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Semana Santa de Toro

Cuatro conqueros y un quinto de bronce

Tras las palabras de aliento de los abades, los cuatro postulantes de la cofradía se comprometieron a recorrer las calles de Toro en silencio y con humildad durante su cometido

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En el atrio de la iglesia de Santa María de Roncesvalles y Santa Catalina, cuatro postulantes, hermanos de la cofradía de Jesús Nazareno y Ánimas de la Campanilla, aguardaban con emoción los instantes previos a dar continuidad a la arraigada y singular tradición de la Semana Santa de la ciudad.

Este año, un nuevo integrante se unió a ellos de manera simbólica: la estatua de bronce del Conquero, obra del artista local José Antonio Samaniego. Inaugurada el pasado 24 de enero, la talla presenciaba por primera vez la ceremonia, como un testigo silencioso de una tradición que su propia presencia perpetua.

Tras el toque de la corneta que indicó que ya eran las doce horas del mediodía, ante la expectación de los numerosos presentes, los abades pronunciaron solemnes palabras de ánimo dirigidas a los cuatro conqueros. Los postulantes las recibieron con respeto y recogimiento, dispuestos a asumir la tarea que se les confiaba: recoger por las calles de la ciudad, con humildad, donativos destinados al sostenimiento de la hermandad.

Bendición de los Conqueros en Toro, durante la mañana del Jueves Santo.

Bendición de los Conqueros en Toro, durante la mañana del Jueves Santo. / Yago Costoya

Antes de iniciarlo, los cuatro hermanos, arrodillados, realizaron un juramento de silencio frente a la venerada imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que se trasladó previamente hasta el atrio, acompañada de la interpretación de los músicos de la Banda “La Lira” de la marcha “Conquero”, compuesta por el toresano David Rivas. Tras el juramento ante los abades, los escribanos entregaron a los postulantes una insignia y una conca, instrumentos emblemáticos de la tradición.

Una vez finalizada la ceremonia, los conqueros, con el rostro tapado por el caperuz y en inquebrantable silencio, comenzaron a recorrer las calles de la histórica ciudad de Toro. Las insignias, que incluían las iniciales “JHS”, sirvieron a los postulantes para golpear el suelo y atraer la atención de los viandantes, mientras que la conca, una mortera utilizada tradicionalmente para catar el vino, permitió recoger las dádivas ofrecidas por los fieles.

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