años de convivencia, el trato diario y los vínculos que se crean hacen que esas pérdidas se vivan con especial intensidad. Así lo explica Maite Mateos, de 60 años y la auxiliar con mayor trayectoria en la residencia, donde lleva 38 años trabajando. "Sabemos que es algo natural y que forma parte de la vida, pero nunca resulta fácil. Con muchos residentes compartimos hasta 20 años y acabas cogiéndoles mucho cariño. Pasamos muchas horas con ellos, en muchos casos nosotros somos su familia y ellos terminan formando parte de la nuestra, asegura.
Pese a la dureza de esos momentos, el cariño recibido por los residentes y la satisfacción de haber contribuido a mejorar su calidad de vida compensan el esfuerzo diario. "Al final te quedas con la tranquilidad de haberles acompañado y cuidado hasta el último momento. Es una profesión muy exigente, pero también una de las más humanas que existen", comenta María del Mar, de 50 años, que llegó a Zamora desde Andalucía a Zamora por amor, desde hace dos años forma parte del equipo de la residencia, “lo que más valoro de este trabajo es el tiempo que puedo compartir con ellos. Escucharles, conocer sus historias y hacerles sentir acompañados es, para mí, lo más importante. Es un trabajo maravilloso porque recibes mucho más de lo que das", afirma.
Todas coinciden en señalar que la etapa más difícil que han vivido en la residencia fue la pandemia de la COVID-19, una experiencia que, años después, continúa muy presente en su memoria. La incertidumbre, el esfuerzo diario y el desgaste emocional de aquellos meses dejaron una profunda huella en los profesionales, que tuvieron que hacer frente a una situación sin precedentes mientras trataban de proteger y acompañar a los residentes en uno de los momentos más complicados de sus vidas.
Sin embargo, aseguran que las dificultades también tienen su recompensa. El agradecimiento de los residentes y de sus familias es, para ellas, el mayor reconocimiento al trabajo que realizan cada día. "Lo que más nos llena es el cariño que recibimos de ellos, sus besos, sus abrazos y las palabras de agradecimiento, tanto de los residentes como de sus familiares. Son gestos que nos hacen sentir que todo el esfuerzo merece la pena", afirma Sandra Ramírez, de 56 años, que lleva tres años como auxiliar trabajando en la residencia.
Todos comparten la misma opinión: el trabajo de auxiliar en una residencia va mucho más allá de atender las necesidades básicas de los mayores. Requiere paciencia, empatía, compromiso y, sobre todo, una auténtica vocación de servicio. "Si no te gusta de verdad y no sientes esa vocación por cuidar a las personas, es muy difícil dedicarte a esta profesión. Hay días complicados, tanto física como emocionalmente, pero cuando lo haces con el corazón, todo cobra sentido", concluyen.
- Este es el programa taurino de las Ferias y Fiestas de San Agustín 2026
- Javier Chacón: 'Estoy muy ilusionado y responsabilizado por ser el empresario de la plaza de Toro
- De una fiesta entre amigos a un festival de referencia en Castilla y León, así nació y creció el Villatechnillo
- Josué Bermejo, pregonero de las Ferias y Fiestas de San Agustín: 'Me encantaría ver a toda la ciudad acompañándome en el pregón
- Un detenido en las fiestas de Villavendimio por tráfico de drogas
- Detenido en Toro un hombre relacionado con 33 delitos en las provincias de Zamora, Salamanca, Madrid, Cuenca y Toledo
- Rescatados tres gatos recién nacidos del interior de un contenedor de reciclaje junto al cuartel de la Guardia Civil de Toro
- Toro ya tiene a sus influencers de pueblo: 'Solo queremos hacer reír a la gente