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Las Siete Palabras desgarran el corazón de los toresanos

Toro se convierte en testigo silente de la fe y la penitencia de los hermanos de la Asociación Parroquial que procesiona el Sábado de Dolores

En silencio, los cofrades recorrieron las angostas calles de la ciudad y, en el Alcázar, Luis Felipe Delgado procedió a la lectura de las Siete Palabras

Un hermano prende la tea de otro cofrade durante el recorrido de la procesión. | M. J. C.

Un hermano prende la tea de otro cofrade durante el recorrido de la procesión. | M. J. C.

Toro

La austera, pero sobrecogedora procesión penitencial que desde hace tres años se celebra en Toro en la lúgubre noche del Sábado de Dolores, desgarró el corazón de los toresanos que se congregaron en el recorrido y en el entorno del Alcázar, donde tuvo lugar la lectura de las Siete Palabras, a cargo del periodista zamorano Luis Felipe Delgado.

La Asociación Parroquial de las Siete Palabras organizó la procesión penitencial que, a pesar de su corta vida, se ha convertido en un aliciente más para descubrir la Semana Santa de Toro, declarada de Interés Turístico Regional.

Y es que la procesión del Sábado de Dolores invita a los toresanos y visitantes a sumergirse en la esencia de la Pasión a lo largo de un recorrido marcado por conmovedores momentos en los que la fe, la devoción y el respeto se unen en torno a la venerada imagen del Santo Cristo de la Luz, una obra del siglo XVI esculpida por Juan Picardo.

En el preludio del desfile procesional, los hermanos de la Asociación Parroquial se congregaron en su sede, la capilla de San Bartolomé, desde la que, ataviados con un sencillo hábito monacal de arpillera ceñido con cíngulo y sus pies revestidos con sandalias, se dirigieron a la iglesia de San Salvador de los Caballeros.

Varios hermanos cargan con la imagen titular, el Santo Cristo de la Luz. | M. J. C.

Varios hermanos cargan con la imagen titular, el Santo Cristo de la Luz. | M. J. C.

Ya en el interior del templo, en un ambiente de recogimiento, los hermanos compartieron una oración por los difuntos durante la que las voces del coro Capella Ocellum Duri interpretaron "Lux Aeterna", una obra de Enrique Sauté. Acto seguido, tuvo lugar el emotivo juramento de silencio ante la talla del Santo Cristo de la Luz.

En las inmediaciones de la iglesia de San Salvador de los Caballeros numerosos toresanos aguardaban la salida de la procesión para revivir el sobrecogedor momento de la apertura de las puertas de la estrecha portada mudéjar, que obligó a los cargadores a maniobrar con suma delicadeza para trasladar la imagen al exterior e iniciar el desfile por las calles de Toro, iluminadas tan solo por la tenue luz de las teas que portaron los hermanos, calles que se convirtieron en el testigo silente del más puro acto de fe y penitencia.

Tres hermanos de la Asociación procesionan alumbrados por las teas.

Tres hermanos de la Asociación procesionan alumbrados por las teas. / M. J. C.

La cruz guía tallada por el escultor Ricardo Flecha abrió la procesión, que discurrió por las angostas calles del casco histórico de Toro hasta el Alcázar, en el que se celebró el momento más esperado por hermanos y ciudadanos. Luis Felipe Delgado, con su voz clara y una perfecta entonación, fue el encargado este año de la lectura de las Siete Palabras, una por cada cofradía de Toro, en un sentido reconocimiento a su ingente labor para preservar y ensalzar la Semana Santa.

La procesión prosiguió en silencio por el paseo del Espolón en el que las teas encendidas portadas por los hermanos crearon un pasillo de luz y su paso fue acompasado por la "Luz del Salvador", una obra del compositor toresano David Rivas.

En el tramo final del conmovedor desfile procesional, los cargadores giraron la imagen titular de la hermandad hacia la ciudad de Toro en el preludio de su despedida en la Colegiata, durante la que coro Capella Ocellum Duri entonó "Ero vobiscum ómnibus diebus" de Enrique Sauté.

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