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Virgilio Gitrama, carrocista de Toro con más de medio siglo de experiencia: "Me enamoré de este mundo a los 8 años e hice mi primera carroza a los 11"

Su nueva obra, ya terminada, rinde homenaje al ‘Guernica’ de Picasso y recorrerá las calles de Toro durante el desfile de carrozas del sábado 22 de agosto

Virgilio Gitrama en su nave de trabajo ubicada en Morales de Toro

Virgilio Gitrama en su nave de trabajo ubicada en Morales de Toro / Rocío Gato / LZA

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Toro

Virgilio Gitrama, de 63 años, acaba de jubilarse tras dedicarse 41 años de su vida como fontanero en el Ayuntamiento de Toro. Sin embargo, su nombre es conocido en la ciudad por mucho más que su trayectoria profesional. Es uno de los toresanos más implicados en el Carnaval y en las Ferias y Fiestas de San Agustín, donde se ha convertido en una figura imprescindible gracias a la elaboración de originales carrozas que cada año sorprenden en la ciudad.

En una época en la que cada vez son menos las personas que mantienen viva esta tradición, Gitrama continúa diseñando y construyendo una carroza nueva para el desfile, dedicando durante meses incontables horas de trabajo, creatividad y esfuerzo. Su pasión nació siendo apenas un niño, tenía ocho años cuando comenzó a interesarse por este oficio. "Unos vecinos estaban construyendo una y yo miraba por las rendijas porque lo llevaban con mucho secretismo. Hasta que un día me mandaron hacerles un recado y me dejaron entrar. Empecé ayudándoles en tareas muy básicas y, poco a poco, fui aprendiendo”, recuerda entre risas.

Aquella primera experiencia le costó incluso un castigo. "Mi madre me estuvo buscando todo el día porque me había quedado allí sin avisar. Cuando llegué a casa me castigó, pero yo ya había descubierto una afición que me acompañaría toda la vida", rememora. Con tan solo 11 años, junto con su grupo de amigos, construyeron su primera carroza para participar en el desfile de las Ferias y Fiestas de San Agustín. Para ello contaron con la ayuda de Florentino Anda, que les cedió un espacio donde trabajaron durante todo el verano en un proyecto que bautizaron como "Visita por el Japón".

Hoy recuerda aquella primera creación con una sonrisa y mucho cariño. "Era bastante mala, pero pasamos un verano muy divertido", reconoce entre risas. Más allá del resultado, lo que permanece en su memoria es la ilusión con la que afrontaron aquel reto. "Era una carroza muy sencilla, pero trabajamos en ella como si fuera una gran obra de arte. Estábamos muy emocionados y completamente implicados”.

Aquella experiencia marcó el inicio de una afición que ha mantenido durante más de cinco décadas. Recuerda que, por entonces, era habitual que las peñas y los grupos de amigos elaboraran cada año una carroza completamente nueva para participar en el desfile. "Cada grupo hacía la suya y todos los años eran diferentes. Ahora eso ha cambiado; soy el único, o de los pocos, que sigue construyendo una carroza nueva cada año", lamenta.

En sus primeros trabajos moldeaba las figuras utilizando alambre y papel de periódico o papel de plata, materiales con los que iba dando forma a cada creación. Hoy, sin embargo, el proceso es más elaborado. Las manos y los rostros los modela en barro, mientras que el resto de las figuras las esculpe en corcho, al que da forma a partir de grandes bloques. Para él, la pintura es el último paso, pero también uno de los más importantes. "Es la que me dice si el trabajo que he hecho está bien", explica.

Reconoce que no sabe realmente si ha conseguido plasmar la idea que tenía en mente hasta los últimos días, cuando comienza el montaje definitivo. Aproximadamente un mes antes del desfile saca la estructura de la nave hasta el corral de su casa y empieza a montar todas las piezas. Es entonces cuando, al verla por primera vez en su conjunto, comprueba si el proyecto ha alcanzado el resultado que imaginó desde el principio.

Durante todos estos años, salvo en cinco ocasiones, ha participado en el desfile de carrozas, presentando cada verano una nueva creación fruto de meses de trabajo e imaginación. Tras desmontar la carroza, en el mes de septiembre inicia un nuevo proceso creativo para dar forma a la idea que protagonizará las fiestas del año siguiente. La propuesta de este año es un homenaje al "Guernica", la emblemática obra de Pablo Picasso, ya la tiene terminada. Una temática que también marcará los disfraces de los niños que le acompañarán.

"Este año me han llamado muchos niños, quizá más que nunca", explica Gitrama, que ha cuidado cada detalle para que la participación infantil forme parte del conjunto sin restar protagonismo a la obra. Para ello, ha diseñado unos soportes especiales sobre las piezas de la carroza con el objetivo de que los pequeños puedan integrarse sin ocultar los elementos principales y que "todo pueda lucirse mejor".

La carroza alcanza los 14 metros de longitud y 2,60 metros de anchura. Cuenta además con un generador propio que permite iluminar la estructura durante el desfile y será trasladada mediante un tractor. Para Virgilio Gitrama, ese momento supone la recompensa a meses de trabajo y dedicación. "Ese día lo disfruto como un niño. Es el esfuerzo de muchos meses y ver cómo la gente lo reconoce y te aplaude durante el desfile es algo muy especial", explica. Junto al martes de Carnaval, fecha que también vive con especial intensidad, sitúa el desfile de carrozas como uno de los momentos más importantes del año para él.

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